'Feedback': torturado por el #MeToo

Ivana Baquero y Eddie Marsan en la cámara anecoica del estudio de radio donde transcurre parte de la acción de 'Feedback'.

Llega a los cines la película española más sorprendente de la temporada, un angustioso thriller ambientado en su totalidad en un estudio de radio que lleva al extremo las ansias de justicia de las víctimas de abusos

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Un estudio de radio transformado en sala de tortura quizá puede hacernos pensar en nuestro locutor más odiado. 'Feedback' convierte una emisora de manera literal en la pesadilla de un poderoso periodista que encuentra la horma de su zapato ante el micrófono. Jarvis Dolan (Eddie Marsan) es la estrella del programa nocturno 'La cruda realidad', el más polémico y oído de la radiodifusión británica. Un incendiario nato que una noche, en plena emisión, contempla cómo dos encapuchados irrumpen armados en el estudio. Exigen que confiese en antena qué ocurrió con dos jóvenes admiradoras que subieron a la habitación de su hotel hace unos años.

'Feedback', que llega a los cines españoles este viernes, es una de las sorpresas de la temporada por varias razones. Parece una producción de Hollywood hecha en Londres, pero en realidad es una película española rodada en un plató a 40 kilómetros de A Coruña con unos pocos planos de exteriores filmados en la capital inglesa. Los actores son británicos –salvo la española Ivana Baquero, aquella niña de 'El laberinto del fauno'– y todos los técnicos son españoles, incluido su director, Pedro C. Alonso (A Coruña, 1975), un cotizado realizador publicitario que ha trabajado por todo el mundo. «Si la hubiésemos hecho en Londres habría costado el triple o el cuádruple», constata. «Y con las jornadas que tienen estipuladas allí no podríamos haberla rodado en cuatro semanas».

Su ópera prima asume el reto de atrapar la atención del espectador durante hora y media sin salir de una emisora de radio, con la paradoja de que resulta un lugar aislado aunque haya un micrófono abierto y millones de personas escuchando. «La idea original era todavía más radical», revela. «La acción transcurría en tiempo real, sin apenas elipsis, arrancando con el protagonista entrando en el estudio». 'Feedback' también impacta por la inesperada violencia de los secuestradores, que hace pensar por un momento en el 'torture porn', ese subgénero del cine de terror donde los personajes son sometidos a toda clase de perrerías, como en la saga 'Jigsaw'.

«Necesitaba cierta contundencia al inicio, enseñar el barranco al que se va a asomar el protagonista», explica el director. «Quería dejar claro que la amenaza era muy real y que no solo estaba en juego el estatus social, sino la integridad física». El desasosiego del filme no procede sin embargo de la violencia explícita –«prefiero sugerir que mostrar, si eres muy gráfico el espectador tiene enseguida recursos para desconectar»–, sino de la tensión administrada de manera sabia desde el guion y una puesta en escena que juega con el sonido. De ahí que uno de los escenarios sea una inquietante cámara anecoica diseñada para absorber las ondas sonoras.

Uno de los secuestradores de 'Feedback'.
Uno de los secuestradores de 'Feedback'.

Pedro C. Alonso no quiere que 'Feedback' se vea como una cinta política que denuncia el poder de los medios y la impunidad de los comunicadores. Hacer arder las redes sociales se acaba pagando. «Los cinco personajes principales son poderosos por diferentes razones, ejercen su poder de manera corrupta y perniciosa, sin importarles las consecuencias», describe el realizador. «No es gratuito que la película acabe y comience en un despacho de jefe, un lugar de decisión que siempre es independiente del sitio donde se ejerce la actividad».

«Si hubiésemos hecho la película en Londres habría costado el triple o el cuádruple» pedro c. alonso

'Feedback' también puede contemplarse como la cinta que lleva el #MeToo hasta sus últimas consecuencias, aunque su autor matiza que el guion se escribió en 2013, mucho antes de que estallara «un movimiento que tenía que ocurrir como reacción contundente ante algo que era clamoroso». Resulta inevitable pensar en Jimmy Saville, el presentador de la BBC que abusó durante décadas de más de 200 niños y adultos.

«En 'Feedback' no hay política, es una peli de entretenimiento», remarca el director. «Cuando la ficción intenta darme lecciones morales no me siento cómodo como espectador, no me gusta que me digan qué debo pensar». La gran baza del filme es Eddie Marsan, un actor de rostro inolvidable al que hemos visto en 'V de Vendetta', 'Sherlock Holmes' y la serie 'Ray Donovan'. «Necesitaba alguien que en un plano pareciera vulnerable y al siguiente despiadado. Si el prota fallaba, todo lo demás se derrumbaba. Y Eddie resultó un actor generoso y una gran persona».

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