'The Society', una plomiza reformulación de 'El señor de las moscas'

Cassandra y Allie Pressman./
Cassandra y Allie Pressman.

Orientada al público juvenil, la serie comienza cuando cientos de adolescentes regresan a su ciudad tras una fallida excursión y descubren que no hay ni rastro de las personas que vivían junto a ellos

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Imagínese a los 16 o 17 años. El instituto al que usted acude para convertirse en alguien de provecho ha organizado una excursión junto a sus compañeros. Se despide de sus padres y embarca en el autobús que le llevará al destino. Sin embargo, las inclemencias del tiempo han obligado a cortar las carreteras y el vehículo debe regresar a la ciudad, ya bien entrada la noche. Al llegar, ningún progenitor ha acudido a recoger a su hijo. No hay ni rastro de vida en los alrededores y, para colmo de males, el teléfono móvil no parece funcionar y no encuentra acceso a internet. Están usted y sus compañeros solos. ¿Qué harían? En el caso de los adolescentes de New Hamp, lo tienen claro: una fiesta por todo lo alto en la iglesia del pueblo.

Así comienza 'The Society', la serie que desde hace unos días está disponible en Netflix. La trama no deja de ser una reformulación de 'El señor de las moscas'. La novela de William Golding recogía el accidente de un avión inglés que se estrellaba en una isla desierta y abordaba la sociedad que una treintena de adolescentes debía reconstruir si querían sobrevivir, al verse libres de cualquier autoridad adulta. Y 'The Society' es básicamente eso, sólo que estirado casi al infinito.

La primera fiesta de la ficción televisiva da paso a los primeros saqueos. A diferencia de los supervivientes de 'El señor de las moscas', en New Hamp los inquilinos tienen todo lo que hasta el momento de la desaparición de los adultos, los niños y los mayores había en la ciudad. Tiendas, supermercados y bares están ahí, repletos de existencias, para disfrute de los adolescentes. Unas existencias que poco a poco se van a ir agotando. Y, claro, la violencia en las calles y el caos comienzan hacer acto de presencia. Y de entre todos los ciudadanos surge la figura Cassandra Pressman (Rachel Keller), una líder nata en la comunidad que pronto tomará el control de la situación.

La juerga que los adolescentes al descubrir que están solos.
La juerga que los adolescentes al descubrir que están solos.

Consciente de la necesidad de organizarse como comunidad y distribuir los trabajos que los ciudadanos deben acometer si quieren prosperar, comienza a establecer una serie reglas que el resto de adolescentes asume en mayor o menor medida. No todos ellos, sin embargo, están conformes con que sea ella quien lleve la voz cantante. Harry (Alex Fitzalan) y Campbell (Toby Wallace) ponen en tela de juicio todas sus decisiones. En el otro lado de la balanza se encuentran la hermana de Cassandra, Allie (Kathryn Newton), firme defensora de las iniciativas de la mayor de los Pressman, así como el inteligentísimo Gordie (José Julián), enamorado hasta las trancas de Cassandra, y el resolutivo Will (Jacques Colimon).

El espectador asiste así a la construcción de una sociedad en torno a un sistema de valores y reglas que funciona como un reflejo de cualquier sociedad occidental. Ahí están la guardia de la noche, una suerte de policía que va a tratar de proteger las existencias y de contrarrestar cualquier revuelta. La religión, la sanidad, el sistema judicial, la necesaria separación de poderes, la tenencia y uso de armas o la propiedad privada son algunos de los aspectos que se tocan y se debaten en una serie que también se hace preguntas sobre si el Estado debe ser totalmente transparente o no a la hora de tomar sus decisiones -esto encantaría a Pablo Iglesias-, si lo más justo es plantear unas elecciones o si es lícita la pena de muerte.

Al mismo tiempo, los chavales no olvidan que son eso, chavales. Y como tales tienen la necesidad de seguir viviendo su adolescencia: organizan juegos como la noche del fugitivo, la película de la semana o una suerte de baile de fin de curso -«¿Estamos en un capítulo de 'Riverdale' o es un experimento de la Unión Soviética», se pregunta uno en una de las pocas notas de humor que hay a lo largo de una serie que se toma así misma demasiado en serio-, para la que necesitan recopilar toda la música que hay en la ciudad en formato físico porque «todo estaba en la nube». Y, por supuesto, hay amoríos que en alguna ocasión acaban con trágicas consecuencias, pero también interesantes reflexiones acerca de evitar las apariencias y reivindicar la indivualidad del individuo más allá de la masa en la que se engloba en este peculiar instituto.

Mientras tanto se forma un comité que trata de averiguar qué ha pasado en la ciudad y por qué ha desaparecido el resto de la gente. Es triste que a este hilo argumental, tan cercano al fantástico de 'Perdidos', se le preste tan poca atención. La serie sólo da tres o cuatro pinceladas al respecto y es una pena porque en los diez episodios -algunos de ellos llegan casi a los sesenta minutos- se podría haber explorado esta senda, en lugar de dar vueltas y vueltas sobre los mismos conceptos. Algo similar ocurre con las historias que los adolescentes van descubriendo sobre sus padres: solo se ofrecen un par de detalles al inicio, y tal y como vienen se van. Uno sólo puede entenderlo como una forma de estirar el chicle.

Tres fotogramas de la serie.

Con unas actuaciones solventes -Kathryn Newton destaca entre todos los intérpretes- y un planteamiento técnico a la altura, es cierto que 'The Society' no tiene miedo a romper ciertas reglas. Y si bien está claro que Netflix ha cubierto el cupo de diversidad -no pasaría nada porque en una serie hubiera dos o tres personajes asiáticos, por ejemplo-, a la plataforma no le preocupa presentar un personaje en esta obra tan coral y matarlo en el primer capítulo -aquí el referente es 'Buffy, la cazavampiros', de Joss Whedon-, revolucionar la trama con un cambio fundamental en el tercer episodio o mostrar imágenes de cruda violencia que la alejan de la habitual serie para adolescentes.

Así que sí, 'The Society' tiene ideas muy interesantes pero queda lastrada por la manera en que Netflix aborda la mayor parte de sus series. De verdad, no eran necesarios diez capítulos de casi una hora de duración para contar de forma razonable esta historia. ¿Lo peor? Que queda abiertísima, como si apenas nos hubiéramos topado con la punta de un inmenso iceberg.

'The Society' está disponible en Netflix.