Carmen Maura: «No me cuesta convertirme en otra»

Carmen Maura, con su compañero Félix Gómez, tal cual aparece en 'La golondrina'./JAVIER NAVAL
Carmen Maura, con su compañero Félix Gómez, tal cual aparece en 'La golondrina'. / JAVIER NAVAL

Quien fuera la primera 'chica Almodóvar' y la intérprete más exportable del cine español interpreta 'La golondrina' en el teatro Isabel la Católica

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ GRANADA.

Se llama Carmen García y Maura. En su árbol genealógico hay políticos, escritores, médicos y nobles. Nació en Madrid no importa cuándo, porque desde hace décadas forma parte de la vida de millones de españoles, los mismos que han reído con ella, y van también a llorar, quizá un poquito, con 'La golondrina', el montaje que trae hoy y mañana al teatro Isabel la Católica. La conversación es urgente, porque está a punto de hacer las maletas para venir a interpretar a Amelia, una profesora de canto. Pero esta primera entrevista de Carmen Maura para IDEAL da mucho de sí.

-¿Qué tiene en sus entrañas 'La golondrina'?

-Es mi primer gran papel dramático en el teatro. Y es un riesgo. Pero cuando leí el texto entendí que tenía que hacerla. Me he sentido muy liberada en las tres ocasiones en que me he subido al escenario para hacer de Amelia. Ella se libera tanto como yo, de hecho. No es esta una función para contarla, por lo demás. Hay que ir a verla.

-Es curioso que la canción a que hace referencia al título y que desencadena la trama, de puro naïf es durísima.

-Sí, y a partir de ella desarrollamos una trama que habla mucho de comunicación, de relaciones madre-hijo... Salen muchos temas que creo que harán pensar al público. De momento, sólo puedo decirle que en Avilés y El Escorial salieron muy contentos.

-¿Cómo se implicó en el montaje?

-Fue amor a primera vista. Luego, durante los ensayos, que han sido muy duros, más de una vez me pregunté qué hacía yo interpretando a Amelia... Para luego responderme que estaba bien. Y quien vea la obra comprenderá por qué esto y por qué ahora.

-Llevaba usted cuatro años sin pisar las tablas, después de 'Carlota'...

-Y cuando hice 'Carlota' llevaba 30 sin hacer teatro. No tengo mucha costumbre, pero con 'La golondrina' he aprendido muchísimo. Para mí, ha supuesto una honda emoción. Ahora que me sé el texto estoy disfrutando mucho. Y además, quería hacer una gira, recorrer España, que hace mucho tiempo que no lo hago.

«En la época de la Transición tenía una imagen muy moderna, pero yo era muy antigua»

-¿A Granada es la primera vez que viene?

-A hacer teatro, sí, que yo recuerde. De promoción de películas sí que he estado, pero a hacer teatro, nunca. He estado cuatro décadas haciendo muy poco teatro. Recuerdo que cuando empecé en la profesión sí que hice, y era de las que llegaban con la maleta a la ciudad buscando donde dormir, como en 'El viaje a ninguna parte'.

Química

-¿Qué tal la relación con Félix Gómez, su partenaire?

-Buenísima. Estamos solos en escena, y mal iríamos si la química no fuera buena... Pero lo es, en el escenario y cuando nos bajamos. Es un grandísimo profesional, serio, cumplidor, puntual, tranquilito... Tenemos métodos de trabajo muy distintos, pero el director, José María Mestres, ha sabido unificarnos, por lo que los diálogos quedan muy frescos, y eso se transmite al público.

-Usted saltó desde ser una buena y no muy conocida actriz a meterse en la pantalla de 12 millones de personas cada semana. Una pantalla que, a ratos, ocupaba usted sola, en sus famosos monólogos de 'Esta noche'. ¿Cómo se digiere eso?

-Era una época muy distinta a esta. No había competencia. Y lo digerí como pude... Mi vida cambió absolutamente, de la noche a la mañana; fue incluso traumatizante. No pensé nunca que iba a ser popular. Pasé un par de meses algo angustiada. Pero me gusta hacer listas de cosas positivas y negativas, y lo positivo era mucho más largo que lo negativo, así que acabé aceptando la situación, porque, además, me permitía elegir mejor mi trabajo.

