«La cultura está en riesgo»

«La cultura está en riesgo»

'Mejor la destrucción' es el último poemario de Manuel García, que reflexiona sobre los peligros históricos y actuales que amenazan la cultura

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZ

Un incendio, el que asoló la biblioteca de Rafael de Cózar cobrándose la vida del creador, es el punto de partida de 'Mejor la destrucción' (Renacimiento, 2018), último poemario de Manuel García. El granadino, que revisó los libros salvados de la quema, quedó impactado por el suceso hasta el punto de escribir una serie de poemas en los que reflexiona sobre los peligros de la cultura. Es el esqueleto de un volumen que muestra la agonía histórica de la literatura a partir de hechos históricos reales –la quema de Bib Rambla, entre otros–, pero que deja un poso de esperanza. «Hay veces en que, frente a la manipulación, es mejor la destrucción y siempre puede nacer algo mejor».

–«Cada libro tendrá su llama», escribe. ¿También a este poemario?

–Sí. Ten en cuenta que toda la cultura se destruye. Cada época tiene su cultura y esa es superada por otra. Obviamente somos consciente de que lo que hacemos es fugaz.

–¿De dónde parte el libro?

–El origen del poemario es el incendio de la biblioteca de Rafael de Cózar. Estuve revisando los libros que se salvaron por encargo de la viuda, Natalia Gurrión. A partir de ahí empecé a escribir una serie de reflexiones sobre la cultura y la destrucción.

–La destrucción está constantemente ligada a los libros. ¿La cultura sigue estando en peligro?

–Creo que la cultura tiene dos riesgos: el riesgo de la destrucción física, convencional, habitualmente motivada por intereses políticos e ideológicos; y el riesgo de la autodestrucción. Ahora quizá sea mayor el riesgo de autodestrucción, que tiene que ver con la comercialización, la banalización de la cultura o la autocensura, que son problemas de actualidad. Así que sí, la cultura está en riesgo.

–¿Por qué el poder tiene fijación con la cultura?

–Porque la cultura siempre ha sido utilizada como medio de propaganda de sus ideas. Sigue siendo así. La prueba la tenemos, por ejemplos, con el uso que la Junta de Andalucía hace del flamenco. Es verdad que no es lo mismo quemar una biblioteca que usar el flamenco para adormecer el espíritu civil como en Canal Sur. Hay niveles. Siempre, desde la izquierda y la derecha, se ha intentado usar la cultura en el interés propio y llega al punto de que cuentan con intelectuales a su servicio. Cuando los políticos llegan al poder, nunca buscan a un hombre de cultura neutral.

–¿Se puede ser neutral hoy en día?

–Sí, claro. Me acuerdo, por ejemplo, de Luis Alberto de Cuenca. Cuando estaba el PP en el Gobierno, fue nombrado para un montón de cargos y luego, con la llegada del PSOE, se mantuvo en otras labores. Eso ocurre, imagino, porque era un buen gestor, un experto. Así que sí, siempre hay intelectuales que no son de un partido.

–Por cierto, que 'Mejor la destrucción' lo emparenta con Cernuda.

–Cernuda es un hombre que sufrió mucho la persecución. Lo que está denunciando en 'Limbo', que es el poema del que tomo el verso, es la especulación de la bibliofilia con la cultura. Critica la manipulación del poder económico sobre la cultura. Hay veces en que, frente a la manipulación, es mejor la destrucción y siempre puede nacer algo mejor.

–«Sólo existe la muerte para el triste / que mató a hierro y que quemó lo ardido...». ¿Queda la esperanza?

–Sí. En el fondo, cuando la historia pasa, todo el mundo queda en su sitio. Hay escritores y personajes que quedan exhumados y que han hecho un papel benéfico y otros que vuelven al lugar que les corresponde. Y está la la ironía del destino, como cuando el interés por censurar la cultura de la policía de Stalin llevó a que se conservaran textos castigados. Hay esperanza, sí.

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