'Élite', una oportunidad perdida

Los alumnos de 'Élite'./
Los alumnos de 'Élite'.

Ambientada en un exclusivo instituto, la nueva serie juvenil se ve lastrada por el exceso de subtramas, aunque lo borda en el apartado visual

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Es posible que la elección de un instituto elitista como trasfondo a la historia que narra 'Élite' haya apartado a algunos de sus potenciales espectadores. El pijerío, los uniformes, los casoplones, las fiestas y el lujo de los que hace gala la ficción de Netflix pueden echar a más de uno para atrás, pero tiene truco. Y es que no solo entre alumnos acomodados anda el juego.

La serie comienza con un suceso impactante: el asesinato de una estudiante en la fiesta de fin de curso. Y, al estilo de otras ficciones como 'Big Little Lies' o 'Por trece razones', vuelve atrás para contar de forma más o menos cronológica qué ha desembocado esa situación. En ese regreso al pasado, comprobamos la tormenta que ha desatado la llegada de tres estudiantes de origen humilde al exclusivo instituto de Las Encinas. ¿La razón? El centro en el que estudiaban Christian (Miguel Herrán) y Samu (Itzan Escamilla) acabó desplomándose debido a los malos materiales utilizados en su construcción. Con la intención de lavar su imagen, el arquitecto beca a los chavales para que sigan estudiando en Las Encinas, el mismo centro en el que lo hacen sus hijos. Pronto, el conflicto entre los estudiantes ricos y los de clase media-baja se hace patente.

Guzmán (Miguel Bernardeu), un pijo de manual, y su 'malísima' novia Lucrecia (Danna Paola) son los primeros en fomentar esa 'lucha de clases' que viene reogada con los arcos argumentales típicos de las series juveniles. A saber, el difícil camino hacia la madurez, los triángulos amorosos, la salida del armario, los celos, las expectativas de futuro, la presión de los padres... No es nada nuevo.

De hecho, los personajes son algo más arquetípicos de lo que cabría esperar -además de ser propensos al rácord emocional-, pese a que en general las actuaciones son, a menudo, solventes. Así, no se echa de menos al macarra de la escuela, encarnado por un cicladísimo Miguel Herrán que, posiblemente, cuente con los diálogos más frescos de la trama -impagable cuando le espeta a Nadia, la estudiante musulmana interpretada por Mina El Hammani, que a ver si le están entrando ganas de poner una bomba-. No faltan tampoco la alumna de clase alta pero rebelde (María Pedraza), que pronto hará migas con los nuevos; ni la joven promesa del tenis que, en realidad, sigue entrenando para no decepcionar a su padre (Arón Piper). Samu, por su parte, es el menos estereotipado de todos pero está abocado siempre a lidiar con los problemas que le pone sobre la mesa su hermano Nano (Jaime Lorente), recién salido de la cárcel. Casi todos ellos cuentan con subtramas, lo que entorpece en exceso una narración que a veces tiende a lo telenovelesco.

Pese a todo, la serie también tiene espacio para innovar. El arco argumental que describe la relación entre uno de los estudiantes y Omar (Omar Ayuso), un musulmán que trapichea con drogas y esconde su condición sexual, resulta certero y original. También se sale de la norma la relación abierta -sorprendentemente explícita- que protagonizan Carla (Ester Expósito) y Polo (Álvaro Rico), junto a uno de los recién llegados; así como la introducción de temas tan actuales como el uso del hiyab en público, la corrupción o la utilización de drogas con fines recreativos sin que aparentemente tenga consecuencias. Son estas historias las que pueden acercar la serie a un clásico de nuestro tiempo como 'Skins'.

En su apartado técnico, 'Élite' tampoco tiene mucho que envidiar a la producción británica. Aunque el sonido deja un poco que desear -a la crítica habitual que se les hace a los actores españoles de no vocalizar bien hay que sumar aquí que la mezcla muchas veces parece fallar-, a nivel visual la serie juega en otra liga muy distinta a la de 'Física o química' y 'Compañeros', con una fotografía muy cuidada y unos exteriores bien seleccionados. No en vano, detrás de sus episodios se encuentran Ramón Salazar y Dani de la Orden, este último responsable de comedias como 'El pregón' o la reciente 'El mejor verano de mi vida'.

Y aunque queda claro que la producción se dirige a un segmento muy concreto de la audiencia -Pull & Bear ha comenzado ya a vender ropa basada en el logo y el vestuario de la película-, no parece raro que cualquiera pueda dejarse atrapar por esta historia llena de altibajos pero con una calidad técnica incuestionable.

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