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AGENCIA SINC
Jueves, 12 de marzo 2015, 00:15
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Hace unos años, durante un trabajo de campo en España, Klaus Reicherter, investigador de la Universidad Técnica de Aquisgrán (Alemania), encontró un estrato extraño en un acantilado de la playa de Barbate. Todo indicaba que se trataba de depósitos relacionados con algún maremoto, «pero no lo teníamos muy claro», explica Reicherter, autor principal de un estudio publicado en la revista 'Sedimentary Geology'.
«Lo primero que pensamos fue que los restos de tsunami estaban relacionados con el terremoto de Lisboa de 1755, por el espesor y otras características de los sedimentos, pero en los métodos de análisis empleados las fechas no encajaban y excluimos el tsunami de Lisboa», dice a Sinc Benjamin Koster, investigador en el centro alemán y coautor del trabajo. Los resultados de la datación mostraron que un gran tsunami tuvo lugar hace 4.000 años en la región de Barbate y sus marismas.
Los datos hallados a lo largo de cinco kilómetros entre Barbate y Zahara de los Atunes coincidían con los de otro estudio que descubrió en 2005 evidencias de un tsunami en el Parque Nacional de Doñana y en el Golfo de Cádiz, ocurrido hace unos 4.200 años. «El evento de hace 4.000 años parece además haber sido potente dado el espesor de los depósitos, las características erosivas y el tamaño del grano de los fragmentos de rocas transportados», señala Koster, quien añade que la fuente desencadenante del tsunami pudo ser diferente a la de 1755 por la arquitectura interior y las características erosivas de los depósitos.
Con este y otros trabajos anteriores, el equipo revela que, durante los últimos 7.000 años -periodo que, hasta el momento, registra evidencias sedimentarias de paleotsunami en el Golfo de Cádiz-, la costa suroeste de España ha sufrido un mínimo de ocho maremotos destructores. «Esto implicaría una recurrencia estadística de un gran tsunami cada mil años aproximadamente», dice Koster.
Los informes históricos y los registros más modernos de la altura de las olas a lo largo en la zona han confirmado que sucesos extremos ocurrieron durante los últimos siglos en la costa española, pero no habían podido registrarlos mucho antes porque para ello era necesaria la información sedimentaria.
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