Un buen comienzo para 'Castle Rock', el universo de Stephen King en formato serie

Sissy Spacek, en un instante de la serie./
Sissy Spacek, en un instante de la serie.

La serie, ambientada en el pueblo que el escritor pone de fondo a muchos de sus relatos, refleja fielmente la atmósfera agobiante de sus historias

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

1991. La radio del coche anuncia que la Policía ha suspendido hasta la llegada del deshielo en primavera la búsqueda de Henry Deaver, un niño de once años que lleva desaparecido varios días. Está amaneciendo. Un agente de policía decide no darse por vencido y sale del coche a la búsqueda del chaval. Con una rama, va golpeando el hielo. Las bajas temperaturas -cuarenta grados bajo cero- y la intensa nevada bien podrían haber enterrado su cadáver. Nada. Desesperado y abatido, Alan Pangborn se sienta junto al lago helado y bebe de su termo. Un rumor fantasmal sale del bosque. Entonces, a lo lejos, ve la silueta del pequeño y corre hacia él.

2018. Dale Lacy (Terry O'Quinn) se dispone a afrontar su último día como alcaide de la prisión Shawshank (sí, la misma que sirve de fondo a 'Cadena perpetua' o a 'La milla verde'). Tras despedirse de su esposa, conduce hasta el mismo lago en el que Henry apareció años atrás. Se anuda una soga al cuello y se lanza por el barranco pisando a fondo el acelerador. Pronto descubriremos que Dale escondía un secreto: había secuestrado a un joven de pocas palabras (Bill Skarsgård) y lo había enjaulado en el sótano de un ala sin usar de la prisión. Cuando encuentran al muchacho, lo único que acierta a decir es «Henry Deaver». La nueva responsable del centro penitenciario intenta mantenerlo en secreto, pero un joven funcionario de prisiones -cuesta creer que estemos ante el mismo brillante actor que dio vida al cafre de Mickey Milkovich en 'Shameless') decide llamar a Henry -un André Holland contenido y más que correcto-, convertido ahora en un abogado que acostumbra a defender a personas para las que se pide la pena de muerte. Así, se verá obligado a regresar a su pueblo y a enfrentarse a los fantasmas del pasado y del presente.

¿Qué extraña conexión existe entre ambos personajes? ¿Por qué Dale había encerrado al chico? ¿Qué otros oscuros secretos guarda esta pequeña localidad ubicada en Maine? Son algunas de las preguntas a las que 'Castle Rock' da respuesta a lo largo de sus diez capítulos. Desarrollada entre Bad Robot, la productora de J. J. Abrams, y el departamento televisivo de Warner Bros., la serie, que acaba de estrenar Movistar+ en España, toma el nombre del pueblecito en el que Stephen King ambienta gran parte sus novelas y trata de dar cohesión al universo del escritor. En este sentido, la atmósfera de la producción, agobiante y tensa, resulta excelente y apela de forma constante al tono que el autor de 'Misery' y 'Los chicos del maíz' imprime a sus novelas.

El regreso de Henry al pueblo que lo vio crecer trae a su memoria traumas de un pasado más bien difícil, como aquellos que protagonizó su padre adoptivo, un reverendo estricto y con aparentes problemas mentales, que falleció en extrañas circunstancias. A su llegada, deberá afrontar también la cada vez más frágil memoria de su madre (Sissy Spacek), aquejada de alzhéimer y que convive desde hace un tiempo con Alan, el policía que lo rescató.

Precisamente, Spacek dio vida a Carrie en la celebrada adaptación de la primera novela de Stephen King al celuloide, a manos de Brian de Palma en 1976. Es solo uno de los múltiples guiños que la serie tiene a la obra del escritor y que pueblan todo el conjunto. Sin ir más lejos Bill Skarsgård -aquí está, una vez más, inquietante- se acaba de poner en la piel del payaso Pennywise en la última adaptación de 'It' a la gran pantalla. 'Cujo' o 'El resplandor' son otros de los libros a los que la serie apunta pero, a diferencia de lo que ocurre con 'Stranger Things', este catálogo de referencias no parece forzado y para los menos duchos en el universo King pasará inadvertido.

André Holland da vida a Henry Deaver.
André Holland da vida a Henry Deaver.

Además de la presencia de quien diera vida a John Locke en 'Perdidos' en el reparto, hay algo más de la celebrada obra de Abrams en 'Castle Rock', y es esa ruptura constante de la línea temporal, con saltos en el tiempo y flashbacks que llegan a su cima en el soberbio capítulo ocho. En él el personaje al que da vida una espectacular Spacek -está brillante, moviéndose entre la cordura y la sinrazón- lucha por recuperar su lucidez en un entorno totalmente fragmentado.

Renovada ya para una segunda temporada, los créditos del último capítulo de la serie ya anuncian por dónde irán los tiros de la siguiente, que se configurará en el mismo escenario pero con otros personajes. Pese a que hacia la mitad del relato 'Castle Rock' pierde un poco el ritmo, esta primera temporada merece la pena. Muy cuidada técnicamente y estupendamente ambientada es, con toda probabilidad, la obra que los seguidores del escritor estaban esperando.

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