Los riesgos del oscurantismo

El gobierno cumple cien días, con dos crisis en su seno. El consejo de ministros y ministras, que recibió a su llegada una mayoritaria aceptación, va perdiendo fuelle

Pedro Sánchez, a su llegada el miércoles a la sesión de control al Gobierno /EFE
Pedro Sánchez, a su llegada el miércoles a la sesión de control al Gobierno / EFE
Eduardo Peralta
EDUARDO PERALTA

¿Qué habría pasado esta semana si no se hubiera conocido que la ministra Carmen Montón había copiado su trabajo de fin de máster? Un día antes reivindicó su honestidad y marcó distancias con el caso Cifuentes: «No todos somos iguales». Incluso el presidente del Gobierno había reconocido su «extraordinario trabajo» como titular de Sanidad «y lo va a seguir haciendo». Pero tres horas después dimitió sin un ápice de arrepentimiento ni pedir perdón por un comportamiento que no se le puede permitir a quien ejerce un cargo público y provoca la pérdida de confianza en las instituciones.

Sánchez cometió otro error al confiar en una de sus ministras más queridas. Se le puede perdonar que no supiera, como el resto de ciudadanos, que Montón había plagiado el trabajo, pero eso puso en el ojo del huracán al propio presidente con su tesis doctoral. Existir existía desde 2012 pero nadie había podido tener acceso al documento hasta este viernes ¿Por qué no antes? No entiendo que un trabajo de esas características permanezca oculto y menos cuando se accede a la Moncloa y uno se expone a ser escrutado hasta en los mínimos detalles. Son los riesgos del oscurantismo para que algo no se conozca. Este lunes en la inauguración del año judicial, en una sesión en la que se puso de manifiesto la fortaleza de nuestro Estado de Derecho, con la necesaria separación de poderes y su independencia, la fiscal general del Estado, María José Segarra, evocaba el conocido lema de «no hacer nada que no se pueda explicar». Esa es la clave de cualquier actuación política.

No tengo conocimiento para saber si Sánchez copió lo suficiente para aceptar su tesis doctoral o no, pero se ampara en el resultado de las herramientas digitales antiplagio para decir que sufre un «acoso indeseable», por aquello del ataque como mejor defensa. Me fío más de los análisis cualitativos sobre un trabajo de investigación y unas conclusiones solventes, que deben valorar los miembros de un tribunal lo suficientemente prestigiados y reconocidos en la materia, aspecto que casi nadie acepta en este caso.

El gobierno cumple cien días, con dos crisis en su seno. El consejo de ministros y ministras, que recibió a su llegada una mayoritaria aceptación, va perdiendo fuelle. Las rectificaciones no cesan y la última de esta semana ha sido aceptar la venta de bombas a Arabia Saudí por valor de nueve millones de euros que rechazó la ministra de Defensa, Margarita Robles. La decisión ponía en juego el contrato de 2.000 millones para la construcción de corbetas para aquel país en San Fernando (Cádiz) pero resulta que los explosivos son «de láser de alta precisión y no se van a equivocar matando a yemeníes». Vamos, inteligentes.

Sánchez es rocoso y hábil para permanecer impávido ante las adversidades, como lo ha demostrado en esta su segunda vida política. Él supo aguantar y ha llegado a la Moncloa. No ha sido el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, que ha preferido abandonarla tras perder con Casado. Lo curioso es que el nuevo líder del PP tiene que soportar la pesada mochila de su máster también en la Universidad Rey Juan Carlos, mientras Albert Rivera ha corregido su currículum académico. Todos quienes se dedican a la política deben saber que la honestidad y transparencia en estos tiempos son imprescindibles para ganarse la confianza de la ciudadanía. ¿No les parece?

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