'El asesino de los caprichos', Maribel Verdú y Aura Garrido, en una 'buddy movie' femenina

Maribel Verdú y Aura Garrido, en 'El asesino de los caprichos'./Manu Trillo.
Maribel Verdú y Aura Garrido, en 'El asesino de los caprichos'. / Manu Trillo.

Gerardo Herrero dirige este thriller, que aborda la cacería de un asesino en serie, con nervio y buen ritmo pero que se mueve por caminos demasiado transitados

Boquerini .
BOQUERINI .

Gerardo Herrero presentó este lunes en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, 'El asesino de los caprichos', un thriller ambientado en la llamada 'milla de oro' de Madrid, en pleno barrio de Salamanca, donde un asesino en serie está dando pasaporte a personas adineradas con un rasgo común: todas son coleccionistas de arte o se mueven en el mundo de las subastas de multimillonarias.

Con Maribel Verdú, Aura Garrido, Daniel Grao, Antonio Velázquez, Roberto Álamo, Ruth Gabriel, Bianca Kovacs y Ginés García Millán en el reparto, cuenta la investigación que llevan a cabo una inspectora de policía (Verdú) y su subinspectora (Garrido), en una carrera contrarreloj para atrapar a un 'matarife' que coloca los cadáveres que va dejando a su paso emulando los diferentes caprichos que grabó Goya.

A partir de un guion de Ángela Armero, Herrero desarrolla un thriller perfectamente ambientado, donde la mezcla de suspense y el universo artístico de los coleccionistas de cuadros funcionan bien. La novedad en este caso es que dos mujeres inspectoras son el motor de la acción, dando lugar a una 'buddy movie' femenina.

«La madre de la guionista es grabadora de obras de arte -explicó Herrero-, lo que me ha permitido conocer a fondo ese mundo mucho más oculto sobre como se hacen los grabados y conocer a fondo la Calcografía Nacional, que me ha fascinado». En este sentido, los grabados de Goya resultan fundamentales. «Con ellos, el artista hace un retrato de la sociedad española muy duro, y los hace para conseguir que su hijo tenga una pensión. Poco después se exiliaría en Burdeos», afirmó.

Para Aura Garrido, «trabajar al lado de Maribel genera tan buen rollo que en el rodaje ya tuve la mitad de mi trabajo hecho. Se trata de poder hacer a una inspectora y a una subinspectora muy diferentes, obligadas a trabajar juntas y aunque los personajes no se llevan nada bien porque una antepone su trabajo y la otra su vida familiar, nos lo pasamos tan bien que ha sido maravilloso». Por su parte, Verdú da vida a una mujer cercana al alcoholismo que debe batallar en un mundo de hombres: «He compuesto el personaje a base de ver cine clásico toda mi vida. Pero lo de beber y fumar ya lo sabía hacer muy bien», comentaba ayer entre risas. «Ensayamos mucho y nos documentamos en una comisaría, sobre todo a como hay que andar, coger una pistola», abundó. La actriz habló de su pasión por hacer cine de ciencia ficción, género para el que últimamente no le han ofrecido gran cosa: «Siempre me llegan proyectos de sufridora, en el que se te aparecen todos los demonios. Pero he hecho muy poco cine fantástico. Me gustaría mucho hacer una película de ciencia ficción, pero de mala malísima. Por eso el premio de Sitges me hace tanta ilusión. Me llega en un momento muy especial».

La película, que se estrena este 18 de octubre, se mueve por caminos demasiado transitados. Ya hay demasiadas películas en la que los psicópatas asesinos ejecutan sus crímenes según patrones preestablecidos, por lo que la trama resulta más que previsible, y las sorpresas de guion son escasas. Sin embargo, Gerardo Herrero imprime a esta historia mucho nervio y un buen ritmo, muy en la línea de los thrillers de Hollywood. Por su parte, Verdú y Garrido hacen gala de una fabulosa química, lo mejor de la película.