Los dos autorretratos de Murillo, juntos por primera vez en Londres

Una mujer observa dos autorretratos de Murillo. /Will Oliver (Efe)
Una mujer observa dos autorretratos de Murillo. / Will Oliver (Efe)

Pintados con 20 años de diferencia, uno pertenece a la neoyorquina colección Frick y el otro a la National Gallery

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Tres siglos han tenido que transcurrir para que los dos autorretratos conocidos de Bartolomé Esteban Murillo (1617- 1682) se reúnan por primera vez. Y no ha sido en su Sevilla natal, que ha celebrado por todo lo alto el IV centenario del nacimiento de uno de sus artista más ilustres. El honor es para la londinense National Gellery, que bajo la dirección de Gabriele Finaldi, subdirector del Prado en la era Zugaza y gran experto en Murillo, ha logrado confrontar los únicos autorretratos del genio del Siglo de Oro.

Expuestos desde este miércoles en la Galería Nacional del Retrato, son un retrato de juventud y otro de madurez que normalmente se exhiben a miles de kilómetros de distancia. El más temprano procede de la Colección Frick de Nueva York. Presenta al genio sevillano en la treintena «con más pinta de caballero que de pintor», según Letiz Treves, comisaria de la muestra. Se retrata Murillo desafiante, «con un sentido de realismo y vitalidad» ante un ajado marco de piedra inspirada en las ruinas romanas de la Sevilla barroca.

En el otro, propiedad de la National Gallery y realizado veinte años después, el maestro se retrata mostrando la serenidad, el aplomo y el orgullo de saberse uno de los más grandes de su oficio. «Murillo decide mostrarse como el gran pintor que es», según Teves, rodeado de sus utensilios y enmarcado esta vez por un círculo de piedra en el que apoya su mano derecha como si fuera una ventana.

Confrontados, «evidencian el paso del tiempo, tanto por el cambio de los rasgos propios del envejecimiento como por el avance de las técnicas empleadas en el proceso creativo», destaca la comisaria.

Ambas telas son las estrellas de la exposición dedicada al Murillo, en cartel hasta el 21 de mayo, que acoge otros diez pinturas, seis de la paleta de genio sevillano, como los retratos de Juan Arias de Saavedra, de Nicolás Omazur y el del conde Diego Ortiz de Zúñiga, atribuido a Murillo desde octubre pasado. También hay dos piezas icónicas como 'Niño riendo asomado a la ventana' y 'Mujeres en la ventana', dos obras costumbristas que reflejan el gusto de Murillo por crear una ilusión de realidad en el observador.

Apreciado por sus pinturas religiosas y su visión de la vida cotidiana en la Sevilla del siglo XVII, Murillo fue una de las cimas de la Edad Oro de la pintura española. «Pero también un retratista ingenioso», según Treves. Hay reproducciones póstumas y grabados que ilustraron las biografías del artista en una muestra que «supone una excitante oportunidad para apreciar a esta figura puntera del arte español del siglo XVII bajo una nueva luz», según la Galería Nacional del Retrato de la capital británica.

Para el Museo del Prado, en los dos autorretratos «puede constatarse que Murillo fue persona inteligente y despierta, dotado de una profundidad intelectual que le permitió traducir en pintura el universo religioso y el ámbito social que le envolvía con serena amabilidad y pausada percepción».

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