Cuando París seduce a las series americanas

La señorita Maisel es la última que ha visitado París./
La señorita Maisel es la última que ha visitado París.

Mrs. Maisel es la última que ha visitado la capital francesa, que antes ya se dejó ver en 'Los Soprano' o 'Sexo en Nueva York'

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Al cine americano siempre le ha gustado idealizar a París como la gran ciudad del amor y de la bohemia, el refugio perfecto al que cualquiera querría escapar para deleitarse con estampas románticas. Si nos atuviéramos a lo que hemos visto a través de los clásicos de Hollywood estaríamos convencidos de que todos los franceses visten con boina y se atiborran a croissants y baguettes durante todo el día, de que todas las casas tienen vistas a la Torre Eiffel, y de que por las riberas del Sena en lugar de caminar se baila.

Estos clichés se han perpetuado a través de las películas americanas más recientes y las series de esta nacionalidad tampoco han renunciado a la tentación de pintar la capital francesa a base de tópicos y postales almibaradas. El último ejemplo lo encontramos en la segunda temporada de 'La maravillosa señora Maisel', estrenada reciéntemente en Amazon. Hasta allí se desplazaba la cómica neoyorquina junto a su padre en busca de su madre, que había huido para desarrollar allí una vida que le satisficiera más que la que llevaba en Manhattan.

'La maravillosa señora Maisel', en París.
'La maravillosa señora Maisel', en París.

En el París de Mrs. Maisel no han faltado boinas, pipas, adoquines y coreografías bien iluminadas, que para eso París es también la ciudad de la luz, no lo olvidemos. En la comedia de los Palladino se exageran situaciones en busca de contrastes. Así el antipático Abe Weissman se convierte en un intelectual encantador en cuanto se mezcla con los parisinos, que lo acogen con alborozo en sus tertulias. Su mujer, por otra parte, se deleita con todo tipo de exposiciones que le propone la ciudad, adopta un cachorro y adquiere la costumbre de fumar. Oh la lá. Ambos renuncian a las comodidades a las que estaban acostumbrados en el Upper West Side para vivir en un pequeño piso sin ningún tipo de lujo. Tampoco los necesitan porque la vida en París se observa con otros colores. Lo que no varía es el humor de la propia Mrs. Maisel, que consigue sortear la barrera idiomática y encandilar con uno de sus monólogos en un bar. Dos estupendos títulos sirvieron de inspiración para armar los capítulos, 'Un americano en París' (Vincente Minnelli, 1951) y 'Los paraguas de Cherburgo' (Jacques Demy, 1964).

El equipo de producción de la galardonada serie echó el resto y desplazó el rodaje hasta Francia para dar un nuevo giro en la vida de los protagonistas y que los espectadores pudiéramos observarlos en un contexto absolutamente diferente al que estábamos acostumbrados. El barrio de la Bastilla y la isla de la ciudad fueron las localizaciones en las que se grabaron las principales secuencias. No faltó una visita al Sena y al museo dedicado a Rodin.

Carmela, en su visita a París.
Carmela, en su visita a París.

A la idea de utilizar París como emplazamiento al que escaparse para aclarar ideas o iniciar una nueva vida ya recurrieron anteriormente otros títulos como 'Los Soprano' o 'Sexo en Nueva York'. Hasta la capital francesa acudió Carmela en la sexta temporada de la ficción de la HBO en compañía de su amiga Rosalin. La esposa del mafioso de Nueva Jersey necesitaba aclarar sus ideas y poner distancia con un modo de vida que cada vez le resultaba más opresor. Un paseo por los Campos Eliseos, por el puente de Alexandre III, por la iglesia de San Eustaquio y por las Termas de Cluny le ayudaban a ver su futuro de una manera más esclarecedora.

Más frustrante resultaba la visita de Carrie Bradshaw a la localidad europea. Tras mucho pensárselo decidía abandonar Nueva York para seguir a su último amor, el artista Aleksandr Petrovsky, que se trasladaba allí para montar una exposición. La periodista y escritora se alojaba en un hotel en la avenida Montaigne, compraba en la Casa Dior, atravesaba el Puente de las Artes y visitaba la Galerie Nationale du Jeu de Paume. Finalmente se cruzaba, sin verse, en la plaza de la Concorde con su adorado Mr. Big, que acudía hasta allí a rescatarla para poner así un final feliz a su historia.

Carrie Bradshaw, con vistas a la torre Eiffel.
Carrie Bradshaw, con vistas a la torre Eiffel.

París bien vale una misa han debido de pensar los protagonistas de un buen puñado de títulos americanos. También se dejaron seducir por ella, entre otras, 'Blossom' o Brenda y Donna de 'Sensación de vivir'. Rachel de 'Friends' estuvo a punto, después de que le ofreciesen un trabajo en Louis Vuitton, pero finalmente renunciaba a desplazarse para continuar al lado de Ross.

 

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