Es tiempo de cortejos y cópulas

Una pareja de calamón cumún, especie amenazada copula en la Charca de Suárez / J. E. GÓMEZ

El cambio climático adelanta la actividad sexual en los espacios naturales | Aves, insectos y anfibios inician un mes antes sus ciclos reproductivos animados por temperaturas de primavera

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Un insistente crujir de ramas de aneas se mezcla con el sonido de chapoteos que delatan que algo se mueve rápido en el borde de la fina lámina de agua de la laguna. Desde la tupida barrera de aneas aparece un gran ave de color púrpura de pico y largas patas rojas. Es un calamón hembra, una especie amenazada de extinción que intenta sobrevivir en los escasos humedales que aún quedan en el litoral e interior de Andalucía oriental. Se deja ver con movimientos lentos y su cabeza erguida. De inmediato, desde el otro lado de la ribera, un calamón macho inicia un corto vuelo a ras de agua para situarse junto a la hembra. Levanta su pico al cielo y se alza sobre sus largas patas mientras rodea a su pareja, que muestra su consentimiento al combar las alas y situarse de espaldas para que el macho pueda subir sobre el lomo de su 'partenaire' para unir sus colas y depositar el esperma en el aparato reproductor de la hembra. Son solo unos instantes, un tiempo tras el que la hembra agita sus alas para ayudar a los espermatozoides a llegar al ovario.

Ocurría en la laguna del Álamo, en la Charca de Suárez de Motril, donde observar la cópula de un calamón (Porphyrio porhyrio) no significa asistir al apareamiento de un ave, es constatar que esta especie, incluida en las listas rojas de especies amenazadas, que hasta hace dos décadas solo podía encontrarse en pequeños reductos en Doñana, logra incrementar sus dominios y el número de individuos que forman sus poblaciones. Granada es, desde hace unos años uno de los espacios naturales donde se ha aclimatado y afianzado su presencia en el humedal costero granadino. Pero este año, los calamones, como otras muchas especies de aves, reptiles, e incluso insectos, han adelantado sus tiempos. La bonanza climatológica ha activado el reloj biológico que les indica que es tiempo para reproducirse aunque no haya llegado la primavera. Especies como los ánades reales, los patos habituales de ríos y lagunas, ya comenzaron sus cortejos a inicios de enero, con pollos nacidos en pleno invierno.

En el campo

En un paseo de observación por espacios naturales de la provincia de Granada, por sus humedales, sierras, campos y riberas, es fácil contemplar las evoluciones de diferentes tipos de fauna, vertebrados e invertebrados, que ya responden a la llamada de la naturaleza. Tórtolas, trigueros, grandes sisones, aves de estepas y llanuras, donde los cernícalos primilla copulan en los tejados de los cortijos abandonados. En los bordes de bosque, acantilados y cortados, los colirrojos vuelan unos tras otros para unirse y anidar en las oquedades. Los gorriones, en las ciudades y pueblos, se reúnen en tejados y huecos de árboles, donde ya se oye el insistente piar de los polluelos. Pronto los estorninos poblarán las plazas con sus reiteradas reproducciones y puestas de huevos.

En las acequias comenzarán las continuadas y potentes llamadas de cortejo de los sapos y las ranas, incluida la ranita cantora del sureste, acequias en las que será posible observar los largos cordones de huevos depositados entre dos aguas.

En el universo de los insectos, la falsa primavera ha alterado considerablemente los ciclos y ya es posible ver nubes de mosquitos eclosionados con más de un mes de antelación. Las libélulas ya vuelan en tándem (su posición para la reproducción) sobre las láminas de agua.

Pero el adelanto puede acarrear graves problemas para la supervivencia de las especies. La alteración de los ciclos reproductivos provoca que los nacimientos se produzcan antes de tiempo, en momentos en los que aún no se ha producido la explosión primaveral y puede que no haya tanta comida como requiere el cuidado de los recién nacidos. Si una pareja de aves insectívoras o granívoras o puede llevar al nido la ración de comida que necesitan sus polluelos, porque los insectos de los se alimentan no han eclosionado, o ya lo hicieron semanas antes, las larvas ya son adultas y el grano de los trigales aún no ha fructificado, no podrán alimentar a sus hijos y los pollos no saldrán adelante.

En la naturaleza, todos han de cumplir sus ciclos vitales en su momento, la alteración de los ciclos provoca cambios drásticos en los ecosistemas. Si hay insectos que nacen antes de tiempo y destruyen los brotes de plantas que no logran crecer, afectará a otros que liban de las flores, a aves, reptiles y micromamíferos que se alimentan de ellos, y a grandes depredadores que no tendrán sus habituales presas.

La bonanza climática altera las pautas de la biodiversidad y no augura buenos tiempos, aunque por el momento convierte los espacios naturales en territorio para el amor y la esperanza.

Cada cual a su manera

La reproducción en los espacios naturales, reportaje en Waste Magazine