«La montaña es una escuela de vida»

Carlos Soria, ayer en el congreso CIMAS de Granada./Juan Enrique Gómez
Carlos Soria, ayer en el congreso CIMAS de Granada. / Juan Enrique Gómez

El alpinista Carlos Soria muestra el espíritu de las altas cumbres en el congreso CIMAS | Granada es desde ayer el centro de atención del universo de las altas cumbres y sus áreas protegidas

JUAN ENRIQUE GÓMEZGRANADA

Su vida está unida a las cumbres, a los escarpados relieves de las mayores montañas del mundo. Carlos Soria, ha tenido el privilegio de contemplar la tierra desde sus más altas cima y situarse en los puntos en los que es posible 'tocar' las estrellas. A sus 79 años de edad está considerado como uno de los mejores alpinistas del mundo y lleva a gala el amor y la pasión por la naturaleza a la que, asegura, debemos conocer, respetar y sobre todo cuidar. Ha sido protagonista de la primera jornada de trabajos y sesiones universitarias del Congreso Internacional de las Montañas, CIMAS, que ayer inició su andadura y que se mantendrá hasta el próximo domingo. El alpinista, con una docena de 'ochomiles' en su haber, es una de las personas más capacitadas para poder ofrecer una visión 'in situ' de la realidad de la vida en la montaña.

Su imagen es la de un hombre sereno, delgado y enjuto, fibroso y fuerte, curtido por nieve y ventiscas, que considera que la edad no es lo importante, sino el cómo lo lleves y cómo te encuentres, «si puedes, hazlo, eso sí, con el sentido común como base». Ha acudido al congreso de las montañas porque se encuentra en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada, del que asegura que es uno de los mejores lugares del mundo para que un alpinista pueda entrenar.

«Es un privilegio poder dormir varias noches a 2.300 metros de altitud, y además poder prepararte en un lugar como Sierra Nevada», porque en este momento, el veterano alpinista está a punto de partir hacia el Himalaya. «Voy a intentar coronar el Dhaulaghiri y después, si es posible, el Shisha Pangma» las dos cumbres que le faltan para convertirse en una de las pocas personas que ha logrado 14 cimas catalogadas como las más altas del planeta, y desde luego el único que lo consigue a su edad.

Salvar la naturaleza

Soria, natural de la ciudad de Ávila, pero que ha vivido casi siempre en Madrid, dice que trabajó de tapicero, «pero la verdad es que ese joven artesano, en realidad, había nacido alpinista», y se hace una pregunta: «¿Quién le iba a decir a aquel chavalito de una familia humilde que llegaría a conocer tantos rincones del mundo, y ha sido gracias a las montañas, a esa pasión que me ha hecho ver que el mundo es maravilloso, y no lo tratamos lo bien». Conoce el paisaje, la tierra y sus rincones desde perspectivas imposibles, y no tiene una opinión positiva de lo que se está haciendo con él. «Es increíble ver como la mitad del mundo se muere de hambre, y en otra gran parte se matan unos a otros, y nos comportamos fatal con la naturaleza, no tanto con las montañas como con el mar». No solo le entristece, sino que le hace ser batallador. Considera que «cada uno deberíamos poner algo de nuestra parte, porque los gobiernos siempre dicen que se va a hacer un plan, pero es a largo plazo, y la naturaleza necesita soluciones a la voz de ya. Es la gente la que debería comprometerse y actuar controlando sus propios consumos. No son necesarias tantas bolsas de plástico, tanta gasolina. Es imprescindible que cuidemos el planeta». Está convencido de que la Tierra, ante esta agresión continua, «no hay más que ver el estado del mar con los plásticos, y el deterioro de algunas montañas, para entender que la Tierra se defienda, y algún día lo hará».

Carlos Soria sabe ver el valor de las cumbres pequeñas y medias. «No por haber coronado ochomiles, hay que despreciar otras cotas y otras cumbres, otros territorios. Es maravilloso disfrutar de la sierra de Gredos, de la maravillosa Sierra Nevada, las cotas más altas de la península, con la impensable proximidad al mar, es un territorio singular, ahora precioso con tanta nieve. Cuando conoces las cotas más elevadas del mundo, es cuando más puedes apreciar el valor de la proximidad, de lo que nos rodea, no importa su altura para disfrutar de ellas. Son nuestras montañas, las de nuestra juventud, muchas y maravillosas».

La montaña es una escuela de vida. «Si te gusta, adelante, la montaña tiene espacios para todos». Vas a tener unas vivencias formidables, experiencias que nunca olvidarás». La montaña, sobre todo, necesita sentido común.

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