El espíritu de Giselle vuelve a danzar en el Generalife

Los bailarines del Ballet du Capitole de Toulouse, en acción anoche. /Alfredo Aguilar
Los bailarines del Ballet du Capitole de Toulouse, en acción anoche. / Alfredo Aguilar

Es la poesía, la belleza, la ternura, la deliciosa creación que hace soñar cuando se desliza entre los árboles

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGranada

Giselle ha vuelto a deslizarse por entre los cipreses del Generalife. Giselle ha vuelto a crear ilusión, ha vuelto con toda su enorme carga de romanticismo, con toda su estética, con toda su elegancia natural, como creación que es de la mente de un gran poeta –Heine– que la soñó y le dio forma y vida para que después la danza se apoderara de ella, la danza la erigiera en símbolo. Giselle es el clásico entre los clásicos del ballet romántico. Giselle es la poesía, la belleza, la ternura, la deliciosa creación que hace soñar cuando se desliza entre los árboles de ese bosque natural que le sirve de escenario y de telón. Giselle es la culminación y realización de un sueño que se materializa con la música de Adolphe Adam y la coreografía de Kader Belarbi, con un libreto de Téophile Gautier y Jules Henri Vernoy de Saint-Georges que se inspiran en el personaje creado por Heinrich Heine.

El espíritu de Giselle, en la Alhambra. / Alfredo Aguilar

Y Giselle ha vuelto al escenario del Generalife. Yo diría que Giselle ha vuelto a su escenario natural, a ese telón de fondo de los cipreses de los jardines del Generalife. Allí parece que es donde mejor se puede desenvolver la gentil doncella que muere en brazos de la danza y cuyo espíritu que toma vida como todas las willys acaba salvando al amante que la traicionó. Teniendo tan cerca la belleza de las torres de la Alhambra, haciendo competencia el murmullo de las fuentes y acequias del Generalife a la belleza de una música que podrá ser más o menos decadente pero que encierra todo un poema de belleza y de encanto propiamente romántico, allí parece que se va a deslizar el espíritu de Giselle, allí parece que está en su habitat natural. Allí en ese escenario único que conquistó a Margot Fonteyn y que tuvo el beneplácito del siempre descontento Nureyev, allí es donde se entiende mejor que en ningún otro sitio la plástica belleza de este hermosísimo ballet donde se conjugan el amor, la traición, el arrepentimiento y la muerte, en un cóctel único que se sirve en un escenario ideado para Giselle.

En esta ocasión la representación ha estado a cargo del Ballet du Capitole de Toulouse. Es muy rica la tradición francesa en la historia del ballet. Sobre el escenario en el que hoy han evolucionado los bailarines de Toulouse, muchos compatriotas suyos han ofrecido auténticas sesiones inolvidables del buen danzar. El ballet de la Ópera de París y tantos otros han protagonizado noches de alta calidad, tanto en ballets completos como cuando las sesiones de danza se convertían en galas con los mejores bailarines del momento.

Y ahora hemos tenido ocasión de ver una coreografía de Giselle distinta en parte, de las que habitualmente disfrutamos. En esta ocasión el coreógrafo es Kader Belarbi que se manifiesta con mucha personalidad porque hacer una Giselle que sea tradicional y que, al mismo tiempo, tenga una especial originalidad, no es tarea fácil. Y pienso que Kader Belarbi lo ha conseguido y ha triunfado holgadamente con este proyecto. Donde más se ha manifestado el estilo personal de Belarbi creo que ha sido en el primer acto con las escenas de los vendimiadores, de las muchachas del pueblo y, sobre todo, de la pasión de Giselle por el baile, de su amor hacia Albrecht y de la traición de éste. Escenas coloristas, con un punto de rusticidad que han completado el ambiente. Ha prescindido de la excesiva pompa que se suele dar en otras coreografías, a la hora de aparecer los miembros de la nobleza. En el segundo acto sin embargo ha seguido mucho más la tradición y las escenas del bosque –con cipreses auténticos– las willis y los dos hombres perdidos al llegar a la tumba de Giselle han tenido todo lo tradicional. El Ballet du Capitole, que cumple setenta años, presentaba un nivel medio interesante. Estupenda y deliciosa Natalia de Froberville que ha hecho una espléndida Giselle con todo el candor y la belleza del personaje en el primer acto y con el misterio en el segundo. Le ha dado la réplica con dignidad Davit Galstyan. Muy destacable la actuación de Alexandra Surodeeva y todo el elenco femenino han incorporado unas convincentes willis. Una Giselle amable y, en muchos momentos, deliciosa.