Luis Tosar: «El narco en Galicia era casi un orgullo nacional»

Luis Tosar encarna en 'Quien a hierro mata' al jefe de enfermeros de una residencia de ancianos que recibe un paciente muy especial.

El ganador de tres Goyas encarna al cuidador de un veterano traficante en 'Quien a hierro mata', un thriller de Paco Plaza que va mucho más allá de una historia de venganza a lo Charles Bronson

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Luis Tosar (Lugo, 1971) sabe reírse de su imagen en el cine, como ha demostrado en un anuncio de cerveza. El ganador de tres Goyas, que conserva en casa de su madre porque prefiere no ver los premios, borda los personajes de hombres torturados condenados a usar la violencia, ya sea un maltratador en 'Te doy mis ojos' o el brutal Malamadre de 'Celda 211'. Al verle en el póster de 'Quien a hierro mata' podría pensarse que el gallego vuelve por sus fueros, pero la película de Paco Plaza es mucho más compleja que una historia de venganza a lo Charles Bronson.

Tosar da vida al jefe de enfermeros de una luminosa residencia de ancianos a la que llega un paciente muy especial: un veterano narco en la antesala de la demencia y la incapacidad. Mientras los dos hijos del capo tratan de hacer negocios sin la sombra paterna, este cuidador abnegado y profesional, que se encuentra a punto de ser padre por primera vez, dará rienda suelta a su rencor acumulado durante años.

–En el rodaje de 'El Niño' le pregunté si había aprendido algo sobre el narcotráfico. Y me contestó: «Soy gallego».

–Bueno, aprendí cosas... 'El Niño' retrataba una actualidad boyante en el Sur de España, como pudo ser el narcotráfico en Galicia en los 80 y 90. 'Quien a hierro mata' muestra un mundo más crepuscular, aunque el tráfico de drogas sigue activo. Es como si un pantano pierde agua y afloran las ruinas de los pueblos que anegó.

–¿Ha variado la apreciación social del narcotraficante en Galicia?

–Sí. El distanciamiento temporal ayuda a que los veamos de otro modo. Ya no son tan temidos y respetados, el personaje de Xan Cejudo deja entrever esa fragilidad: unos tipos que fueron los reyes del mambo y ahora son vulnerables. Ha pasado el huracán, vemos el desastre y ya no impera la ley del silencio. Antes, en algunos lugares todas las instituciones sociopolíticas tenían algún tipo de vínculo con el narco, hoy está más metido en un gueto. Mucha gente ha renegado y hay una visión más crítica. El narco se aceptaba como si fuera parte del folclore, no se consideraba casi ni delito. Hoy se ha tomado conciencia de la magnitud de los hechos.

–Un poco como ha ocurrido con ETA en Euskadi...

–Sí. La distancia hace que las cosas se vean de manera más objetiva, sin el calentón de estar dentro. Mira el caso de 'Patria', ahora es posible porque hay distancia. O el conflicto en Colombia, que dentro de un tiempo originará materiales sobre lo que ocurrió durante sesenta años. En Galicia durante dos décadas han pasado muchas cosas.

– ¿Ha visto 'Fariña'?

– Vi algo...

– ¿No cree que el fenómeno del libro y la serie ha podido acabar dotando de glamour el mundo del narco gallego?

– Es inevitable. 'Fariña' ha sido una especie de exorcización para la gente: contemos lo que pasó y también con la parte de cachondeo que tenía el asunto. Yo lo he vivido. En el Lugo de los años 80, el narco era una cosa casi de orgullo nacional. Con el tiempo vas viendo el reverso, no todo era tan lúdico y festivo. Por otro lado, el retrato del delincuente, de la mafia, narrativamente siempre ha dado mucho juego.

Enric Auquer, que da vida al colérico hijo del narco, y Luis Tosar en 'Quien a hierro mata'.
Enric Auquer, que da vida al colérico hijo del narco, y Luis Tosar en 'Quien a hierro mata'.

– En la película también aparece el mundo de la música, que usted conoce tan bien con su grupo Di Elas. Casi parece escrita para usted.

– Tengo referentes muy cercanos del desastre que dejó la heroína. La escena musical de Lugo fue arrasada por la droga, gente a la que admiraba, con bandas de las que yo era groupie. Cuando leí el guion confieso que no me dieron muchas ganas de hacer la película, me dio mucha pereza meterme en ese terreno. Y después estaba el mundo de la paternidad... Acababa de ser padre por segunda vez hacía seis meses. Mi energía emocional en ese momento iba en las antípodas de un guion maravilloso. Después descubres que es posible la conciliación familiar y profesional. Puedes entrar en territorios oscuros y volver a casa con el alma limpia.

