'Vergüenza' continúa con sus aciertos y sus errores

Jesús, Yusuf y Nuria./Tamara Arranz
Jesús, Yusuf y Nuria. / Tamara Arranz

La llegada de dos niños a la vida de Jesús y Nuria plantea nuevas tramas igual de embarazosas pero también igual de imposibles

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Hay un elemento que lastraba 'Vergüenza' en su primera temporada y que sigue sin solucionarse en la segunda. Es la suspensión de la incredulidad a la que se tiene que someter todo espectador si quiere disfrutar de la serie tal y como Álvaro Fernández Armero y Juan Cavestany la han diseñado. Porque, digámoslo claro, nadie, por muy cretino, ruin y mezquino que sea, abriría un boquete en el baño que da al hueco del ascensor para apuntalar la farsa que le ha endosado a su suegro: que aquellos calzoncillos sucios que vio en el bidé de su casa eran del vecino de arriba y entraron por una ventana a todas luces inexistente. Nadie tampoco, como ocurre en esta segunda temporada, haría como que habla inglés en público sin tener ni idea, sólo porque siente envidia de Guillermo (Jaime Zatarín), un padre perfecto; ni ocultaría que el paquete de rollos de papel higiénico que hay en el mostrador del supermercado es suyo sólo porque se ha encontrado con su atractiva vecina en la cola. Y menos alguien como Jesús, que ha demostrado en numerosas ocasiones no tener vergüenza alguna.

Superado ese escollo, que es importante, la segunda temporada de 'Vergüenza' se disfruta tanto o más que la primera, si bien los seis episodios de los que goza se antojan algo escasos, teniendo en cuenta que la anterior llegaba hasta los diez. Ya el arranque del primer episodio se plantea una de las grandes novedades en torno a las que avanzará esta continuación: la llegada de dos niños, Julia y Yusuf (Janik Nguenkan), a la casa de la atípica pareja que conforman Jesús (Javier Gutiérrez) y Nuria (Malena Alterio). Con los 10.000 euros que les prestó el suegro de Jesús, Carlos, (el nunca lo suficientemente bien valorado Miguel Rellán), se han ido a Etiopía a adoptar a un bebé.

Pero algo esconde Nuria, que nada más llegar al centro de adopción pregunta a la responsable si en un futuro pueden devolver al niño. En concreto, 'Can the baby return? If we don't want the baby, we can devolving the baby?'. Y es que pese a que el ginecólogo le había dicho que era imposible que se quedara embarazada, lo está. Jesús acoge la noticia con alegría, pero dice que no va a abandonar al otro bebé. La sorpresa llega cuando la responsable de adopciones aparece con un niño negro que tiene cinco años, aunque aparenta diez por un desarreglo hormonal.

Como no podía ser de otra manera, la pareja cae en todos los estereotipos del tema racial. Así, Jesús está convencido de que Yusuf «tiene unas aptitudes innatas para el deporte» y le obliga a jugar al fútbol; mientras que Nuria deja claro a Yusuf que esterilizan el chupete de la niña cuando este se lo mete en la boca porque «todos tenemos gérmenes, independietemente de la raza». Son este tipo de diálogos los que provocan estupor y vergüenza ajena en el espectador, que aún así no puede evitar echarse más de una carcajada.

Tres fotogramas de la serie. / Tamara Arranz

No es la de la flamante paternidad la única trama que hace avanzar la serie. La impotencia sexual de Jesús, el oscuro secreto de Carlos o esa versión que rueda Óscar (Vito Sanz), el amigo de Jesús, de 'El graduado', junto a su madre, en el papel de la señora Robinson, y el actor Alvaro Cervantes haciendo de sí mismo -no es el único cameo, pues también tiene una fugaz aparición la divertida Valeria Ros-, con el incesto como telón de fondo, son algunos de los arcos argumentales en los que se mueve esta segunda temporada.

Por lo demás se mantienen todos aquellos aspectos que sacan de quicio de la pareja: su incapacidad para relacionarse con los demás, la envidia que a menudo les corroe por dentro, las meteduras de pata imposibles, los aires de grandeza de Jesús -«Si queréis que le haga fotos al escalope, tenéis que respetar mi mirada», llega a decir a unos hosteleros chinos- o la falta de personalidad de Nuria, que no duda en vestir como Andrea (Marta Nieto) e imitarla en todo.

Con sus fallos, esta segunda temporada, que se estrenará el 30 de noviembre, se queda corta y sabe a poco. Habrá que ver si Movistar vuelve a darle continuidad.

 

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