La segunda temporada de 'Élite' es aún más loca y entretenida

La relación entre Ander y Omar pasará por un bache./Manuel Fernández-Valdés
La relación entre Ander y Omar pasará por un bache. / Manuel Fernández-Valdés

Pese a que replica la estructura de la primera temporada, la ficción gana con la llegada de tres nuevos e interesantes personajes y una trama menos reiterativa

Iker Cortés
IKER CORTÉS

No se han quebrado mucho la cabeza para dar forma a la nueva temporada de 'Élite'. Como hacía su antecesora, esta tanda de episodios arranca con un misterio, la desaparición de Samuel (Itzan Escamilla), cuya resolución no llegará hasta el último capítulo. Replica así la estructura que tan bien funcionó en su momento con secuencias que recogen las labores de búsqueda y los interrogatorios a los muchachos -no parece hallarse muy cómoda Ainhoa Santamaría en el papel de la inspectora- y el verdadero cogollo de la serie, los flashbacks que nos adentran en este universo de pijos adolescentes donde imperan la superficialidad, los casoplones, las terrazas de moda, los uniformes -uno se acuerda de la caspa de 'Rebelde Way'- y el ocio y el desfase a todo trapo. Porque sí, en la segunda temporada de 'Élite' no hay capítulo sin su fiesta o salida nocturna. Todas, o casi todas, por cierto, acaban en el mítico y también pijo Teatro Barceló de Madrid. Lo sorprendente es que la fórmula parece estar más refinada y todo funciona mejor.

Carlos Montero y Darío Madrona firman buena parte de unos guiones que, en esta ocasión, apuestan por aliviar un poco las subtramas e ir más al grano, evitando los rodeos, las sobreexplicaciones y las vuelta de tuerca innecesarias. Ojo, no hay que perder de vista que 'Élite' sigue siendo una ficción de marcado carácter telenovelesco. No cabe esperar aquí reflexiones sesudas acerca del difícil salto a la madurez que atraviesan los personajes, de los conatos de acoso escolar que sufren algunos de ellos, del duelo por la pérdida de un ser querido o de las dificultades que se encuentra un joven musulmán a la hora de aceptar su homosexualidad. Son aspectos que quedan apuntados a lo largo de los ocho episodios que abarca la segunda temporada, con mayor o menor tino, pero de forma poco profunda y con la frivolidad como santo y seña de un serial lleno de personajes caricaturescos. Técnicamente, la serie sigue mostrando un buen nivel, con algunos detalles exquisitos en lo que a la fotografía se refiere, y una buena y actual selección musical.

Guzmán, cegado por la ira tras la muerte de su hermana.
Guzmán, cegado por la ira tras la muerte de su hermana. / Manuel Fernández-Valdés.

Cabe recordar -cuidado, esto es un 'spoiler' para quienes no hayan visto la primera temporada- que en la anterior tanda de episodios se desveló que había sido Polo (Álvaro Rico), con la ayuda de Carla (Ester Expósito), quien había matado a Marina (María Pedraza) para recuperar un reloj, propiedad del padre de Carla, con una valiosa información. Ambos cargan el muerto a Nano (Jaime Lorente), hermano de Samuel y novio de Marina, que acaba acusado de asesinato y en prisión provisional. Sólo Christian (Miguel Herrán), que mantuvo un triángulo amoroso con ambos en la primera temporada, sabe su secreto. Y ahí que lo va a denunciar, hasta que un vehículo se interpone en su camino y lo manda a rehabilitación para el resto de temporada. El rodaje de 'Élite' ha coincidido con el de 'La casa de papel' y se nota.

Y así comienza la nueva temporada. Con Nano en prisión, el protagonismo recae sobre su hermano Samuel, que no dudará en adentrarse en asuntos turbios para tratar de pagar la fianza. Además, tiene un plan para acercarse a Carla porque intuye que ha tenido algo que ver en la muerte de Marina. ¿Será ella la que le hace desaparecer hacia el final? Por su parte, Guzmán (Miguel Bernardeau) está desquiciado tras el asesinato de su hermana. Su relación con la pérfida Lucrecia (Danna Paola) -es una pena que su personaje sea tan exagerado, porque la mexicana lo borda- hace aguas y la llegada de Valerio (Jorge López), un medio hermano de Lucrecia -ojo a su relación- será una mala influencia para este exagerado villano que tiene algunas de las frases más brillantes de todo el libreto. Sus sentimientos hacia Nadia (Mina El Hammani), la estudiante musulmana, no dejan de crecer. Y la cosa es recíproca, a pesar de que la familia no lo ve con buenos ojos. Este tira y afloja será uno de los arcos argumentales más interesantes, junto con el que protagonizan su hermano Omar (Omar Ayuso) y Ander (Arón Piper). La joven pareja no pasa por su mejor momento, debido a los problemas en la tienda que regentan los padres de Omar.

Arriba, Samuel, Rebeka y Nadia. Debajo, Lucrecia y Valerio, y Carla. / Manuel Fernández-Valdés.

A la incorporación de Valerio -todo un hallazgo a pesar de que el personaje arranca con muchas dudas-, hay que sumar dos nuevos personajes: Cayetana, una joven rica que no es lo que aparenta, a la que da vida de forma excelente Georgina Amoros -se le acaba cogiendo mucha manía-, y Rebeka (Claudia Salas), una joven macarra de extrarradio que gracias a los negocios turbios de su madre ha logrado incorporarse al exclusivo instituto.

Con estos mimbres, la serie funcia bien a la hora mantener la atención del espectador hasta el capítulo final, a diferencia de sus primeros episodios que, a menudo, resultaban algo aburridos. Efectista y sugerente, la conclusión es mucho más agradecida que la de la temporada anterior. En definitiva, es un producto entretenido que se devora con ganas.

La dos primeras temporadas de 'Élite' están disponibles en Netflix.

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