Adicción a la instantánea

'Nostalgia' es la obra más personal, radical y diferente de Andrei Tarkovski, un viaje visual de imágenes poderosas que firma en la recta final de su vida

Una escena de 'Nostalgia'.
Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

¿Cómo definir la poesía? ¿Como apropiarse del tiempo y atrapar la vida? Estos interrogantes esenciales en la creación constituyen el epicentro de buena parte de la obra de Andrei Tarkovski. Lo metafísico y lo sensorial, lo poético y lo hermético, lo críptico y lo bello, de 'El espejo' a 'Stalker', atraviesan la escritura del cineasta. Pero su obra más personal, radical y, quizás, diferente es 'Nostalgia', un viaje visual de imágenes poderosas que firma en la recta final de su vida.

Premiada en Cannes, la cinta toma como eje la presencia de Andrei Gorèakov, un poeta ruso, que recorre Italia con el objetivo de investigar la vida de un compositor del siglo XVI. En el cineasta de 'Solaris', su obra más popular, siempre conviven una delicada mirada y una aventura introspectiva, una especie de exilio interior traducido en imágenes donde la textura sugerente convierte cada filme en una experiencia fascinante. Más críptica que otras de sus creaciones, 'Nostalgia' apela, sin embargo, a las sensaciones y a la trascendencia sentimental, al descubrimiento de la mirada como epifanía existencial y vital. Una mezcla de asombro y deslumbramiento acompañan esta inmersión intelectual, pero también emocional, que propició además la revelación fotográfica del cineasta. Junto a su amigo, el poeta y guionista Tonino Guerra, que le regaló una cámara Polaroid años antes, Tarkovski se convirtió en un adicto de la instantánea.

Precisamente ese espíritu, el de atrapar el tiempo, subyace en la sustancia de 'Nostalgia'. Solo 'Melancolía' de Lars von Trier –el primer borrador se titulaba incluso 'El fin del mundo' con lo que se asemejaba aún más al aire apocalíptico de la obra del danés– se ha acercado décadas después al universo de Tarkovski y su itinerario italiano, entre cierto desamparo y la evocación de lo perdido, ese agujero negro de la ausencia. Hondura y poética envuelven este viaje documental donde intervienen pocas criaturas y sí muchas conmociones. Su estilo, la mayor libertad de acción, transforma el filme en un verso libre, y su escritura posee una enorme radicalidad.

Tres escenas de 'Nostalgia'.

Lo premonitorio, el destierro, la búsqueda, el deseo, el laberinto sobre uno mismo sostienen el andamiaje de un filme que destila una pureza insuperable. Entre ensoñaciones y recuerdos, que alimentan toda su obra, el cineasta, aquí sobre todo poeta, busca un soplo de vida que contrarreste el escepticismo sobre el mundo que preside su visión. Misterio y enigma fundidos en paisajes brumosos, la sexta cinta del maestro rodada en Italia, transparenta extrañeza y efluvios biográficos traducidos en esa figura del ruso que abandona su país. No es ficción ni documental, 'Nostalgia' es un estado de sitio emocional, una estancia donde nos buscamos a nosotros mismos. Una imagen varada que busca su sentido. Su teoría cinematográfica, la de «esculpir en el tiempo», se manifiesta aquí de forma radical en una superposición de lugares, deseos y perspectivas. Memoria y recuerdo frente a hechos.

Intimidad y belleza entrelazadas. «Para encontrar la forma de cambiar el mundo debo encontrar la forma de cambiarme a mí mismo», escribió el cineasta. Si uno revisa su corta pero intensa filmografía obtiene la sensación de que todo era una senda de fragmentos y espejos rotos en busca de este penúltimo espejo. Después llegaría la muerte tras un rastro de poesía visual.