-Qué invento aquel.

-Estoy segura de que un programa como 'Esta noche' no funcionaría igual hoy. Tola era a veces pesado, pero muy listo también, y teníamos un equipo de guionistas fantástico, que ponía en mi boca palabras que yo decía con total naturalidad, a veces sin saber siquiera cuál era su sentido último. Y en cuanto a las entrevistas, me escribían unas preguntas que me hacían quedar fenomenal... (Risas). Ponía cara de estar un poco 'para allá', un poco tonta, y eso conectó con el público. Aprendí mucho, pero quizá es el trabajo más difícil que he hecho.

-Y entonces, interpretando en el teatro 'Las manos sucias' de Sartre, conoció a Pedro Almodóvar. ¿Qué significó ese encuentro?

-Fue una oportunidad para hacer un cine distinto, para salir al exterior. Hice unas cuantas películas con él. Es una etapa muy importante de mi trayectoria profesional, y sigue identificándome, en cierta medida.

-España cambiaba muy rápido. ¿Se siente usted, en cierta medida, protagonista de aquel periodo?

-Protagonista no, pero me encantó estar allí. Tenía una imagen de supermoderna entonces, pero era la más antigua del grupo. Siempre fui muy camaleónica, me adapto a todo. Y estar allí, presenciar la llegada de la democracia, fue muy importante. Ahora hay muchos que hablan como si supieran lo que fue aquello, sin tener ni idea.

«Conocer a Almodóvar me dio la oportunidad de hacer un cine distinto y salir al exterior»

Transformación

-¿Cómo era aquel Teatro Español Universitario que usted conoció?

-Estuve en el TEU del Colegio San Pablo, primero en el de los pequeños y luego en el de los mayores, y aprendí mucho. De todas formas, creo que mi mayor virtud es transformarme en otras personas. Se me daba bien desde pequeña. Nunca fui a un curso de interpretación, porque no he tenido tiempo. Empecé a ser actriz con 25 años, y tenía que trabajar para comer, básicamente. Lo que he aprendido en estos años es cómo funciona la industria del cine, pero hacer de no sé quién no es lo que más me cuesta.

-La clase, ¿se lleva desde la cuna o se aprende?

-Saber comportarse en fundamental para todo. Actuar tiene su parte divertida y folclórica, pero también hay que ser educado, puntual, limpio... (Risas). Es un todo. Aprecio mucho la seriedad de mis compañeros de trabajo.

-¿El cine francés tiene más éxito en España que el español en Francia?

-Hay de todo. Aquí triunfan mucho comedias francesas, y se ve mucho cine francés, pero en Francia hay producciones españolas que son éxitos increíbles. Y entonces es cuando se las apropian. Ha ocurrido, por ejemplo, con 'La casa de papel', una serie que el otro día un amigo francés me decía que estaba hecha allí, imagínese.

-Lo que sí tienen allí es una industria muy potente.

-Sí, allí hay más pasta para la cultura. Y para el cine. Aquí tenemos aún la imagen de que esto del cine es un grupo de amiguetes que se junta para rodar. El del cine es un trabajo como otro cualquiera, a veces incómodo, a veces molesto, a veces te caen los jefes mejor, otras peor.

-¿Con qué jefes ha disfrutado más?

-Si tuviera que decir uno nada más... Recuerdo rodajes donde lo pasé muy bien, como 'Ay, Carmela' con Saura; con Álex de la Iglesia en 'La comunidad' y 'Las brujas de Zugarramurdi', con Pedro en 'La ley del deseo', con Fernando Colomo en 'Tigres de papel'... Hay muchos. También ha habido rodajes donde lo pasé muy mal, pero esos no los voy a contar.

-El 'Nena, tú vales mucho', ¿le sigue sonando igual?

-Me sigue sonando, lo mismo que lo del 'tacita a tacita'. Son frases que forman parte de mi vida.

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