Por amor al escenario

Clase de Improvisación en Remiendo Teatro./PEPE MARÍN
Clase de Improvisación en Remiendo Teatro. / PEPE MARÍN

Miles de personas participan en Granada como actores y actrices en grupos no profesionales

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Lo del veneno del teatro no es una expresión vertida a humo de pajas. Existe. Y cada año envenena a muchas personas que comprometen, como se solía decir en el Siglo de Oro, vidas y haciendas para hacer realidad el sueño de aquellas luces de candilejas que mostrara Chaplin en su película. En Granada, hay miles de personas que son 'no-profesionales' del teatro, que por muy diversos motivos, han encontrado en las tablas razones para vivir y para crecer como personas. Son grupos con caché y experiencia, como Pinos Puente Teatro o el Mira de Amescua, relativamente nuevos como Entresueños, o nacidos de aulas como la de la Escuela de Teatro Remiendo.

Como en la escena, tras cada uno de ellos hay una historia, las más de las veces comedia, aunque algunas situaciones adquieran tintes tragicómicos. La eterna crisis del teatro -de la cultura en general- ha difuminado la frontera entre lo profesional y lo semiprofesional, y los aficionados o amateurs -aunque más correcto sería llamarles 'no profesionales'-, han llegado, en algunos casos, a un nivel artístico mucho más que aceptable. Todo ello da lugar a un panorama heterogéneo, donde, a diario, la ilusión es el elemento catalizador, más allá del improbable lucro y el igualmente improbable estrellato.

El deseo de hacer teatro 'pica' desde muy joven. Y bien lo saben Carmen Rodríguez y Laia Cabello -siete años cumplidos una, la otra a punto de cumplirlos-, dos de las alumnas más jóvenes de la Escuela de Teatro Remiendo. Ambas cursan segundo de Primaria en el colegio Gómez Moreno de la capital, y tienen en común una timidez que esconde una sonrisa arrebatadora. Vienen una vez a la semana a pasar una hora aprendiendo danza y expresión corpora. Entienden su clase como un juego, y su profesora, Ángela, se preocupa de que lo vivan como tal. Llegaron a la Escuela por propia iniciativa, intentando emular a sus ídolos de la película 'Los descendientes' de Disney, y ansían la llegada de la función de Navidad. Su primer gran reto como artistas.

Los jóvenes son la mayor cantera de Remiendo Teatro, la escuela a cuyo frente se encuentra Carlos Gil, con un equipo de 30 profesores. Afirma que «este año vamos a llegar a los 500 alumnos, muchos de ellos jóvenes, pero de todas las edades». Mantienen en paralelo una escuela integral de Arte Dramático en tres cursos, una titulación víctima del limbo administrativo de las artes escénicas en general en cuanto a homologaciones, cursos monográficos y diversos grupos adaptados casi a cualquier pretensión o disponibilidad.

Mónica Ruiz lleva aprendiendo teatro desde 2010 en Remiendo. Siempre le gustó el teatro como forma expresiva, pero en 1993, no encontró donde formarse en Granada, así que aprendió lengua de signos, de la que hoy trabaja como intérprete. Su profesor, Nacho, tiene mucha culpa de la actriz en que se ha convertido hoy. Este curso estudia improvisación con Rafa Villena, una de las referencias absolutas en este arte en Andalucía, y le está encantado. «Siempre fui teatrera, fui monitora, animadora...». De lo que ha hecho hasta ahora, recuerda con mucho cariño algunos monólogos teatralizados, en los que le gusta participar en todas las fases creativas: desde la escritura hasta su plasmación en el escenario.

Marino Mudarra tiene 11 años y lleva cuatro años haciendo teatro. Ahora es alumno de Remiendo pero antes estuvo en otras. «Me gusta hablar con mis compañeros en el escenario y pensar que estamos solos, olvidando casi que el público nos observa». Valora la rutina de los ensayos como una oportunidad para ascender la escalinata que lleva al escenario. «La relación con los compañeros, el compartir momentos y sentimientos, es una de los aspectos que más me gustan». Aunque, de momento, descarta ser profesional, le gustaría «seguir actuando toda la vida».

Todoterreno

Patricia Grau es profesora en el Real Conservatorio Victoria Eugenia. Pianista, inquieta, viajera, es una ciudadana del mundo nacida en Callosa del Segura (Alicante) y amante del teatro musical. Cursa estudios de teatro físico, donde se mezcla la expresión corporal con la dramaturgia. Ha montado desde cuentos como 'Caperucita roja' en inglés hasta percusión corporal. Su hermano, Josan Grau, sí que es actor profesional, y ahora actúa en la serie 'Gigantes'. «En 'West side story' lo hice todo, dirección escénica, musical, luces, vestuario...». Sin duda, una auténtica todoterreno. «Para mí, el teatro es mucho más que una afición. Forma parte de mi vida, e igual que ocurre con la música, nunca podría renunciar a él».

Para Jesús García Amezcua, el teatro es una profesión de riesgo. Escritor y actor, fundó la asociación cultural Entresueños en 2012, con el objetivo de ayudar a personas con un interés artístico a crecer en un plano intelectual y creativo, como una forma de crear un pensamiento crítico, sin necesidad de ser orientado, a través del arte. Hoy, tiene 60.000 seguidores en redes sociales, y anoche estrenaron su musical 'Bernarda Alba', a partir del texto lorquiano, en el Palacio de Congresos. Este es un montaje prácticamente profesional, con 25 personas participando en él. Tenores como Aurelio Puente o cantaoras como Mercedes Hidalgo forman parte del proyecto. Ponerlo en pie cuesta un buen pico, y mostrarlo no es fácil, porque faltan lugares y en los que hay no se ofrecen ayudas a la representación. «Estamos en tierra de nadie, porque ni somos Pentación -una de las empresas teatrales más importantes de España- ni un grupo de barrio. No es cuestión de profesionales o no, es cuestión de calidad, y hay muchas compañías que están en un nivel muy alto, aunque sus integrantes no puedan vivir de su trabajo». En los próximos meses, Entresueños llevará sus montajes a teatros de Sevilla y Almería, «pagando el alquiler de nuestro bolsillo y jugándonos el patrimonio a taquilla».

La búsqueda de la calidad ha guiado también durante 25 años a la agrupación Mira de Amescua. Nacida de un grupo de antiguos alumnos del Seminario Menor, ha realizado 240 representaciones de 16 obras. Para sus 18 integrantes, el teatro forma parte indispensable de la vida. Desde aquella primera representación de 'La hdialga del valle', se han hecho imprescindibles en la programación cultural granadina. Un amor por el escenario que no tiene precio.

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