«La droga cruza el Estrecho en superlanchas; los seres humanos, en precarias pateras»

El escritor posa para IDEAL en el Parque de las Ciencias de Granada. /RAMÓN L. PÉREZ
El escritor posa para IDEAL en el Parque de las Ciencias de Granada. / RAMÓN L. PÉREZ

Silva traslada al sur de la Península la última historia de Bevilacqua y Chamorro, que cumplen 20 años convertidos en personajes icónicos del noir español Lorenzo Silva Escritor

JESÚS LENSGRANADA

Una trama sobre ciberdelincuencia nos muestra «tiempos de extrema relatividad, conveniencia y comodidad moral. De creer en el derecho a lo que te conviene. O te apetece». Lorenzo Silva ha estado en Granada, participando en el #TATGranada2018. Una visita fugaz que nos permite hablar con él sobre su novela más reciente, 'Lejos del corazón', publicada por Destino, y que nos devuelve a sus personajes por antonomasia: los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

-Bevilacqua y Chamorro cumplen 20 años. ¿Son 20 años toda una vida o no son nada?

-¿20 años ya? -suspira- ¡Han pasado muy deprisa! Quizá no hayan sido toda una vida, pero sí media vida, tanto para ellos como para mí. Nacieron frágiles, pero ahora son muy sólidos y robustos, de acuerdo a mi propia percepción. De hecho, han crecido tan fuertes que no puedo hacer con ellos demasiadas cosas, no tengo excesivo margen de maniobra. En los orígenes, fue difícil convencer a los lectores de que los personajes tenían futuro, pero yo tuve una intuición y ahora no me quedan dudas, sino la convicción de haber tocado una tecla feliz en la que me acompañó la fortuna.

DICE QUE... «Creo que se habla poco de la dimensión moral del uso de la tecnología y el hombre es un animal moral» «He percibido el poder casi letal de la ciberdelincuencia a mi alrededor como con lapiratería de libros» «La corrupción ha hecho mucho daño y la doble vara de medir siempre hace daño»

-Paradójicamente -o no- a los cada vez más veteranos Vila y Chamorro les toca lidiar con un asunto de la más rabiosa actualidad: la ciberdelincuencia. ¿Por qué ha elegido un tema sobre el que señala, en la novela, que «no hay conciencia de su peligrosidad...»

-Yo he percibido el poder casi letal de la ciberdelincuencia a mi alrededor: la piratería de libros ha provocado la pérdida de trabajo de mucha gente de mi entorno. Gente que tenía que pagar la hipoteca ha sido terriblemente perjudicada por personas que jamás le ven la cara. Ciberdelincuentes que han terminado con el trabajo de miles de trabajadores honrados e industriales competentes. Todo ello, fruto de la acción de ventajistas sin escrúpulos, sin valor y sin méritos. Y la gente no es consciente de una acción que provoca dolor humano. Por ejemplo, cuando se usan las criptomonedas para blanquear dinero negro, se ayuda a que sea rentable el negocio de sujetos que matan y que ordenan matar, que esclavizan o ayudan a esclavizar.

- 'Lejos del corazón' es un título perfecto para una novela que nos habla de una delincuencia que va más allá del cuello blanco...

-La delincuencia de cuello blanco es de elegidos, pero la ciberdelincuencia es muy democrática: puede serlo un chaval de 20 años y se pueden formar auténticos ejércitos de ciberdelincuentes que salen de maniobras tirando de mano de obra muy variada y que, a veces, ni sabe que forma parte de esos ejércitos. Me gusta que los títulos de mis novela sean polisémicos y que al menos tengan tres significados. En este caso, 'Lejos del corazón' alude a esos delitos fríos y desapasionados, pero también a la lejanía de Gibraltar del centro de decisiones que representan Madrid o Bruselas y a la soledad sentimental de los protagonistas.

-La primera sorpresa de la novela: el hijo de Vila se ha hecho Guardia Civil. ¿Lo hace por razones muy diferentes a las que lo hizo su padre?

-Sí. Absolutamente. Es cierto que su decisión no es vocacional, y en eso sí se parece a su padre, pero igual que Bevilacqua buscó una salida desesperada, para un joven de hoy en día, en la España de sueldos de 600 euros para un titulado, la Guardia Civil resulta muy atractiva: en comparación, un guardia gana el doble, elige una opción profesional segura, remunerada con dignidad y que le permite realizar un servicio a la comunidad.

-Una constante en la novela es el paso del tiempo. Detalles como que Vila entre al baño antes de ponerse en carretera, por prevenir, o que tenga a un jefe muy joven. ¿La relación con él es indicativa de los cambios sociales que vivimos?