– Tiene pinta de ser buen padre.

– Me gusta serlo, quiero ser un padre presente. Cuando eres padre a cierta edad tienes la sensación de darle caña porque no va a durar mucho. Me agobiaba la idea de ser actor con un hijo, pero es posible. 'Quien a hierro mata' me ha servido para comprobar que puedo introducirme en territorios oscuros en el mundo de la interpretación y llegar a casa siendo una persona normal. Más o menos, ja, ja.

– Ha conocido el mundo de los cuidadores para preparar su personaje.

– Sí. En esta sociedad damos la espalda a la tercera edad, ya no existe el consejo de ancianos... Rodamos en una residencia muy luminosa, con muchas actividades para los mayores. Ser cuidador tiene un ingrediente vocacional brutal.

– No sabemos muy bien quién es el bueno y el malo de la película, y eso nos incomoda.

– Esto no es puro entretenimiento, te fuerza a hacerte preguntas. Quizá el juicio que acabas de emitir al minuto siguiente cambia. La gente que aparentemente es buena a veces se ve abocada a cometer un acto atroz.

– El filme demuestra que vivir con rencor no merece la pena.

– El rencor es una especie de adicción, mi personaje es un yonqui del odio. Sabe que lo que va a hacer va a ser perjudicial pero sigue adelante.

– ¿La escena del parto es real? ¿Estuvo usted presente?

– Sí, soy de las pocas personas que tiene dos hijos y tres partos. Nos inmiscuimos en un acontecimiento único de otras personas, que nos hicieron partícipes de su intimidad. A mí me parecía hasta violento. Fue un momento muy especial.

– Se ha cachondeado de su imagen violenta en un anuncio de cerveza.

– Se trataba de reírse de uno mismo. Me hizo mucha gracia.

– Rodó 'Miami Vice' a las órdenes de Michael Mann. ¿Volverá a retomar la aventura americana?

– Alguna vez lo pienso, pero se me antoja un esfuerzo descomunal para el tipo de vida que llevo, un infierno. Y ya con familia me parece muy complicado. Si en aquel momento hubiese aprovechado el tirón lo tendría más fácil. Pero tenía proyectos suculentos en España, como ahora. Eso no quiero decir que descarte cosas que vienen de fuera.

– ¿Es cierto que sus tres Goyas están en casa de su madre?

– Sí. Todos los premios se los llevo. Yo no quiero tenerlos delante, me hace mucha ilusión recibirlos, pero no verlos y recordar que uno tiene que hacer las cosas para ganar premios.

Una compleja fábula moral con actuaciones memorables

'Quien a hierro mata' no tiene mucho que ver con 'Fariña', aunque muestra con detalle costumbrista la manera de hacer de los narcos: los ajustes de cuentas, su estética, la manera de comunicarse en una 'operación' mediante llamadas perdidas a móviles... A Paco Plaza, que ya avisó con la deslumbrante 'Verónica' de que el género de terror se le quedaba pequeño, le interesa más el descenso a los infiernos del protagonista, un buen tipo que se encuentra ante la oportunidad de vengarse del hombre que ha destrozado su vida.

Un guion milimétrico de Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría administra la información: ¿qué le ocurrió a este hombre en el pasado para que se obsesione con su nuevo paciente? La última media hora de metraje, en la que se precipitan los acontecimientos, demuestran el talento de Plaza como narrador. No estamos ante una mera crónica de venganza, sino ante una compleja fábula moral que incomoda, rodada como si fuera uno de esos thriller coreanos en los que temes los estallidos de violencia insoportable.

Luis Tosar dota de vulnerabilidad y dolor un personaje que encarna de manera simbólica a todo un pueblo gallego que ha sufrido y sigue sufriendo el narcotráfico. En un reparto donde no chirría ni un figurante sobresalen dos actores extraordinarios: Xan Cejudo, profesor de interpretación de Tosar fallecido el pasado año tras encarnar a este narco impotente en una cama mientras su poder se descompone en las manos de sus hijos, y Enric Auquer, su hijo en la ficción, deslumbrante cruce de Sonny Corleone y El Neng de Castefa, firme candidato a Goya al actor revelación.