'Cold War', el telón de acero del amor

Un fotograma de 'Cold War'.

Pawel Pawlikowski, director de la oscarizada 'Ida', vuelve a deslumbrar con un romance en los tiempos de la 'guerra fría'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Si las fotografías en blanco y negro de Robert Doisneau cobraran movimiento podrían formar parte de 'Cold War', el regreso de Pawel Pawlikowski después de ganar el Oscar con otra película que revisaba la historia de su país con música de jazz: la maravillosa 'Ida'. De nuevo vuelve a deslumbrar con una historia de amor a través del tiempo, que arranca en las ruinas de la Polonia de posguerra y prosigue en los tiempos de la 'guerra fría' en Berlín, París y Split. Wiktor (Tomasz Kot) y Zula (Joanna Kulig) se conocen en una agrupación folclórica. Y ese amor los unirá y separará a lo largo de la década de los 50 en una Europa divida por el Telón de Acero.

'Cold War' se inspira en los padres del propio Pawlikowski, que comparten los nombres de los protagonistas. Los amantes reales murieron en 1989, sin ver derribado el Muro de Berlín. Pasaron cuarenta años juntos de forma intermitente, rompiendo, peleándose y castigándose a ambos lados del Telón de Acero. «Eran personas fuertes y maravillosas, pero como pareja eran un auténtico desastre», afirma el director.

Apenas 84 minutos le bastan a Pawlikowski para ajustar cuentas con la Historia a través de la relación entre este músico y compositor y la cantante y bailarina. De los coros y danzas polacos pasamos a las cuevas del Saint Germain parisino a ritmo de jazz. Y siempre en blanco y negro. «Polonia no era como Estados Unidos, que en los años 50 era todo color saturado. En Polonia, el color era anodino; había grises, marrones, verdes. No era por gusto, era la vida real», argumenta el realizador.

Melancólica y hermosa hasta quitar el aliento, 'Cold War' es un ejemplo de cómo contar la Historia a través de lo íntimo. La década de vicisitudes de sus protagonistas son también el sórdido retrato de la vida bajo el yugo estalinista. Un recordatorio de que ningún régimen dictatorial puede con el amor y la música. «Zula y Wiktor tienen otros amantes, relaciones, esposos y esposas, pero con el tiempo se dan cuenta de que no querrán a nadie como se quieren el uno al otro», afirma Pawlikowski. « A pesar de las idas y venidas históricas y geográficas, nadie conoce al otro tan bien como ellos mismos».

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