El flamenco, ¿un hermano menor dentro del Festival?

Juan Habichuela Nieto. /ALFREDO AGUILAR
Juan Habichuela Nieto. / ALFREDO AGUILAR

El encuentro entre Pepe Habichuela y Juan Habichuela 'Nieto' en la Plaza de los Aljibes el 27 de junio fue un necesario acierto

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOSGRANADA

Siendo sinceros, un balance de la presencia del flamenco en esta edición del Festival de Música y Danza tiene que ser positivo a la fuerza. Hemos visto flamenco y buen flamenco. El encuentro entre Pepe Habichuela y Juan Habichuela 'Nieto' en la Plaza de los Aljibes el 27 de junio fue un necesario acierto. No sólo por el buen concierto que nos dieron, los guiños y el entendimiento entre el decano de los guitarristas granadinos y su sobrino nieto, en la obra bien llamada 'Dos tiempos, dos guitarras', sino porque es nuestra obligación cuidar a nuestros artistas, sobre todo si son mayores, sobre todo si están fuera, porque debemos mimar nuestra guitarra, que es única, reconocida mundialmente, porque hay que reivindicar la saga Habichuela, que por falta de oportunidades continúa creciendo extramuros.

Otro tanto pasa con Manuel Liñán y su Compañía. Su espectáculo 'Nómada' llega a Granada después de cuatro años de su estreno. Desembocó el 2 de julio en el Teatro Isabel La Católica, con mucho un escenario menor dentro del Festival alhambreño. Quizá por eso el aforo no estaba completo siendo la mejor muestra de flamenco de la temporada. Tengamos en cuenta que Liñán fue Premio Nacional de Danza en 2017. Es un deber para Granada traer habitualmente a éste y a otros hijos de la ciudad. El 29 de julio pudimos ver a la sevillana María Pagés y su compañía en el Teatro del Generalife con su obra 'Una oda al tiempo'. Sin duda una gran propuesta en la que a ratos sobraba precisamente María Pagés. Era una deuda del Festival. El año pasado su actuación en el mismo escenario se suspendió por la lluvia. Su presencia era de justicia.

Rocío Márquez estuvo el año pasado, y el anterior. El 3 de julio, como última muestra de flamenco, vino la cantaora onubense con el montevideano Jorge Drexler. Presentaron, por encargo del mismo Festival, 'Aquellos puentes sutiles' en el Palacio de Carlos V, los supuestos puntos comunes entre Andalucía y Suramérica, aunque puestos a buscar hay relación entre todas las músicas. Una buena propuesta, un buen trabajo, dos buenas voces, un concierto extraordinario que quien fue lo puede corroborar.

Sin embargo, no era flamenco flamenco, aunque a veces se aproximara. Antes de que me respondan aclaro que la organización no quiso hacer algo ortodoxo ni venderlo como tal. Y aquí está el problema. Cuatro obras de flamenco, cuatro, entre cerca de una treintena de espectáculos programados no es proporcional. El Festival, está claro, se debe a la música y a la danza. ¿El flamenco no es música? ¿El flamenco no es danza? Dentro de poco tendremos que ver el mejor flamenco que se hace aquí a Luxemburgo, Nimes o Nueva York.

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