Instituto Puleva de Nutrición

Leches de crecimiento: qué aportan a cada etapa en la infancia y qué dice la ciencia al respecto

En la infancia, la ingesta de nutrientes como la vitamina D y los ácidos grasos omega-3 es particularmente importante. A la hora de tomar la decisión de incorporar una leche de crecimiento, no hay generalizaciones absolutas, sino que conviene analizar qué aporta ya la dieta del niño y qué puede ser útil reforzar en cada etapa vital.

Alicia Rivera

La alimentación juega un papel esencial en nuestra salud a cualquier edad, pero resulta especialmente relevante en los más pequeños de la casa. La leche materna es el mejor alimento para los lactantes, de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y, en adelante, en el contexto de una dieta progresivamente diversificada, ya que una dieta equilibrada constituye la base de una buena nutrición durante los primeros años de vida, cuando los niños crecen, aprenden y avanzan a pasos agigantados. Sin embargo, no todos los niños comen igual ni todas las dietas infantiles aportan los nutrientes en las cantidades adecuadas.

Quien haya tenido un peque en la etapa de la alimentación complementaria sabrá que gran parte de la comida acaba en el suelo en lugar de en su boca. Además, cuando empiezan a descubrir nuevos sabores y texturas aparecen también las reticencias a determinados alimentos. En esta etapa pueden producirse ingestas insuficientes de nutrientes relevantes como son el hierro, la vitamina D y los ácidos grasos omega-3 DHA. En el lado contrario, el consumo de proteínas puede situarse por encima de las recomendaciones.

Aquí es donde entran las leches formuladas específicamente para la infancia, cuyo objetivo es complementar la alimentación de una manera sencilla y eficiente. Esto es así porque su composición permite incorporar nutrientes relevantes en un alimento tan cotidiano como es un vaso de leche, y su perfil nutricional se adapta a las necesidades de cada edad.

A la hora de tomar la decisión sobre qué leche dar a nuestros hijos, la pregunta no es cuál es mejor, sino qué aporta cada opción y cuándo una formulación adaptada puede ofrecer un valor nutricional adicional. Para elegir con conocimiento de causa, conviene identificar qué nutrientes esenciales suelen ser deficitarios en la alimentación infantil, qué tipo de leche adaptada puede solventar estas carencias y cómo escoger la más adecuada según las circunstancias.

¿Es necesaria una leche de crecimiento para un niño a partir de un año?

Empecemos por una premisa básica: un niño sano que sigue una alimentación variada, equilibrada y suficiente puede obtener de los alimentos convencionales los nutrientes necesarios. No obstante, una leche de crecimiento puede ser una opción útil para complementar la dieta. Su principal punto de interés es que está formulada para aportar nutrientes relevantes durante la infancia, como hierro, vitamina D o ácidos grasos omega-3 (especialmente DHA), y suele presentar un contenido de proteína más ajustado que la leche de vaca.

En este sentido, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) considera que el uso rutinario de leches adaptadas no es necesario para todos los niños de uno a tres años. Pero sí reconoce este organismo que las leches adaptadas pueden formar parte de una estrategia para aumentar la ingesta de hierro, vitamina D y omega-3 y reducir el aporte proteico frente a la leche de vaca no fortificada. Por consiguiente, no se trata de sustituir una alimentación equilibrada, sino de disponer de una herramienta nutricional que puede ayudar a completarla.

Por qué la alimentación infantil merece un abordaje específico y qué nutrientes requieren especial atención

Los primeros años de vida son una etapa de rápido crecimiento, aprendizaje y adquisición de hábitos alimentarios que marcarán el desarrollo futuro. A partir de los 6 meses, la alimentación complementaria gana progresivamente variedad y densidad nutricional. Alrededor de los doce meses, la mayoría de niños puede consumir ya los principales grupos de alimentos, adaptando las cantidades a sus necesidades.

Ahora bien, la transición hacia la alimentación familiar no garantiza siempre una ingesta nutricional adecuada. Aquí el reto no está únicamente en que el niño coma lo suficiente, sino que también importa la variedad, la calidad y los nutrientes en sí mismos. He aquí el quid de la cuestión.

Entre los nutrientes que requieren atención especial en la infancia se encuentran el hierro, la vitamina D y los ácidos grasos omega-3, así como el aporte adecuado de calcio, yodo y otros micronutrientes. El estudio EsNuPI (Estudio Nutricional en Población Infantil Española), realizado con 1.448 niños españoles entre 1 y 9 años, encontró importantes oportunidades de mejora en este rango de edades.

