Alejandro Fernández convierte Granada en la capital de la música mexicana

Alejandro Fernández convierte Granada en la capital de la música mexicana
RAMÓN L. PÉREZ

El artista puso patas arriba la plaza de toros con un recital en el que recorrió su carrera y rindió homenaje a los sonidos de su tierra

PABLO RODRÍGUEZ

Alejandro Fernández hizo anoche honor al título de su último disco, 'Rompiendo fronteras', y trasladó la capital del Distrito Federal a una Granada que le recibió, ya rendida, en una plaza de toros que no era, por dimensiones, la Monumental pero que lucía como su hermana mexicana en una calurosa noche de verano. El artista hizo vibrar a los más de 6000 espectadores en un concierto dividido en dos partes en el que, por un lado, recorrió su trayectoria en la música y, por otro, rindió homenaje a los sonidos de su tierra.

Había ganas de ver a la que es, más allá de los gustos, una de las grandes figuras de la música mexicana. Referencia para los seguidores, que los hay y muchos en Granada, de los ritmos latinos, Alejandro Fernández fue recibido por las miles de voces de un público que había cantado, había suspirado y había hecho cola bajo el sol por él en las horas previas.

Diez enormes camiones en las inmediaciones de la plaza de toros y toda una legión de empleados, que se afanaban en culminar el montaje del sensacional escenario, habían calentado las ilusiones de una ya caldeada audiencia que reclamó la presencia con palmas y gritos. Así que la tremenda ovación que recibió el artista pasadas las diez y cuarto cuando saltó a la arena fue, de alguna manera, lógica y previsible; y él, traje azul y zapatos brillantes, esbozó una sonrisa perfecta consciente de que antes de cantar tenía ya la Puerta del Príncipe asegurada.

'En lo correcto' y 'Estuve' fueron las canciones que sirvieron de presentación, himnos con los que el cantante dejó ya las claves de un concierto dominado por la referencia a los grandes compositores mexicas y las baladas y rancheras con las que ha ido acrecentando su figura a lo largo de los últimos 20 años. Fernández las lanzó moviéndose con elegancia por el escenario, como un felino, gustando y gustándose ante un público que aullaba con cada gesto y que dejaba pasar los minutos entre 'selfies' y sorbos de cerveza.

«Estas canciones son algunas de las más importantes de mi carrera y me gustaría que las griten», dijo y la banda, cerca de una docena de músicos que le acompañaron anoche, comenzó a bombear a un ritmo sobre el que el artista plantó éxitos como 'Si tú supieras' –«Si tú supieras cómo te ansía cada parte de mi cuerpo'–, y 'No sé olvidar' – «Eres tú mi obsesión, mi tormento y ya no sé qué hacer»–.

«Es un placer estar en mi Granada querida y es una noche muy especial porque es la penúltima en España...», dijo mientras tomaba respiro después de encarar las primeras cinco canciones y en el público fueron muchas las que le gritaron «quédate». De ahí dio el salto a 'Se me va la voz' y 'Quiero que vuelvas' –«Tengo un corazón que me reclama por qué diablos dejé que te escaparas de mi vida»–, temas que el público cantó dejándose la garganta junto a un Fernández que los retaba una y otra y otra vez a dejar «las penas» en casa y «disfrutar».

Más de 6.000 personas disfrutaron de la fiesta con mariachis que firmó el cantante de Jalisco

Amores que se desean y apenas se pronuncian, desaparecen; huidas que dejan con el corazón roto... Las letras de Fernández son un muestrario no muy amplio, pero tienen el tamaño justo para que sus seguidores lo sientan como propio y compartan con él las emociones. Anoche eran muchos los que se abrazaban arrebatados, una emoción que fue tejiendo el cantante con guiños y que se sugería también con el impresionante espectáculo de luz y sonido con que se acompañaba.

«Sí, quiero»

'Hoy tengo ganas de ti', un auténtico clásico que Fernández introdujo en su penúltimo LP, y 'Te lo dije cantando', un hit que fue bailado con brío en las gradas, fueron los siguientes temas que firmó el mexicano, especialmente expresivo en ellos, como si, a lo Isabel Pantoja, quisiera mandar un mensaje con la letra. Para entonces, tras sumar un 'Eres' con final metalero y un 'Te voy a querer' que apuntó sentado en una silla, como frente a una amiga, había alcanzado ya la primera hora de concierto. Se vivió entonces un momento curioso: en mitad de la canción, un hombre se hincó de rodillas y le plantó un anillo a su pareja. Ella, con un beso y bajo los flashes de decenas de teléfonos, dio el sí y aquello coincidió con el culmen de la canción. La ovación fue más que enorme, gigantesca.

Una pareja protagonizó uno de los momentos de la noche al pedirse matrimonio en la plaza

Y del amor a la extrañeza. Poco después sonaba 'Sé que te duele', probablemente el hitazo más bailable de toda la noche, y con el público en pie y enfervorecido algunos agentes de seguridad se afanaban en sentarlo. Pura esquizofrenia.

Así se llegó al descanso, con un Alejandro Fernández que aprovechó un largo solo de guitarra para cambiarse y aparecer vestido de charro, sombrerazo incluido, acompañado por un grupo de mariachis completo que fue recibido con gritos de «¡viva México!» y «fuego». No hubo guardia capaz de sentar a nadie más. Fue un verdadero espectáculo que demuestra los vínculos que este país aún mantiene con su hermano transoceánico.

Esta segunda sección estuvo dominada por los clásicos de toda la vida, legendarios temas como 'Huapango', 'Guadalajara' o 'Ay, Jalisco' en los que el mexicano se deleitó mostrando el rango de voz que hasta entonces había estado reservando. Fueron los momentos más intensos de la noche, con la grada aupada sobre el ritmazo de la banda de mariachis, y con un Alejandro Fernández que hizo entonces mención al episodio de la pedida. «Eso sí que es valor y no ponerse ante un toro», dijo.

Con 'Mátalas', un tema que no fue acogido con mucho cariño por la letra, aprovechó el artista para hacer un raro alegato contra la violencia machista –«la única forma de matar a la mujer es inundándola de amor y besos»– y de ahí pasó a 'La gloria eres tú', que dedicó a los amantes y cantó con una rosa en el ojal. Fue entonces cuando se lanzó a la conquista total con 'Granada'. Lo hizo acompañado por los mariachis, iluminado por las pantallas de los móviles y ovacionado por unas gradas que lo acompañaron durante toda la canción. El artista sacó incluso una bandera con los colores de México y Andalucía. La reacción fue inenarrable. El coso literalmente se cayó mientras se celebraba por alegrías.

El final llegó pasadas la medianoche, tras más de dos horas de concierto, después de que el artista empalmara unos tradicionales 'Cascos ligeros', 'Loco', 'Sí he sabido amor' y 'Que digan misa'. Fue un broche mexica que acentuó con canciones como 'Tantita pena', 'Ella' y 'Es la mujer'. Para entonces, la Alhambra bailaba con los mariachis de Alejandro Fernández sobre Granada Distrito Federal.