El destape de las arias

Un momento del espectáculo de Humus Sapiens en el Centro Cultural CajaGranada./RAMÓN L. PÉREZ
Un momento del espectáculo de Humus Sapiens en el Centro Cultural CajaGranada. / RAMÓN L. PÉREZ

El espectáculo 'Cova' de Humus Sapiens trituró los límites de la ópera, la 'performance' y la música electrónica en el Centro Cultural CajaGranada

Eduardo Tébar
EDUARDO TÉBARHuétor Vega

Mordaza. Desapego. Rotura. Liberación de grilletes existenciales. El Patio Elíptico del Centro Cultural de CajaGranada, con su apariencia de Palacio de Carlos V en clave vanguardista, era anoche como un impluvio por el que corrían las emociones como las aguas de la lluvia. La experiencia requería nocturnidad. El espectáculo comenzó a las diez, con entrada libre, cuando la negrura y el frescor servían de último atrezo. Fue entonces cuando la hilera de butacas se pobló de una audiencia que no sabía muy bien lo que se iba a encontrar. Pero flotaba en el ambiente la sensación de estar a punto de presenciar un montaje rompedor, una manifestación cortante, una pequeña epifanía. La aparición de Anna Gomà semidesnuda, deslizándose por los curvados pasillos del recinto, confirmó las sospechas: aquí se van a romper moldes.

En una velada de propuestas simultáneas en el Festival Internacional de Música y Danza, el FEX traía una recopilación de arias sepultadas, víctimas de la censura en su época. Un compendio de tratados que orbitan sobre la idea de soltar amarras, aun con lo doloroso de cortar por lo sano. Así, 'Cova', la obra que la compañía Humus Sapiens desplegó ayer en Granada, tuvo como principal vehículo de expresión a la soprano Anna Gomà. Simiesca, retorcida, desgarrada, asilvestrada, la polifacética actriz hizo de su paroxismo un torbellino de mensajes. Un derrame de dudas punzantes que inquietaban en la silla al público granadino. Sillas acalambradas por el trance: varios de los presentes zigzagueaban por el patio en busca del mejor ángulo de visión.

Investigación

'Cova' es fruto del proceso de investigación personal del colectivo, propenso a triturar los clichés que rodean a la ópera, el teatro y la música electrónica, y a indagar en el juego de combinar diferentes disciplinas artísticas. El marco de Russafa Escènica dio alas al proyecto que anoche la ciudad de la Alhambra se permitió el lujo de acoger, con la colaboración de Juventudes Musicales de España, Juventudes Musicales de Granada y CajaGranada Fundación. Desde 2014 y con afán multidisciplinar, integran Humus Sapiens Anna Gomà, David Lainez y Amparo Urieta. Los tres se reparten labores de creación, dramaturgia y dirección escénica, con coreografía de Melissa Usina y el astuto diseño musical de Mario de Juan.

Anna Gomá se mostró salvaje y primitiva, como el instinto de supervivencia

La actitud heterodoxa y transgresora de 'Cova' llegó antecedida por una cita del francés Robert Filliou, nombre relacionado con el movimiento Fluxus y, como las arias de anoche en Granada, un talento perdido a pesar de ser uno de los creadores más insólitos del siglo XX. «Libertad de pensar, de expresar y de elegir», sugería Humus Sapiens. Anna Gomà no dejó indiferente a nadie. La artista se mostró salvaje y primitiva, como el instinto de supervivencia. Diplomada en arte dramático por el Collegi de Teatre de Barcelona y alumna de la catedrática Ana Luisa Chova en el Conservatorio Superior de Valencia, fueron más que evidentes sus lecciones de 'clown' con Jango Edwards y de improvisación con Peter Gadish. También su bagaje como protagonista de 'Divinas palabras' de Valle-Inclán o 'El buen doctor' de Chéjov.

La iluminación íntima, en tan singular escenario, ayudaba a reforzar el aire tribal del exorcismo. Y la virtuosa belleza del canto de Anna Gomà provocaba un contraste brutal con la torpeza de su meneo. Y más cuando atizaba el cello desvestida, incluso bailando en torno al instrumento de madera al son de electrónica alucinada. ¿El repertorio? Compositores del XVII y del XVIII. Abrió con 'Canción de luna', de Antonín Dvorak, siguió con un réquiem de Verdi y recuperó a Alessandro Scarlatti, antes de cerrar vía Handel y Mozart. Tabúes morales, represión sexual, herejías religiosas, injusticia social... Sí, incluso los ilustres de antaño lo sabían: la mordaza es muy, muy vieja.

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