Un diálogo mecido entre las olas

Michel Camilo al piano acompañado de Tomatito./ALFREDO AGUILAR
Michel Camilo al piano acompañado de Tomatito. / ALFREDO AGUILAR

La guitarra de Tomatito y el Piano de Michel Camilo se unen en busca de nuevas corrientes

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOSGRANADA

En el año 2000 surgió una alianza: próspera para la música en general, gloriosa para el flamenco y para el jazz. La sonanta añeja del almeriense Tomatito, José Fernández Torres, se hacía pareja de hecho con el piano profundo y sentido del dominicano Michel Camilo. Un entendimiento que dura hasta la fecha con buena salud, a pesar de los agoreros que auspiciaban que la relación entre un piano y una guitarra no podía llegar muy lejos.

Como resultado, en cambio, tres retoños han visto la luz. Tres criaturas, en forma de compacto, que tienen los mismos ojos pero, siendo semejantes, gozan de distintos caracteres: cada vez más se alejan un poco más del flamenco a favor de otras corrientes musicales, cada vez con menor número de temas propios, sino prestados y recreados de distintos autores del jazz y de la música latina sobre todo. Autores de primera fila y de sensibilidad extrema. En el mismo año de los votos nació 'Spain', con un carácter fresco y anhelante que hizo las delicias del público y las alabanzas de la crítica. Seis años más tarde, en 2006, vio la luz el rotundo 'Spain Again', una continuación arriesgada y segura del brote anterior. Tuvieron que pasar diez años más, para que en 2016 se presentara un nuevo álbum. 'Spain Forever' es mayor de edad.

Aunque se mira en los trabajos anteriores, se impregna de un tono más reposado y profundo en el que se advierte un silencio maduro, una espera convenida, un respeto por los solos del compañero, siempre rozando el virtuosismo, pero también una mayor complicidad cuando se aúnan los instrumentos.

A 'Spain Forever', que se presentó en sociedad en el Palau de la Música de Barcelona a finales del pasado año, lo vimos sonreír con toda hermosura en la luna llena de ayer domingo en el Palacio de Carlos V, con un aforo completo. Hasta las gradas estaban abarrotadas de amantes del jazz, del flamenco y de los buenos enlaces. O sea, otro espectáculo rodado y no un estreno como merece el Festival de Música granadino.

El disco se fue desbrozando a lo largo de la noche con orden y concierto, nunca mejor dicho, alternándose con los dos anteriores, sobre todo porque se precisaban temas de rítmica factura contra la apuesta suave del 'Forever'. Los guiños fueron continuos entre la pareja, que parecía divertirse con cada nota, con las incursiones de su partenaire, con las improvisaciones desenfrenadas a veces. En primer lugar se abordó 'Libertango', un tema de Astor Piazzolla, cuando se acaban de cumplir 25 años de su muerte, que se incluyó en 'Spain Again', para entrar de lleno en el último trabajo con 'Our Spanish Love Song', un sentido homenaje al contrabajista Charlie Haden, desaparecido hace exactamente tres años, el 11 de julio de 2014, en California.

De 'Spain' rescatan la bulería 'A mi niño José', que compuso Tomatito cuando nació su hijo. Y, a continuación, el personalísimo tributo al compositor y guitarrista brasileño Egberto Gismonti, con una versión muy lírica de su clásico 'Agua e vinho' que, si me permiten, resume la esencia de la última entrega de la trilogía, con primorosas falsetas del tocaor en su comienzo. De este último disco es 'Armando's Rumba', un tema original de Chick Corea, dedicado a su padre Armando, que comienza piano para expandirse en un derroche ritmo entre flamenco y latin jazz.

Un par de temas oceánicos sonaron a continuación de 'Cinema Paradiso', una de las partituras más conocidas del compositor Ennio Morricone. El primero de ellos es el tema de amor ('Love theme'), que por supuesto suena más íntimo y se abre al infinito por lo conocido, por la profundidad de su entrega, por esa coda alegre a los postres en forma de tango flamenco. El segundo es la brillante melodía que le da nombre al filme. Otras bulerías pasadas desembocan directamente en un tema clásico de inspiración árabe, con olor mediterráneo y abundancia de tonos azules. Nos referimos a la recreación desnuda de la 'Gnossienne nº 1' de Erik Satie, de gran fuerza melódica y originalidad, donde la improvisación fue evidentísima.

Espontaneidad y vértigo

Tomatito ha desarrollado una creatividad espontánea maravillosa que nunca dejó traslucir. Camilo es el músico completo, vertiginoso, capaz de llenar el Palacio, la Alhambra entera si cabe, con las coloridas teclas de su piano, con su permanente sonrisa, con sus concesiones al jazz que, junto con su compañero, lograron que un tema de apenas dos minutos se convirtiera en una pieza de siete, con prolongados finales en general.

Un claro estándar de jazz, reconocido por los seguidores, fue 'Nuages' del guitarrista de jazz Django Reinhardt, un swing de tiempo medio, que en las manos se los dos artistas, pasó a ser una agradable balada. ¡Emocionante!

Después de un par de bises continuados para terminar la noche, la pareja propuso 'Spain', el tema que le da nombre a su primer encuentro, desde el cual todo empezó, rubricando un concierto que, aunque alejado del flamenco, fue memorable. Es el sello indiscutible del maridaje Camilo-Tomatito.

 

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