La buena música no tiene edad

Más de 10.000 personas asistieron anoche al concierto de la Orquesta Ciudad de Granada en la explanada el Palacio de Congresos./RAMÓN L. PÉREZ
Más de 10.000 personas asistieron anoche al concierto de la Orquesta Ciudad de Granada en la explanada el Palacio de Congresos. / RAMÓN L. PÉREZ

Más de 10.000 personas llenaron la explanada del Palacio de Congresos para disfrutar del 'Bach to Radiohead' de la OCG y Zapata

PABLO RODRÍGUEZ | FOTO: RAMÓN L. PÉREZGRANADA

Como antiguo. Mágico como sacado de un viejo disco de pizarra. De pronto, Bach. Violines y una cascada de sonido que emanaba de la potentísima orquesta. 'Toccata en Re menor', la virtuosa barbaridad del compositor alemán que se mezclaba con los silbatos de los policías que ordenaban el tráfico y el murmullo de los más de 10.000 personas que contemplaban el espectáculo. La melodía dio el salto en el tiempo hasta transformarse en la bulliciosa 'Street spirit (fade out)' de Radiohead. Cañón gordísimo y guitarrero que los violinistas hicieron suyo. Magia del 95. Y sonaba a antiguo en los altavoces, pero sonaba también mágico.

Así fue el inicio de 'From Bach to Radiohead', un abrazo entre clásicos de los últimos 300 años que demuestra que la música no tiene edad. De la mano del tenor José Manuel Zapata, los músicos Rubén Rubio y Juan Francisco Pasilla, y la Orquesta Ciudad de Granada (OCG), ayer dirigida por Michael Thomas, la cita cumplió con las gigantescas expectativas generadas las semanas anteriores. Hubo Bach y Rossini, hubo Shostskóvich y Arvo Pärt, pero también Mina y Radiohead y Iron Maiden.

Todo advertía del milagro: el calor del mediodía se apagó, el molesto viento de la tarde amainó y había en las calles adyacentes al recinto del Palacio de Congresos como unas ganas terribles de disfrutar de la música. Esta no llegó hasta las diez menos veinte. Para entonces el público ocupaba la inmensidad de la explanada, los escalones del edificio y más de la mitad de la barra del ambigú. ¿El inicio? Lo escrito: la deliciosa barbaridad de la 'Toccata' de Bach y la brillante adaptación del 'Street spirit' de Radiohead que clavaron los músicos de la OCG. Fantasía que el público agradeció con aplausos al culminar la ejecución.

Después, otro salto. Cuerda y arco se frotaron con energía, la percusión guerreó y la voz del tenor se levantó sobre la marea para confirmar que sí, Iron Maiden es un grande a la altura de los más grandes y léase aquí a los compositores que se quiera. Sonó 'The trooper', bigardo sonoro que la orquesta abrazó con clase para felicidad de Zapata, que hacía las veces de Bruce Dickinson -siempre a sus pies, majestad-.

El tenor habló después y presentó el concierto, una mezcla de ayer y hoy que idearon el maestro Padilla y un Rubén Rubio que entró cojeando por la lumbalgia. Así, de ahí saltó a la pieza del director Michael Thomas, una metáfora sonora que el regidor explicó con la imagen de un ciclista que vendía bocatas por un Londres que en la acústica de la OCG sonaba más campestre, bella como una égloga pastoril, que industrial.

Y luego, cambio de tercio. La música italiana, la grandiosidad de Rossini, apareció. Sonó la 'Tarantella', con su brioso ritmo, su soleada canción que brotaba de un Zapata aquí pletórico. El torrente transalpino desembocó luego en el mar abisal de Radiohead. Era 'Motion Picture Soundtrack', experimento maravilloso del experimental LP 'Kid A', una de las mejores joyas que el siglo XXI ha vestido hasta ahora. Tranquilo como el mar de las Sagarzos, lírico como el Mediterráneo, el momento fue de los más bellos de la noche.

De maestro en maestro se llegó a Paco -todos en pie-. El niño de la Lucía fue honrado dos años después de su marcha con una adaptación de Zyriab con la que los violines se transmutaron en guitarras, los arcos en dedos y los suspiros del público en aplausos.

Desbandada por el frío

Si al inicio la temperatura y la brisa daban un respiro, para el descanso el tiempo decidió poner pegas. Parte del público inició una desbandada aprovechando el intermedio, unos al ambigú con billete de retorno y otros a encerrarse en algún lugar más cálido.

Para cuando volvieron los músicos, los huecos en las escaleras eran mayúsculos. Aún así, la segunda mitad del espectáculo supo elevar los cuerpos de nuevo. Lo hizo con 'Hyperballad'. El tema, un grito herido de la cantante sobre el aislamiento, surgió dulcificado al comienzo y fue elevándose y elevándose en un crescendo de tres minutos portentosos.

Luego, Cacho Castaña. Homenaje tanguero al polaco Goyeneche en el que Zapata volvió a brillar y los violines acompañaron belleza. Y Mina. El regreso a lo mejor de la Italia popular del siglo XX. De la diva sonó 'Brava', metralla para corazones románticos. De vellito de punta.

Para hacer honor a la banda que daba nombre al concierto regresó la orquesta a uno de sus hits, 'Paranoid android'. Meritoria ejecución la de la OCG y quizá algo más desubicado Zapata esta vez. Fue una impresión solo porque cogió carrerilla y se agigantó con 'Adiós Granada'. Ahí puso delicadeza y energía, mostró el oro puro que guarda y aceleró aún más con un 'Highway to hell' al que contradijo. Porque el concierto no cerró yendo al infierno, sino subiendo con las ovaciones del final al paraíso.

Temas

Ocg