Arias & Alfaro, vistos para sentencia

Como si fuera una conversación de bar. /J.J.G.
Como si fuera una conversación de bar. / J.J.G.

Dos viejos amigos y exsocios coinciden en día y hora en un fin de semana de abundancia de conciertos

JUAN JESÚS GARCÍA GRANADA.

En un fin de semana en el que la abundancia de conciertos y actividades musicales roza (y lo siguiente) la contraprogramación, dos viejos amigos y exsocios como Antonio Arias y José Ignacio Lapido han coincidido en día y hora, y eso que tiene días el año. Así las cosas los más perjudicados han sido los espectadores que hubieran ido a ambas citas y han tenido que elegir entre el fin de gira 2017/8 de Lapido (¿y la consiguiente reactivación de la banda madre?) y el experimento de Arias y Fernando Alfaro, que como todos sus títulos (recuerden 'Burgos de Arias', con Paco Burgos) es muy ocurrente: 'El pueblo contra Arias y Alfaro'.

En el teatro Alhambra continuó ayer una peculiar gira que nació en un programa de Radio-3 y ahora se ha convertido en sesión de charletas 'psiconfesionales' itinerantes a dos vidas y dos voces.

Utilizando una frase de Vinicius de Moraes -«La vida, amigo, es el arte del encuentro»- presentaban este proyecto de dialogo-forum que está siendo solicitado en numerosas ciudades (¡curiosamente todavía no Albacete!). Ambos, por edad y oficio (y veneración) vienen a ser los padrinos de todo lo que vino después en la música española tras el crack de los ochenta, y tienen dos trayectorias largas y alambicadas que salen a flote (o se van al fondo) en cada sesión. Conversaciones de bar (¡donde se habla del Granada CF, el diesel o 091!, como dijo ayer escurridizo Lapido en estas páginas), a media tarde y a media luz los dos, con puesta en escena teatralizada por Miguel Ángel Blanca de Manos de Topo.

En un vestido solo de luz y con apenas dos sillas de anea y una mesa de taberna con generosa cantidad de latas de cerveza supuestamente ya ingeridas, o por abrir, los dos veteranos músicos hacen casi como si se acabaran de conocer. El punto de partida es la versión del 'Aleluya' que ambos grabaron en su momento, de las que descubrimos que una era legal y la otra sin autorizar. Como ilegal o no (pero ya prescrito) fue buena parte de lo que fue saliendo en este largo dialogo entre dos kamikazes juveniles en las casi tres horas que duró originalmente el encuentro, pero que se pasan volando a poco curioso que se al el oyente. Ambos se escapan de las pautas del guión, recordando Antonio precisamente que ayer fue el aniversario del fallecimiento de su hermano, o comentando la película del bailarín Antonio Gades en blanco y negro que el viernes emitió 'Nuestro cine' en la 2. Cualquier pie sirve forzado o no para que la oceánica y fulgurante imaginación de Arias se lance a filosofar, quedando Alfaro como complementaria toma de tierra, tirando de la cuerda para bajara a su colega hacia el suelo a ratos. Sacando el manchego esa voz inocente nacida para contar cuentos (¡oigan el anuncio de colchones Marmota y juzguen!), si no fuera porque suelen estar envenenados, y que «es perfecta para acompañar mis canciones» apostilló Antonio tras entonar 'La curva de las cosas', «que ya me canso de tocar» añadió; una lástima porque su estribillo fue seguido con bastantes brazos al aire haciendo las espirales que invoca la letra. Y así, entre anécdota, confesión y chascarrillo, pasa la función contando básicamente lo que hay en esas canciones: 'Efervescente', 'La leyenda de los Quero' (que sirvió para avanzar un próximo documental sobre ellos que se llamará 'La última bala'), 'Sangre en los surcos', 'Yo poeta decadente', 'Fuerte', Oración del desierto' y hasta una acercamiento a la planetaria 'Santos que yo pinté, cuyo estribillo salió de un cante antiguo según conocimos. Vistos para sentencia Arias y Alfaro, el pueblo juzgará levantando o bajando el pulgar. Lo está haciendo ya hoy.

 

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