La ingesta de vitamina D se encontraba por debajo de los valores recomendados en prácticamente toda la población analizada. En este sentido, los niños consumidores de leches adaptadas presentaban una ingesta significativamente mayor de vitamina D y DHA que la población infantil de referencia.

Estos resultados no significan que todos los niños estudiados presentaran una deficiencia clínica, pero sí evidenciaron que determinados nutrientes no siempre están suficientemente presentes en la alimentación infantil y, en este contexto, las leches adaptadas pueden ser una ayuda útil.

Por otro lado, también conviene prestar atención a las proteínas, pues si bien es cierto que son esenciales para el crecimiento y el desarrollo, es necesario adecuar la cantidad a cada etapa vital. El citado estudio mostró un porcentaje relativamente elevado de energía procedente de las proteínas en los grupos analizados, si bien los niños consumidores de leches adaptadas mostraban una mayor adecuación a las recomendaciones.

Cuando hablamos de proteína, la calidad es tan importante o más que la cantidad. Las proteínas de la leche y del huevo son las que presentan una mayor calidad nutricional, por lo que se deben tener en cuenta en la planificación de la dieta infantil.

Y no hay que descuidar otro punto importante: el azúcar. Su contenido es uno de los aspectos que deben revisarse al elegir cualquier alimento infantil. Tanto la Organización Mundial de la Salud como la EFSA recomiendan limitar o evitar su consumo en edades tempranas. Por consiguiente, resulta imperativo leer la etiqueta y elegir productos con un perfil nutricional adaptado a la infancia, que cumplan con el requisito de no contener azúcares añadidos.

¿Qué diferencia existe entre la leche de vaca y una leche de crecimiento?

Si bien tanto la leche de vaca como la leche de crecimiento pueden formar parte de la alimentación infantil a partir de la edad adecuada, estas presentan perfiles nutricionales diferentes. La leche de vaca es un alimento nutritivo, alto en proteínas y calcio.

Por su parte, la leche de crecimiento está específicamente formulada para niños pequeños, de modo que permite aportar hierro y vitamina D en cantidades superiores a una leche de vaca no fortificada; incorporar ácidos grasos omega-3 DHA; mantener un aporte relevante de calcio; ofrecer un contenido de proteína más ajustado; y complementar la dieta con otros micronutrientes.

No se trata de que una sea mejor que la otra, sino que la diferencia reside en su composición y el propósito nutricional de cada una. En cualquier caso, una de las aportaciones mejor respaldadas por la evidencia disponible sobre la leche adaptada es su capacidad de contribuir a aumentar la ingesta de determinados micronutrientes que no siempre están suficientemente presentes en la dieta infantil.

Según los datos del estudio EsNuPI, los niños consumidores de leches adaptadas presentaban una mayor adecuación de distintos nutrientes. Su ingesta media de DHA era de 90 miligramos al día, frente a 20 miligramos al día en la población infantil de referencia. También mostraban una mayor ingesta de vitamina D y una mejor adherencia a las recomendaciones de omega-3.

Ante estas conclusiones, se sostiene una idea relevante: una formulación adaptada puede facilitar la incorporación de determinados nutrientes dentro de la alimentación cotidiana.

Las oportunidades de mejora en la dieta infantil española

Publicaciones como el estudio EsNuPI resultan relevantes porque ofrecen una fotografía especialmente útil de la alimentación de los niños en España. La investigación comparó una muestra de referencia de 707 niños con otra de 741 consumidores habituales de leches adaptadas o enriquecidas. Estos últimos presentaban, en conjunto, una mayor adecuación a determinadas recomendaciones de macronutrientes y micronutrientes.

También se identificaron patrones dietéticos globalmente más favorables en algunos grupos consumidores de estas leches. Así, la principal aportación del estudio es evidenciar que existen oportunidades de mejora en la dieta infantil española que conviene conocer y abordar. Asimismo, algunos nutrientes requieren una atención especial y las leches adaptadas y fortificadas pueden contribuir a aumentar su ingesta.

Aunque no existe una recomendación universal por parte de los principales organismos científicos de cara al uso de leches de crecimiento, la OMS pone el foco, primero en la superioridad de la leche materna y también en la necesidad de establecer una alimentación diversa y equilibrada, que incluye la leche animal entre las opciones alimentarias a partir de la edad correspondiente.

Por su parte, la EFSA considera que las fórmulas para niños pequeños no son necesarias de manera rutinaria. Sin embargo, reconoce que pueden utilizarse como una estrategia para aumentar la ingesta de hierro, vitamina D y ácidos grasos omega-3 y reducir el aporte proteico frente a la leche de vaca no fortificada.

