Habichuela en rama

Juan y su tío Pepe llevan relativamente poco tiempo entrelazado sus instrumentos públicamente, pero cada vez que lo hacen, como anoche en el Festival, es una fiesta de arte y de respeto, de ecos ancestrales y de alargada flamencura./ALFREDO AGUILAR
Juan y su tío Pepe llevan relativamente poco tiempo entrelazado sus instrumentos públicamente, pero cada vez que lo hacen, como anoche en el Festival, es una fiesta de arte y de respeto, de ecos ancestrales y de alargada flamencura. / ALFREDO AGUILAR

Pepe Habichuela y su sobrino nieto Juan Habichuela deleitaron anoche con su recital 'Dos tiempos, dos guitarras' en una Plaza de los Aljibes llena

JORGE FERNÁNDEZGRANADA

El título de esta reseña no es nuevo, nada original. Corresponde a la segunda grabación del maestro Pepe, en el año 1997, llamada igualmente 'Habichuela en rama', en la que colaboró su hijo, José Miguel Carmona, miembro del extinto grupo Ketama, y supuso una verdadera revolución global. El maestro de la guitarra tardó en grabar. Este gitano granadino, con una larga trayectoria y un más largo recorrido, se estrenó en solitario grabando su primer disco, 'A Mandeli', en 1994.

No descubro nada nuevo al decir que Granada es tierra de guitarras y de guitarristas. Como en Jerez o en Cádiz, aquí también hay dinastías. Apellidos como los Amaya, los Ovejilla, los Cotorrero o los Marote engrosan históricamente estas familias. Pero quizá la saga que más ha trascendido y que se mantiene en el candelero, con luz, energía y perspectiva, es la de los Habichuela. Como patriarca del clan, cuyas raíces flamencas se remontan al siglo XIX, se encuentra Pepe Habichuela, de nombre José Antonio Carmona Carmona, nacido en Granada en 1944. A finales de 2017 cumplió la friolera de 60 años encima de un escenario, aportando su talento, su pasión por el arte y su sabiduría en los rincones más apartados del planeta y con los más afamados colaboradores. Pepe es una figura imprescindible para entender la historia reciente del flamenco y de la música en general en la última mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI. A sus 74 años se podría decir que Pepe Habichuela es un mito viviente que, aunque mantiene un toque puro, siempre se ha distinguido por la experimentación y por la vanguardia. Discos como 'Yerbagüena', de 2008, grabado entre Bangalore (India), Barcelona y Madrid, que fusiona el flamenco y la música clásica de la India o 'Hans', de 2010, con acerados escarceos por las claves del jazz son imprescindibles en toda discoteca musical, ya no sólo de flamenco.

Anoche, a cuatro años escasos de la celebración del centenario del Concurso de Cante Jondo de 1922, avalado por Manuel de Falla, Ignacio Zuloaga o García Lorca, se presentó en el mismo escenario de la Plaza de los Aljibes de la Alhambra, la confluencia de dos generaciones de la familia Habichuela. Pepe compartió cartel con su sobrino nieto Juan Habichuela, del mismo nombre que su hermano Juan, uno de los mejores acompañantes al cante que ha dado la historia, si no el mejor. Juan y su tío Pepe llevan relativamente poco tiempo entrelazado sus instrumentos públicamente, pero cada vez que lo hacen es una fiesta de arte y de respeto, de ecos ancestrales y de alargada flamencura. Decidieron nominar al recital que nos acontece con el título de 'Dos tiempos, dos guitarras'. Dos generaciones que dialogan con un mismo lenguaje, con una frescura renovada, pero con distinta voz y equipaje. Mientras el sobrino va, el tío vuelve. (El nieto Juan, que empezó a los catorce, tan sólo lleva 15 años sobre las tablas.)

En solitario y juntos

Durante la velada se brindó cada uno en solitario, cada cual en su grado, para terminar los dos juntos dándole todo el sentido a la noche. No me equivoco si tildo a este conjunto, a estas guitarras como el sonido alhambreño por excelencia, el sonido de Granada. Se quisieron acompañar, para los temas rítmicos tan sólo de una caja, la percusión moderada de Antonio Gómez 'el Conejo', arropando a Juan, y de Benjamín Santiago 'el Moreno', hizo lo propio con Pepe.

Juan rompió el silencio con una rondeña y después con un bolero muy de su gusto. Para él la guitarra siempre ha sido sentimiento y se ha mirado en lo profundo de lo grande, de la balada, de lo jondo, dándole una enorme importancia al silencio (a veces brusco) y a la nota mantenida, marca de la casa. Continuó el pequeño de los Habichuela por alegrías y bulerías, donde puso en valor su creatividad y el vértigo de sus dedos, aparte del rasgueo definitorio y el colorido de sus arpegios.

Pepe, por su parte, con una personalidad y una honestidad reconocibles, comenzó por granaínas, en tácito homenaje a la ciudad que le vio nacer, la cual tuvo que abandonar siendo muy niño. Continuó por soleá, marcando con decisión las pautas de limpieza, precisión y elegante fraseo que Juan ya había apuntado. Las malagueñas sonaron con la voz en off de Morente, que se corrió a la mitad, obligándolo a empezar de nuevo con el mismo resultado. Pepe se excusó y continuo el concierto. Acabó el maestro por alegrías, acompañadas en su latido por El Moreno. Pepe juega con los tonos y con el mástil expedito. El raje de su guitarra es único. Es un maestro del sonido. Decía Morente que hasta afinando sonaba a gloria.

El momento expectante llegó a los postres con la unión de ambos. Con cercanía y complicidad abordaron unas bulerías alternando la voz cantante. Uno hablaba y el otro respondía. Se miraban cómplices, o ajenos cerraban los ojos. Terminaron con los mismos tangos de Granada que tocaban Juan y Pepe Habichuela en los que han bebido todos los flamencos de Granada

Algo mágico quedó en el aire. Era el sonido de nuestra tierra, es el sonido certero de la guitarra sacromontana.

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