Chopin y Liszt se adueñan de la danza

Los miembros del Ballet del Teatro Mariinky de San Petersburgo en plena representación./RAMÓN L. PÉREZ
Los miembros del Ballet del Teatro Mariinky de San Petersburgo en plena representación. / RAMÓN L. PÉREZ

Los miembros del Ballet de San Petersburgo tuvieron una actuación plena de plasticidad, conjugando la belleza natural del escenario

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGranada

El más puro, el más exacerbado romanticismo musical parece, o al menos así lo creen algunos, ir de la mano de dos grandes nombres: Chopin y Liszt. Dos hombres que fueron geniales músicos y buenos amigos, al menos durante bastante tiempo. Chopin es la delicadeza, la más deliciosa fragancia musical, sin que ello suponga que renuncia a exponer toda su fuerza. En cuanto a Liszt, al gran artista húngaro se le achaca siempre una exuberancia, una intensidad emocional que va de la mano de una técnica pianística prodigiosa. Pero Liszt es mucho más, es un compositor excelente, es un formidable músico capaz de alternar ese enorme poder que parece tener con momentos deliciosos.

Ambos fueron los dos grandes músicos que sirvieron anoche de base para las evoluciones, en los jardines del Generalife, de los miembros del Ballet del Teatro Mariinky de San Petersburgo, que vino de la mano de Yuri Fateev como director artístico. Una coreografía de Fokine, revisada por Veganova en el año 1931, ofrece una Chopiniana verdaderamente deliciosa, con momentos muy significativos de la obra del compositor polaco. Los miembros del Ballet de San Petersburgo tuvieron una actuación muy interesante, plena de plasticidad, conjugando la belleza natural del escenario con un adecuado decorado. Evolucionaron acertadamente los jóvenes bailarines, entre los que destacaba Maria Shirinkina y un muy convincente Xander Parish, junto con un cuerpo de ballet compuesto íntegramente por bailarinas. Después la versión coreográfica realizada por Jerome Robbins en nuevo homenaje a Chopin que tuvo el protagonismo de la ya citada Shirinkina junto a Vladimir Shklyarov, Daría Ionova y Ekaterina Kondaurova que tuvieron la réplica de Yevgeny Ivanchenko y Yuri Smekalov.

Y por último, la colorista y convincente adaptación del clásico de Dumas, 'La Dama de las camelias', con soporte musical de Liszt y con interesante coreografía, bien traducida en el escenariom, de F. Ashton.