Así las cosas, la posición más ajustada a la evidencia científica coincide en un punto claro: una dieta equilibrada es siempre la base. Una formulación adaptada puede aportar valor cuando ayuda a reforzar nutrientes relevantes para cada etapa.

¿Cuándo puede resultar útil una leche de crecimiento?

A tenor de la evidencia científica, las leches de crecimiento pueden ser una opción útil a la hora de aumentar la densidad nutricional de un alimento de consumo cotidiano, especialmente si la dieta habitual no está supliendo las necesidades nutricionales básicas. Así pues, su ingesta puede valorarse en niños cuya alimentación todavía es poco variada, con un consumo reducido de alimentos ricos en hierro, con una ingesta escasa de pescado u otras fuentes de omega-3, cuya dieta aporta poca vitamina D, o cuando se desea ajustar la cantidad de proteína procedente de la leche.

Una alimentación variada es la base. Una leche adaptada puede ayudar a completar lo que la dieta cotidiana no siempre aporta suficientemente. A este respecto, la gama infantil de PULEVA cuenta con distintas formulaciones diseñadas para acompañar la evolución de las necesidades nutricionales. Cada etapa es diferente y la nutrición también puede adaptarse a ella.

PULEVA Peques 2 es una leche de continuación para bebés desde los seis meses cuando se utiliza alimentación con fórmula. Cabe destacar que en esta etapa la leche materna es el mejor alimento, y solo en aquellos casos en que la lactancia materna no sea posible, no resulte suficiente o no sea la opción elegida, Puleva Peques 2 se puede integrar en una dieta progresivamente diversificada y, según la información facilitada por la compañía, contiene DHA, hierro, calcio y 13 vitaminas. Su formato líquido permite servirla sin reconstituir polvo. Por su edad de utilización, debe diferenciarse de las leches de crecimiento.

Por su parte, PULEVA Peques 3 es una leche de crecimiento lista para tomar a partir de los 12 meses. Su fórmula contiene omega-3 DHA, hierro, calcio y 13 vitaminas y PULEVA Peques 3 Original no tiene azúcares añadidos.

Un vaso aporta 38 % de la cantidad diaria de referencia indicada para hierro y contiene 13 veces más hierro que la leche de vaca. Así pues, su propuesta de valor reside en ayudar a reforzar nutrientes relevantes en una etapa en la que la alimentación todavía se está consolidando, mediante un producto cotidiano y sencillo de integrar en la dieta.

A partir de los 3 años, la alimentación infantil se encuentra más próxima al patrón dietético de la familia, pero la adecuación de determinados nutrientes sigue siendo mejorable. En este caso, PULEVA MAX aporta omega-3 DHA, hierro, calcio y 12 vitaminas. Además, PULEVA MAX Original no contiene azúcares añadidos.

Un vaso aporta el 35 % de la cantidad diaria de referencia de hierro y el 44 % de la de calcio. De este modo, PULEVA MAX permite seguir acompañando el crecimiento con una formulación adaptada a esta nueva etapa, incorporando nutrientes relevantes en un alimento habitual para los niños y sus familias.

Una nutrición adaptada para acompañar cada etapa

No todas las dietas infantiles son iguales, por lo que algunos nutrientes relevantes no siempre se consumen en las cantidades adecuadas. Las fórmulas específicamente diseñadas para la infancia permiten aumentar la ingesta de nutrientes como hierro, vitamina D u omega-3 DHA y ajustar el aporte de proteína.

Los estudios observacionales realizados en España muestran una mayor ingesta de determinados nutrientes entre los consumidores de leches adaptadas. Asimismo, algunos ensayos clínicos europeos indican que la fortificación puede mejorar indicadores relacionados con el hierro y la vitamina D.

Pero la decisión no debe plantearse en términos absolutos, sino a partir de una pregunta práctica: ¿Qué aporta ya la dieta del niño y qué puede ser útil reforzar en cada etapa? PULEVA Peques y PULEVA MAX ofrecen una respuesta adaptada a esa evolución, con formulaciones diferentes para acompañar las necesidades nutricionales desde los seis meses y durante los primeros años de vida. Alimentación variada como base. Nutrición adaptada para acompañar su crecimiento.

Referencias

OMS. Guideline for complementary feeding of infants and young children 6–23 months (2023).

ESPGHAN Committee on Nutrition. Young Child Formula: A Position Paper (2018).

Respuesta de las sociedades científicas europeas a la guía de la OMS, publicada en 2024.

Estudios EsNuPI sobre macronutrientes, vitamina D, ácidos grasos y azúcares.

Akkermans et al. Ensayo clínico sobre fórmula fortificada, hierro y vitamina D.

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