Buena radiografía de un trauma americano

Una escena de 'Día de patriotas'.

'Día de patriotas' recrea el atentado terrorista de la maratón de Boston de 2013, en el cual murieron tres personas y más de doscientas resultaron heridas

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Siempre hay que seguir la pista a Peter Berg, un realizador vigoroso y contundente, en la línea de Paul Greengrass, que busca el realismo en sus poderosos thrillers, como bien ha demostrado en títulos como 'La sombra del reino' o 'El único superviviente'. Incluso 'Battleship' merece más atención de la que tuvo, una excelente muestra de cine de acción dentro de los parámetros comerciales, sumido en el delirio, que no hay que tomarse en serio para ser degustado en su plentitud, como la comedia macabra que dio comienzo a su carrera como director, la negrísima 'Very Bad Things'. Con 'Día de patriotas' colabora por tercera vez con Mark Wahlbergh, reconfirmando una alianza creativa que da buenos frutos. Su anterior filme en comandilla, 'Marea negra', concentraba toda su energía en mostrar la tragedia humana de los personajes principales, su espíritu de sacrificio, presente en el ideario del país de las barras y estrellas, al igual que en el estreno que nos ocupa, recreación del atentado terrorista de la maratón de Boston de 2013, en el cual murieron tres personas y más de doscientas resultaron heridas. El filme presenta a varios de los protagonistas de la catástrofe: víctimas, allegados, policías, agentes especiales y los propios asesinos.

'Día de patriotas' busca una perspectiva hiperrealista a la hora de describir los hechos, por ello fusiona imágenes reales con otras rodadas expresamente, utilizando diferentes formatos para reforzar la estética documental en algunas secuencias, desde capturas de móviles a cámaras de vigilancia o televisión. Tras un comienzo apabullante, cargado de tensión, que nos sumerge en el dolor del atentado, sin concesiones, virulento y gore, Berg, conocedor de los gustos del americano medio, da paso a narrar la investigación que tuvo lugar para detener a los autores de la matanza, apostando por el thriller sin titubeos. De metraje algo extenso, un problema que parece acuciar a todo el cine comercial de hoy, la propuesta es ejemplar si hablamos de emoción y espectáculo. Huye del sensacionalismo y la sensiblería en sus primeros pasos, lo que es de agradecer, e introduce al espectador según avanza en su desarrollo en una intriga en estado puro, buen cine de género, que funciona como un cohete aunque sepamos el final. Si obviamos el tufillo ideológico propio de este tipo de producciones el disfrute es absoluto.