'Fuga en Dannemora', una absorbente escapada

Patricia Arquette, en 'Fuga en Dannemora'./
Patricia Arquette, en 'Fuga en Dannemora'.

Dirigida por Ben Stiller y protagonizada por Patricia Arquette, Benicio del Toro y Paul Dano, la serie, basada en hechos reales, relata el triángulo amoroso de dos presos con una funcionaria y su posterior huida de la prisión

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Es magistral la forma en la que arranca 'Fuga en Dannemora'. La serie que Ben Stiller ha desarrollado para Showtime pintaba bien incluso antes de su estreno. ¿Un drama carcelario con triángulo amoroso entre dos presos encarcelados por asesinato y una funcionaria? Por favor, póngannos dos. Pero es que el cineasta detrás de 'Tropic Thunder' no esconde nada al espectador y decide, con tino, contar la historia por el final, cuando Richard Matt (Benicio del Toro) y David Sweat (Paul Dano) ya han consumado su fuga.

Atrás queda Tilly (Patricia Arquette), la responsable del taller de costura de la prisión, una mujer de 51 años que lleva veintitantos casada con Lyle Mitchell (Eric Lange), un chapuzas de la prisión, que ahora mismo está siendo interrogada por la inspectora general del estado de Nueva York, Catherine Leahy Scott (Bonnie Hunt), por su presunta relación con los dos presos. Es junio de 2015 y la Policía ha tomado las calles de Dannemora, un pueblecito ubicado en el condado de Clinton, a la búsqueda de los dos fugados. Un travelling circular presenta al personaje sobre el que se centran todas las sospechas. «¿Me van a despedir?», dice preocupada. «¿Deberían?», inquiere la inspectora. «No deberían despedirme porque no he hecho nada malo... Nada malo de verdad», responde Tilly. «¿Te acostaste con los dos presos?», cuestiona Catherine. Y, tras negarlo y titubear, acaba confesando.

La acción se traslada a enero de ese mismo año. La cámara muestra con detenimiento las relaciones de poder en el interior de la prisión. Pronto el espectador descubre que Matt es un preso distinguido. Aficionado a la pintura, guarda excelentes relaciones Gene Palmer (David Morse), uno de los guardias con más reputación de la cárcel, y ha acogido bajo su ala a Sweat. Ambos pintan cuadros y retratos para los funcionarios de la prisión a cambio de favores que hacen su estancia más llevadera. Sweat, además, esconde un secreto a voces: echa polvos furtivos con Tilly aprovechando que es el supervisor del taller de costura. A voces porque la mitad de los presos intuyen que los cinco minutos que pasan en la sala de máquinas no son, precisamente, para hablar del tiempo.

Tres fotogramas de la serie.

Una redada en algunas de las celdas proporciona el punto de partida a la historia. Temeroso de que le confisquen sus pinturas, el guardia avisa a Matt y lo esconde tras de la puerta de su despacho, una entrada que conduce a las tripas de la prisión. Allí, rodeado de oscuridad, Matt vislumbrará una forma de salir de la prisión.

Una narración muy cuidada

Es el punto de partida de una serie con una narración muy cuidada -la estructura circular del segundo episodio es brillante-, que apuesta por un ritmo pausado -no hay aquí nada de la urgencia que caracterizó a 'Prison Break' ni de sus imposibles giros de guión- y cuyo peso recae en el excelente trabajo de los actores. Arquette está simplemente impresionante. La actriz lleva el personaje a esa fina línea que separa a una persona normal de la que le falta un hervor. Y lo más sorprendente es que el espectador empatiza con ella.

Por el camino, la serie traza un retrato de la difícil vida carcelaria. La ausencia de estímulos y horizontes, las complicadas relaciones con los guardias, las manipulaciones, las peleas entre reclusos y el insoportable día a día -resulta espectacular cómo, por ejemplo, evitan que las cucarachas se adueñen de una celda-, entre libros, la televisión y unos tiempos muertos que parecen infinitos. De momento, Movistar+ solo ha pasado dos episodios de los ocho con los que cuenta, pero si la serie se mantiene en esta línea, 'Fuga en Dannemora' podría ser una de las sorpresas del año.

 

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