'State of the Union': diez minutos de cabreo emocional

Rosamund Pike y Chris O'Dowd./
Rosamund Pike y Chris O'Dowd.

La acción de la nueva serie de HBO transcurre en tiempo real y es exactamente el rato previo a una sesión de terapia de pareja, a la que dan vida Rosamund Pike y Chris O'Dowd

Borja Crespo
BORJA CRESPO

«Creo que los 40 son los nuevos 30, yendo más al gimnasio, y tú crees que son los 65, con hijos más jóvenes». Así de contundente es una de las frases que lanza una mujer a su quizás futuro exmarido en uno de los capítulos de 'State of the Union', una propuesta apadrinada por HBO que cuenta con un sabroso aliciente: cada episodio dura apenas diez minutos que pasan volando. La acción transcurre en tiempo real, es exactamente el rato previo a una sesión de terapia de pareja. Los dos protagonistas quedan un rato, en un bar cerca de la consulta, para tomar algo antes de la cita. Ella, en la piel de una expresiva Rosamund Pike, sensible y agitada, siempre se pide un vino blanco para tomar. Él, rol bien defendido por Chris O'Dowd, indolente y simplón, siempre llega antes para poder un par de pintas de cerveza en el cuerpo. Los diálogos se suceden con una fluidez exquisita gracias al trabajo de dirección de actores, a una certera dirección minimalista obra de un veterano que sabe lo que hace como Stephen Frears ('Mi hermosa lavandería', 'Café irlandés') y a unos giros que aportan ritmo al distanciamiento de un matrimonio en crisis. Todo parte de una infidelidad, pero el desliz en cuestión es lo de menos, una aventura puntual sin sentido. Según escuchamos a los implicados, la falta de sexo es un problema básico, y clásico, del que se queja más ella, pero uno de los peores detalles que ha roto la armonía en el hogar va por otro lado: él ha votado a favor del Brexit.

'State of the Union', presentada originalmente en la parrilla de Sundance TV, ha sido estrenada diariamente por HBO, pieza a pieza, hasta disponer de una decena de episodios en la conocida plataforma de vídeo bajo de manda, la que más cuida la calidad de sus producciones, por encima de la cantidad. Se une así a la actual tendencia de agradecidas producciones con capítulos de corta duración, como 'Bonding' o 'Special', ambas de Netflix. El título de la serie sirve de juego de palabras, ya que algunos momentos álgidos de las conversaciones entre el dueto protagónico son servidos en bandeja por la política y lo que ocurre en el planeta. Las cosas del querer se fusionan con el estado de las cosas, chocando en la mente de dos ciudadanos unidos sentimentalmente que no coinciden siempre en su manera de pensar respecto a lo que ocurre a su alrededor. Los problemas conyugales, de convivencia y de modo de ver la vida, se discuten cara a cara, pero siempre hay un poso de melancolía y de crisis existencial que va más allá del ámbito doméstico. La química entre Rosamund Pike y Chris O'Dowd es sensacional, su verborrea encendida es entretenida y embriagadora. Además, se utiliza con encanto el pequeño formato, con una única localización interior, el bar donde se reúnen los protagonistas, y un tramo exterior, el trayecto que supone ir a la consulta situada enfrente del local donde se sientan a apurar un trago antes de enfrentarse a la terapeuta, coprotagonista indirecta del relato. El periodista y escritor Nick Hornby firma los juegos de palabras, uniendo de nuevo su talento al de Frears, responsable de la inefable adaptación a la gran pantalla de su superventas 'Alta Fidelidad', donde ya hablaba de los entresijos de las relaciones sentimentales. Un torbellino de afectividad y desencuentro convertido en punzantes parloteos. Darle al palique puede ser sorprendente. Un lujo poder disfrutar de una serie mientras te tomas un café o acabas el postre, justo ese rato... ¿para qué más entre tanta oferta audiovisual?