En cartelera

'En buenas manos': la aventura de la adopción

Gilles Lelouche y Elodie Bouchez, un cuidador y una mujer que ansía ser madre en 'En buenas manos'.

Un millón de franceses se han emocionado con 'En buenas manos', que detalla el proceso legal de adopción y realiza una encendida defensa de la sanidad pública

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'En buenas manos' arranca, como tantas películas, con un parto. Una chica da a luz un bebé sano y hermoso. La diferencia con otros alumbramientos es que ella no quiere ver ni tocar a su hijo. Entonces, se pone en marcha el mecanismo para entregarlo en adopción. La directora y actriz Jeanne Herry no juzga la decisión de una madre que no quiere serlo. Su propósito es detallar con ánimo didáctico, pero sin renunciar a la emoción, el proceso legal por el que un niño acaba en una familia de acogida y los desvelos de todas las personas que intervienen en el mismo.

François Truffaut sostenía que si nosotros no damos amor a nuestros hijos, ellos lo buscarán en otro lado. Jeanne Herry, hija de la actriz Miou-Miou y del cantautor Julien Clerc, ha cautivado a más de 900.000 espectadores en Francia con una cinta que sigue en cartelera dos meses después de su estreno y que aspira a siete Premios César, los 'Goya' franceses. El rigor a la hora de documentarse y la ternura con la que muestra el deseo de ser padres y el trabajo de los funcionarios son las claves de su éxito. Su humanidad recuerda el cine de Truffaut, el director que mejor ha hablado de la infancia.

Por 'En buenas manos' desfilan una mujer que lleva diez años queriendo ser madre (Elodie Bouchez), una trabajadora social que reparte cariño mientras su matrimonio se viene abajo (Sandrine Kiberlain) y un hombre que cuida a los niños antes de que sean entregados en adopción (Gilles Lellouche). No vamos a descubrir a estas alturas a tres estrellas del cine francés que siempre están impecables, pero es que hasta la última enfermera que aparece en pantalla rezuma verdad y verosimilitud.

Sandrine Kiberlain y Gilles Lelouche, en 'En buenas manos'.
Sandrine Kiberlain y Gilles Lelouche, en 'En buenas manos'.

Hemos visto muchas películas sobre las raíces de un hijo adoptado. Pero ninguna ha abordado un proceso en el que todas las garantías recaen en el niño. La directora se interesó por el tema cuando una amiga la llamó emocionada y asustada, contándole que en cuatro día veía a un bebé francés y, si todo iba bien, podría llevárselo a casa. «Fue una revelación. Entonces comprendí que la tarea de los trabajadores sociales es encontrar padres para un bebé, y no encontrar un bebé para padres sin hijos», aclara Herry.

Ambientada en la Bretaña francesa, 'En buenas manos' es una encendida reivindicación de la sanidad pública y de la profesionalidad de sus trabajadores. No soslaya las dificultades a las que se enfrentan padres y empleados: retrasos en el proceso, inadaptación de los niños, estrés laboral que machaca la vida privada... «Por encima de todo, es una película sobre el triunfo de lo colectivo», defiende Jeanne Herry. Cinco niños, de días y semanas, participaron en el rodaje. El clímax dramático, con Elodie Bouchez conociendo al fin a su hijo, se rodó, aunque parezca increíble, con un muñeco para no crear vínculos que después fueran problemáticos con los críos. Si todo el equipo acabó llorando en esa escena, lo mismo le sucederá a los espectadores, incluidos aquellos a lo que no se les ha pasado jamás por la cabeza ser padres.