Ana Alcaide, al este de Java

Un momento del espectáculo 'Tales of Pangea'./J. J. G.
Un momento del espectáculo 'Tales of Pangea'. / J. J. G.

El público fue cómplice directo de una propuesta musical, enmarcada en el FEX, que mezcló sabiamente sonidos y movimientos

JUAN JESÚS GARCÍAGranada

Para las generaciones predigitales Java era un sitio de película de sábado tarde, en blanco y negro con volcanes y maremotos, y también más o menos donde se situaba la isla perdida del rey Kong. Pero nunca se habló ni se escuchó su música. Ahora el mundo es mucho más pequeño e Indonesia ha dejado de ser una semana en el Corte Inglés para estar aquí al lado, tan cerca que una artista toledana, Ana Alcaide, ha preparado allí y se ha traído (con el delicado nikelarpa en cabina supongo) su último proyecto: 'Gotrasawala', el primer trabajo de la serie trotamundos 'Tales of pangea' en la que la toledana colabora junto a músicos de otras partes del mundo. Ni que decir tiene que su concierto en la Huerta dentro del FEX, el segundo en España que daban, fue fascinante.

Ana se estrenó por aquí en el Parapanda Folk, también Kepa Junkera, que anoche ocupaba el mismo escenario. Y ya puestos podría el FEX traer otros bestsellers del programa ilurqueño: Coetus (con Eliseo Parra) o Al Andaluz Project, por citar dos conciertos más allá de lo extraordinario. Pero de aquella Ana no hubo mucho en el Parque Lorca, sí su voz lisa y evocadora, con tendencia la horizontalidad (tan de Lorenna Mackennitt), y también a su lado repitió el neoyorquino Bill Cooley, un hombre orquesta en toda regla, que lo toca todo, y lo que no, lo hace el Mac.

Cercanía

Ella fue le centro del concierto, también en su parte comunicacional, muy de agradecer en todas su explicaciones porque detrás de cada nota o instrumento hay un mundo desconocido y sorprendente para nosotros. Además de su nikelarpa (que ha llegado hasta a grupos de heavy metal como In Extremo), también tocó una suerte de Hang, percusión metálica con forma de brasero de picón, que apoyaba tiernamente en su vientre embarazado, como queriendo hacer participe a su criatura del mágico repique. Y es que es importante en este proyecto la instrumentación, porque es completamente desconocida por aquí: el kendang es algo parecido a los tambores batá, y el kekapi es una caja apilable a modo de arpa, o todo tipo de flautas de bambú, «la única madera de que disponen allí» como detalló muy didácticamente Ana. Todos obviamente tocados por tres músicos indonesios, que en el caso de Rudi Rodexz sorprendió por su efusividad, su voz rozada y los detectables giros flamencos... ¡de las antípodas!

En otros conciertos, la actuación ha ido acompañada de un taller de danza, y es que el percusionista y sobre todo bailarín tradicional Deri Al Badrid, es el centro de todas las miradas con su hiperexpresiva danza de máscaras. Los espectadores se sumaron con gusto a la experiencia, porque la circularidad hipnótica de piezas como 'Geber-geber' (muy Nyman) y la efusividad compartible de 'Lelela' (todas originales de Alcaide, pero naturalizadas allí) levantaron al público de sus asientos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos