«Distinguido amigo Francisco...»

La nueva correspondencia permite descubrir otros aspectos de la relación de Francisco Ayala (en la imagen) con los creadores del 27 y aporta más detalles sobre sus afinidades y el exilio./ORTEGA
La nueva correspondencia permite descubrir otros aspectos de la relación de Francisco Ayala (en la imagen) con los creadores del 27 y aporta más detalles sobre sus afinidades y el exilio. / ORTEGA

La Fundación Ayala enriquece el epistolario digital del escritor granadino con más de 350 cartas

Una carta para «nuestro distinguido amigo». Seis colegas que la firman. Un joven y brillante escritor que la recibe. En ese camino epistolar cabalga una España que pudo ser y fue derribada, una España que hoy vuelve a la senda, a la luz de la historia gracias a la recuperación de la correspondencia del «distinguido amigo», Francisco Ayala, un autor que sigue tan vivo para sus lectores como lo está él mismo en su correspondencia.

La fundación que lleva su nombre acaba de presentar en Granada la segunda entrega de su epistolario, un conjunto de más de 350 cartas que enriquece el archivo digital que, desde 2015, se ha ido construyendo en la web de la institución gracias al empeño de la catedrática emérita de Literatura Española de la City University of New York y viuda del novelista, Carolyn Richmond. Su energía, como reconocen los trabajadores de la entidad, ha sido vital para que la institución haya podido realimentar un registro que roza ya el millar de documentos.

Entre las cartas agregadas, brilla con luz propia la signada por los seis colegas. Recoge la invitación de Pedro Salinas, Jorge Guillén, José Bergamín, Melchor Fernández Almagro, Dámaso Alonso y Antonio Marichalar al granadino, al que se dirigían con un educado y afectuoso «distinguido amigo», para que colaborara en 'Los cuatro vientos'. Esta era de una de las publicaciones más relevantes de la generación de la República, una revista que tuvo una corta pero resplandeciente vida gracias a la participación de figuras como Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, María Zambrano, Gerardo Diego, Miguel de Unamuno, Luis Rosales o José Antonio Muñoz Rojas, entre otros.

Depositada en la Houghton Library de la Harvard University, la carta revela que los autores enviaban un ejemplar del primer número para que Ayala viera cómo proyectaban «una publicación que represente el actual movimiento literario en España», lo que erige a esta y otras misivas en un observatorio privilegiado desde el que contemplar la gestión de muchos de los proyectos de aquella generación.

«El epistolar es uno de los géneros que tocó Ayala. Sus cartas tienen una poética y un estilo» Carolyn Richmond

El nuevo aporte del epistolario incide también en otro aspecto, la pervivencia de los vínculos a pesar de la guerra y el exilio. Entre otras, el archivo reúne correspondencia como la que envía Ayala a Salinas para que colabore en 'Realidad', una revista que puso en marcha junto a Eduardo Mallea en Buenos Aires en los años 40; o la que destina Dámaso Alonso en 1953, en su condición de director de la Editorial Universitaria de Puerto Rico, para que participara en una nueva edición del Romancero.

Esas redes fueron habituales entre los exiliados con los que Ayala mantuvo contacto: Ángel del Río, Ernesto da Cal, Ricardo Baeza o Carlos Esplá. Ellos fueron algunos de los remitentes o destinatarios de misivas en las que se pedían colaboraciones literarias o ayuda para buscar nuevos destinos.

Aunque Ayala habla en las nuevas cartas, no todo Ayala está ahí. «La función de este epistolario no es descubrir secretos», asegura Richmond. «Es un proyecto en 'working progress' y serio, pero no personal; no se han tocado las cartas con editoriales, que es algo habitual en un escritor, por ejemplo». Sí se han tocado, sin embargo, otras que revelan afinidades o aspectos poco conocidos de su exilio. Entre estas destacan las intercambiadas con Juan Ramón Jiménez, en las que lo invita a Puerto Rico, o con Luis Muñoz Marín, gobernador de la isla, que recogen la ayuda que brindó el granadino al país que lo acogía en un momento en el que esté negociaba su vinculación a Estados Unidos como estado libre asociado.

Conciencia del futuro

La lectura de las cartas no debe hacerse a la ligera. «Él me decía: 'siempre tengo cuidado con lo que escribo y, cuando lo hago, pienso que alguien lo leerá en el futuro'», advierte Richmond. Esa conciencia de la atemporalidad de su voz, incluso la epistolar, «es una de las cosas más típicas de Ayala y tenemos que recordarla cuando hablemos de sus cartas».

Richmond, que estuvo ayer presente en la puesta de largo del epistolario junto al consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, el director de la Fundación Ayala, Manuel Gómez Ros, y el profesor e impulsor de la fundación, Antonio Sánchez Trigueros, está convencida de que el epistolar es uno más de los géneros literarios que tocó Ayala. «Cuando se estudien, se verá que tienen una poética y un estilo», apunta.

«Él decía que la literatura verdadera es la realidad y las cartas son literatura y realidad». Una realidad que sigue palpitando en aquella carta dirigida a «nuestro distinguido amigo» que devuelve la voz de los seis colegas y del joven y brillante escritor que sigue siendo Ayala.