Salvar Abengoa

La entrada en preconcurso de acreedores, o sea, la suspensión de pagos de toda la vida, de la empresa Abengoa da un golpe contundente a los sueños de normalización de la economía española

LALIA GONZÁLEZ-SANTIAGO

La entrada en preconcurso de acreedores, o sea, la suspensión de pagos de toda la vida, de la empresa Abengoa da un golpe contundente a los sueños de normalización de la economía española, al repetido estándar de que la crisis ha quedado atrás. Si existían serias dudas en la gente de la calle acerca de esta afirmación, y no hay más que ver la dramática cuestación del Banco de Alimentos durante este fin de semana, la caída de un gigante como el grupo sevillano da qué pensar acerca de la fragilidad de las alharacas de los gurús.

También cuestiona los sueños de que una Andalucía industrial e innovadora, capaz de llevar al mundo alta tecnología, es posible. El mantra del 'nuevo modelo económico' tenía su primer anclaje en la empresa creada hace 75 años en Sevilla, que luce a la entrada de la capital, en Palmas Altas, un modernísimo complejo donde se alberga además la Universidad Loyola, aunque hay que tener en cuenta que se trata de un caso muy concreto de una firma que ha medido mal sus fuerzas y ha sido cuanto menos imprudente en lo financiero.

Los expertos, desde la atalaya andaluza, creen que no habrá más remedio que arreglarlo, por aquello de los daños colaterales, el 'too big to fail', pero la preocupación es más que evidente en ámbitos empresariales y laborales. Es amplio, y frágil, el tejido industrial innovador que se vincula a Abengoa y sus empleos. La imagen de España y de la comunidad se resentiría. Salvarla, pues, se convierte en una cuestión de Estado. Ante la envergadura de la deuda y la cantidad e internacionalización de los acreedores, la presidenta andaluza, Susana Díaz, ha puesto la pelota en el tejado del Gobierno central, eso sí, desde la unidad de acción, «de la mano». Pero hará falta mucho más: una actuación incluso diplomática, en lo político, que fuerce voluntades. Pero con fondos buitres por medio no es de esperar margen para la lírica. Hoy hay una primera reunión de los acreedores con KPMG, la primera de un camino largo y contra reloj. El daño, probablemente, ya está hecho.

 

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