-El jefe es un chaval bastante prudente, que respeta a Bevilacqua, pero este se ha convertido en un poco cascarrabias: no quiere que le controlen. Es cierto que, a veces, el jefe se pasa de insistente, pero no es mala gente y el respeto que le tiene a su subordinado por su experiencia y un conocimiento policial superior, lo he visto muchas veces en la realidad del Cuerpo muchas veces.

-Uno de los puntos fuertes de la saga de Bevilacqua y Chamorro es que sus casos les obligan a viajar. ¿Aprovecha para sacar al enamorado de la literatura de viajes?

-Sí. Me gusta mucho ese género literario y siempre he considerado la saga de Bevilacqua y Chamorro es un cruce entre el género negro y la literatura de viajes. Además, como soy de Madrid y viví en Barcelona, agradezco que las circunstancias me hayan obligado a viajar mucho para evitar el ombliguismo de pensar que la vida solo acontece entre Cibeles y Plaza de Cataluña, sobre todo cuando tenemos un país tan interesante como el nuestro.

-Sostiene uno de los personajes, en un momento de la novela: «No creo que mi hijo sea un monstruo por no pagar todos sus impuestos. Hay gente que tampoco los paga y va en coche oficial, y hasta le dan títulos y medallas»...

-La corrupción ha hecho mucho daño. La doble vara de medir siempre hace daño. Lo ha hecho en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. Lo vimos en el caso de la Iglesia y la Reforma o de las potencias coloniales y los desatinos que provocó. A una sociedad le hace un daño terrible que, quieres dicen representar los intereses de la comunidad, persigan de forma maníaca sus intereses personales. Sin embargo, creo que la sociedad española ha empezado a ser consciente y exigente. Y al que no le guste... que se busque otro país.

-¿Sigue siendo el método investigador clásico el mejor método posible para desentrañar la verdad?

-Sí. Por ejemplo, al asesino de Diana Quer se le descubre por un proceso de trazados y triangulaciones de teléfonos, pero sin el excelente trabajo de los los interrogadores de la Guardia Civil, el resultado de la investigación habría sido más pobre.

-¿Hace falta una jurisdicción especializada en cibercrimen en España? ¿Estamos en ello?

-Hace falta. Ya hay una fiscalía y es un primer paso, pero resulta insuficiente. Sea en la Audiencia Nacional, a nivel autonómico o provincial, hacen falta técnicos especializados en los juzgados que se dediquen solo a la ciberdelincuencia.

-¿Cómo ha sido el proceso de documentación para una novela que trata temas técnicos y sofisticados como el uso de las criptomonedas, el fraude cibernético o el blanqueo de dinero negro?

-Debo reconocer que tengo buenas fuentes y que llego de forma rápida a ellas, después de muchos años de trabajo. La auténtica dificultad es convertir lo técnico en parte del relato, en darle dimensión literaria y convertir una materia compleja en algo inteligible para un lector normal. Pero es justo lo que les ocurre a los investigadores: tienen que hacer comprensible para un juez el producto de su trabajo.

-Coméntenos la referencia a Robert Musil y 'El hombre sin atributos', cuando señala que la tecnología nos separa de nuestros propios actos, de nuestra responsabilidad sobre ellos y de su gravedad moral.

-Es portentoso. Se trata de una cita de 1940 que se adelanta a su tiempo como hizo Walter Benjamín cuando habló de la desvalorización de la obra de arte, que estamos viendo con la digitalización. Prodigiosas mentes centroeuropeas imaginando el futuro. Creo que se habla poco de la dimensión moral del uso de la tecnología y no debemos olvidar que el hombre es un animal moral.

-En la novela se habla de la situación en La Línea, donde... ¿se percibe una especie de simpática tolerancia con el tráfico de drogas y tabaco?

-Sí que la hay. Es un tráfico que da de comer a mucha gente en una comarca con mucho paro, poca formación y pocas salidas. Pero igual que es una salida para mucha gente, para otras personas es una calamidad.

-La droga viaja en planeadoras, pero las personas lo hacen en pateras...

-Es una terrible paradoja que mientras que la droga viaja en potentísimas lanchas dotadas de la última tecnología, los seres humanos cruzan el Estrecho en cascarones de nuez que, en demasiadas ocasiones, terminan hundiéndose, con las terribles consecuencias que todos conocemos.

-Para Bevilacqua hay gente convencida de que «lo que a uno le conviene es legítimo». ¿Vivimos tiempos de extrema relatividad moral?

-Y en tiempos de extrema conveniencia y comodidad moral. De creer en el derecho a lo que te conviene. O te apetece. Y eso no puede ser así. ¡Defiende éticamente lo que no te conviene! ¡Ahí es donde radica la ética!

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