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Toda Andalucía cabe en el teatro Alhambra
El Ballet Flamenco de Andalucía viste de fiesta el escenario del Realejo con un recorrido por la tierra
Jorge Fernández Bustos
Sábado, 15 de noviembre 2025, 00:20
El Teatro Alhambra se vistió anoche de fiesta con el Ballet Flamenco de Andalucía, que hizo un recorrido flamenco por el paisaje y el paisanaje ... de nuestra tierra andaluza; un recorrido que repetirá esta noche de sábado y mañana domingo, para celebrar por todo lo alto el XV aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco. Debemos sentirnos orgullosos de contar con este ballet en Andalucía, un ballet que es de todos: su compromiso, su disciplina, su eficacia son encomiables. Y para más inri, su directora, es la bailaora y coreógrafa granadina Patricia Guerrero, al igual que un par de miembros del cuerpo de baile: Claudia 'la Debla' y David Vargas.
La sensación general del espectáculo es la alegría. De hecho se abre y se cierra con la idea repetida de fiesta en el cielo: Andalucía. Una coordinación perfecta, un acusado dominio del espacio, unas coreografías originales, una música trabajada, una dinámica precisa… hacen 'Tierra bendita' la más sabia elección para celebrar estos días.
La suite comienza con un plano general, donde todo el elenco, a modo de presentación, introduce bulerías, tangos y tanguillos con solo al compás de los pies y las palmas de todo el elenco. Una pieza cargada de individualidades, tanto de ellas como de ellos. La dinámica se rompe con una taranta de Pepe Marchena cantada por Manuel de Ginés, tocado con sombrero granate, a semejanza de la época. Con todo el cuerpo de baile nuevamente se abordan unos tientos tangos, simulando una taberna, dándole paso a Eduardo Leal para marcar un solo, con sombrero blanco y chaquetilla, en el que destaca su presencia y su peso específico en el escenario. El momento más sorprendente de la noche fue solo de castañuelas que interpretó el percusionista, David Chupete. Un solo de castañuelas que se extendió a los fandangos 'Tierra bendita' que dan el nombre al conjunto de la obra. Unos fandangos que baila todo el elenco (ellas con maravillosas faldas de vuelo), mientras los cantaores hacen un recorrido por Huelva y sus intérpretes, acabando al alimón, tal y como los fandangos permiten. Otro receso en el escenario da paso a la cantaora Amparo Lagares para brindar unos cantes de madruga, y entrar directamente a la granaína, con un comienzo cercano a Málaga y un cante poco convencional, ilustrado con un paso a dos clásico realizado por Hugo Aguilar y Claudia 'la Debla'. Destaca igualmente el toque de guitarra de José Luis Medina.
Para asomarnos a Córdoba, encontramos a un bailaor solo, bailando el silencio, arropado por el resto del elenco masculino. Y de aquí aterrizamos en Cádiz con unas cantiñas que aborda el elenco femenino, combata de cola amarilla y mantón floreado de encomiable vuelo. Llama la atención la riqueza del cante, así como las guitarras, pero sobre todo la percusión, en la que aparte de la caja se emplea el pandero y la mesa acústica. Otro de los momentos álgidos de la noche fue la aparición estelar de la directora, Patricia Guerrero, interpretando un poema de Benítez Carrasco. Don Manuel estaría más que orgulloso de escuchar a su paisana albaicinera recitando con ese salero, acompañándolo pasos de baile a juego, y el final por fandangos, cuando «los gitanos tienen entrada libre en la gloria». Este momento desemboca la soledad que aborda la misma Patricia con sentimiento y energía, pero dándole espacio al reposo. Sus pasos vienen del recuerdo, pero también son exclusivos, identitarios de esta bailaora. Termina la función con todo el elenco vestido de negro, ilustrando unas seguiriyas, como diciendo quién Andalucía no es todo fiesta y pandereta.
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