Dolph Lundgren: «Ahora basta con un Oscar para ser superhéroe en el cine»

Dolph Lundgren y Florian Munteanu, como Ivan y Viktor Drago./
Dolph Lundgren y Florian Munteanu, como Ivan y Viktor Drago.

«La gente se ha dado cuenta de que puedo actuar y no tengo por qué estar pateando culos todo el rato», afirma el actor que vuelve a dar vida a Ivan Drago en 'Creed II'

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

A sus 61 años, Dolph Lundgren se mantiene en un estado de forma envidiable. Con 1,96 metros de altura y la complexión de un portero de discoteca -de hecho, desempeñó esta labor mientras mientras completaba su máster en ingeniería química en la Universidad de Estocolmo-, el actor sueco impone lo suyo. Pero las apariencias engañan. Afable y divertido, la imagen que proyecta Lundgren en sus intervenciones en público es diametralmente opuesta a la del villano de acción que cultivó en gran parte de sus trabajos actorales durante los ochenta y los noventa. Ahora, en 'Creed II: la leyenda de Rocky', vuelve a dar vida a Ivan Drago, su primer papel y el personaje que lo dio a conocer internacionalmente.

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Aquel boxeador de la Unión Soviética que se enfrentó a Rocky Balboa (Sylvester Stallone) en 'Rocky IV', la cinta que escenificaba la guerra fría sobre un cuadrilátero, hace décadas que colgó los guantes pero no ha olvidado su derrota. Todo lo contrario. Durante estos años ha estado entrenando a su hijo Viktor (Florian Munteanu) para vengarse de Balboa. Y entonces cuando Adonis Creed (Michael B. Jordan), el pupilo de este último, se alza con el título de los pesos pesados, ve su oportunidad.

Tras perder ante Rocky, la nación dio la espalda a Drago. Ya mayor, se da cuenta de que tiene pocas posibilidades de alcanzar su sueño. «Va un poco a la desesperada», explica Lundgren, que confiesa que se siente muy identificado con el personaje. «Me he visto en esas situaciones. He sido rechazado por la gente; muchos creían que no podía actuar y, de hecho, estuve mucho tiempo sin participar en grandes películas. También pasé por un divorcio, he tenido mala relación con mis hijos y, físicamente, por hacer tanto deporte y tantas escenas de acción me he hecho daño», comenta. «Así que no quiero quejarme -dice entre risas-, pero si me centro en el recorrido sentimental, es un personaje muy cercano».

En esta ocasión Stallone, que ha coescrito el guión junto a Cheo Hodari Coker, ha tratado de humanizar a su personaje, algo que lejos de asustarle, Lundgren estaba deseando. «Pensé que apenas iba a hablar otra vez», dice. Lo cierto es que el Ivan Drago de 'Rocky IV' parecía casi un robot y sólo pronunciaba 46 palabras en toda la película. «Los personajes eran casi dibujos animados. Los americanos eran los buenos y los soviéticos los malos, no había grises. Ahora las cosas no son tan sencillas y eso se ve reflejado en un guion que no ha simplificado en exceso. Yo diría que ahora el mito de Ivan es más fuerte porque tiene una dimensión humana que yo creo que es muy interesante».

Un rodaje «muy relajado»

Si hay unas escenas icónicas en la franquicia, esas son las recogen los exhaustivos entrenamientos de los púgiles. Cabe preguntarse cómo fue para Lundgren verse en el otro lado. «Estuvo muy bien, fue muy relajado», dice entre carcajadas. Y continúa: «No, en serio, me permitió centrarme más en la trayectoria emocional del personaje, aunque también me puse en forma porque me gusta estar fuerte, pero me impresionó el entrenamiento que tuvo que hacer Florian, porque me acordaba del mío en el 85. Yo creo que Sly era más exigente; recuerdo acabar la película agotado».

Rocky Balboa golpea a Ivan Drago, en 'Rocky IV'.
Rocky Balboa golpea a Ivan Drago, en 'Rocky IV'.

En este sentido, el sueco asegura que los límites en el cine de acción están ahora «más difuminados» ya que la realidad «es más compleja». «En el 85 si querías ser una estrella del género, tenías que saber karate o ser mister universo en halterofilia, ahora te basta con ganar un Oscar con un papel dramático y sales en la próxima película de 'Los vengadores' o DC», explica. A juicio del actor, la saga de Rocky es «especial» porque requiere no solo unas condiciones físicas sino también una actuación. «Con la evolución de mi personaje, la gente se ha dado cuenta de que puedo actuar y no tengo por qué estar pateando culos todo el rato», afirma.

Lundgren confía en que su personaje tenga mayor recorrido, ya sea en la serie, con una posible tercera entrega, o en otro formato. «Un 'Meet The Dragos', en plan reality, estaría muy bien», comenta entre risas. No cree, pues, que la franquicia acabe agotando al espectador. «Siempre ha habido una fascinación con las películas de boxeo. Las franquicias funcionan porque a los espectadores les gusta ahondar en los personajes y además son el único tipo de películas donde puedes meter a las tres generaciones de la familia, como con las de superhéroes, aunque es verdad en que hay demasiados filmes de este tipo. Yo mismo no tengo tiempo de ver todas, aunque me encanta actuar en ellas», señala quien también tiene un papel en 'Aquaman'.

¿Catalogaría entonces 'Creed II' como una película familiar? «Sí. A ver no para los niños muy pequeños porque es violenta pero si para los preadolescentes. Tiene un mensaje muy positivo acerca del perdón, la paternidad y la compasión. Tanto en 'Aquaman' como en ésta mi personaje funciona como un catalizador de ese perdón y en el mundo de hoy en día es una satisfacción porque hay mucha violencia. Yo antes era el que disparaba todo el rato en la pantalla y para mí este es un buen cambio».

Un fotograma de la película.
Un fotograma de la película.
 

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