Alternativa sin espada en Úbeda

García Navarrete durante su faena/IDEAL
García Navarrete durante su faena / IDEAL

García Navarrete cortó una oreja y fue ovacionado en su tarde de gloria, celebrada en la Feria de San Miguel

ÁNGEL A. DEL ARCOÚBEDA

La feria taurina de San Miguel de Úbeda ya es historia, ayer acabó, celebrándose el segundo y último festejo en el que el aliciente principal fue la alternativa del diestro de Vilches, Daniel García Navarrete. Efeméride que terminó resultando triunfal, con puerta grande, dando el joven toricantano tuvo una gran dimensión delante de sus dos toros de Sancho Dávila.

Que importante es que salgan toreros nuevos y si son locales mucho mejor. En ellos está el futuro de la fiesta, los que tienen que tirar del carro e ilusionar al aficionado, siempre ávido de jóvenes talentos. Ese es el caso del joven García Navarrete, matador de toros que ilusiona sobre todo por sus formas y sobriedad, la enorme pureza que desprende su capote y muleta en cada verónica y muletazo, la profundidad de sus trasteos y las elegantes maneras que tiene delante de la cara del toro. Por todo ello, el nuevo matador de toros ilusiona, comenzando una nueva etapa en su trayectoria que nos alegraría fuera de lo más exitosa.

Seguramente el cambio del novillo al toro pueda beneficiar su toreo, teniendo en cuenta la seriedad de García Navarrete en todo lo que hace. Ojalá pueda ser así, toreros de esa calidad y esas formas son siempre muy necesarios y en los tiempos actuales, mucho más.

Alternativa

Daniel García Navarrete llegó al coso de San Nicasio embutido en un precioso y elegante traje burdeos y oro. Se le vio tranquilo y relajado, saludando y haciéndose fotos con todo aquel que por allí pasaba. Erguido y despacioso hizo el paseíllo en medio de sus compañeros de cartel, el valenciano Román y el mejicano Luis David. Cambió la seda por el percal. Ya concentrado escuchó los últimos consejos de su apoderado, el también matador de toros, ya retirado, Tomás Campuzano. Todo estaba todo preparado para el gran día, saliendo ese primer toro de su vida, el más importante, el que lo convirtió en matador de toros.

Efectivamente su primer toro lució el hierro de Sancho Dávila, como toda la corrida, de nombre 'Ecuatoriano'. Pronto se hizo presente en el ruedo García Navarrete, que lo recibió de forma templada y elegante en las verónicas y en la media de remate. El animal estuvo justo de todo, escaso de fortaleza, también de casta, aunque se dejó estar delante, eso sí, muy soso y deslucido.

Recibió los trastos en una emotiva ceremonia de manos de Román y en presencia de Luis David. En ese momento Daniel García Navarrete se convirtió en matador de toros, uno más en nuestra provincia.

El joven torero estuvo en todo momento firme y muy centrado, demasiado correcto y algo frío, con ese punto de nerviosismo que da la situación vivida. Al toro le costaba seguir el engaño presentado por el torero, que, aun así, le ligó varios muletazos por ambos lados, que tuvieron templanza y largura. En la parte final del trasteo y con el toro ya muy parado, el nuevo torero se pegó un arrimón en medio de los pitones levantando fuertes ovaciones de un público muy entregado con García Navarrete. Poco ayudó el toro a la hora de la suerte suprema, pinchando en una ocasión antes de la estocada definitiva. Cortó una oreja, más a la voluntad y a la entrega que a otra cosa.

Tuvo que esperar García Navarrete un buen rato hasta que salió el sexto de la tarde, otro toro de Sancho Dávila que tampoco dio muchas opciones de triunfo, aunque es verdad que se movió algo más, permitiéndole al nuevo matador mostrar su toreo de calidad.

Lo recibió con un ramillete de verónicas que fueron muy celebradas por el tendido, algo que se repitió en el quite posterior. Brindó la faena a su padre, realizando un trasteo lleno de entrega y buen gusto, bajando la mano y tirando del toro en cada embestida. El animal, como toda la corrida, fue a menos, algo que poco importó a García Navarrete que, valiente y entregado supo aguantar, acortando los terrenos y cruzándose mucho al pitón contrario para provocar la embestida del torito.

Finalizó con redondos en el centro del platillo y 'estatuarios' que levantaron pasiones entre sus partidarios. Mató de tres pinchazos y estocada, perdiendo la puerta grande entre la decepción del joven torero.

Triunfo sin espada

El padrino de alternativa fue el valenciano Román, que en su tarde de ayer pudo haber cortado tres o cuatro orejas, se las dejó por su mal uso con la espada en sus dos toros. Una auténtica pena, pues el rubio torero dio una gran tarde de toros, realizando una gran faena a su primero y sacando agua de un pozo vacío en su segundo.

Su primero fue un toro que en el argot taurino se le denomina 'zapato', por sus buenas hechuras. Y efectivamente lo era, justo en el tipo de embestir, algo que ocurrió desde que salió por la puerta de chiqueros. Román lo recibió con buenos lances de recibo, luciéndose de nuevo en el quite por 'gaoneras'.

Empezó su labor de muleta de rodillas ligando varios derechazos muy templados que levantaron al público de sus asientos. Firmeza y mucho temple tuvieron las primeras series sobre la diestra, en la distancia adecuada, acertando también en los terrenos y altura de la muleta. Esa fue la clave para cuajar varias tandas por ambos lados en las que llevó muy largo al noble animal, en un trasteo que fue cogiendo vuelo conforme avanzaba la labor, destacando también en los remates de las series, siempre variado y acertado.

Labor importante del joven Román, que viendo la prontitud del toro durante toda la faena, se empeñó en matarlo en la suerte de recibir, pinchando en una primera ocasión, defectuosa la segunda y reiterados fallos después para terminar recibiendo una calurosa ovación desde el tercio entre el enfado y la decepción de haberse dejado el doble premio.

Algo parecido le ocurrió con su segundo, cuarto de la tarde. Un toro que como casi toda la corrida pecó de soso y deslucido. De nuevo se lució en toreo de capote, pegando unas cuantas verónicas de bella factura. Con la muleta estuvo inteligente, llevando siempre muy embebido la noble y sosa embestida. Faena de largo metraje, sobresaliendo su toreo de derechas, en un trasteo que fue subiendo de nivel conforme avanzaba. Se arrimó en la parte final, fallando de nuevo en la suerte suprema, varios pinchazos y descabellos redujeron el premio a una calurosa ovación después de recibir un aviso.

Nunca habíamos visto en una plaza de nuestra provincia al mejicano Luis David y, después de verlo ayer tampoco nos acordamos de mucho, aunque en su debe decir que ninguno de sus dos toros le dieron demasiadas opciones. Su primero, flojo y soso, apenas si dejó al torero ponerse e intentarlo. Algún lance suelto y poco más, realizando una breve faena de muleta, dejando indiferente al respetable, silenciando al torero una vez finalizada la lidia.

Más pudimos ver en el quinto de la tarde, otro toro escaso de todo, aunque se movió algo más, aprovechándolo el torero, primero con el capote en un quite por 'tafalleras' y luego en una labor de muleta en la que por lo menos mostró aptitud y ganas de justificarse. Es verdad que tiene un toreo largo y profundo, pudiéndolo demostrar por momentos, en muletazos sueltos y poco más. Pero al contrario de su compañero Román, el mejicano si mató de forma contundente al quinto de la tarde, cortando una oreja de la que no creo que se acordara cuando llegara al hotel.