De casta de fontaneros

Si se mira bien, la de Susana Díaz es una decisión a contracorriente

LALIA GONZÁLEZ-SANTIAGO

La presidenta de la Junta ha dicho no a los viejos, como la heroína bíblica del episodio Susana y los viejos, también llamado la casta Susana, que rechazó las proposiciones indecentes de un par de vejestorios y a punto estuvo de ser lapidada cuando éstos le acusaron de adulterio. A Susana Díaz no la ha salvado un milagro del profeta Daniel, que es quien cuenta la historia, sino su propia voluntad, su cálculo de los tiempos y un convencimiento íntimo de que lo que tiene que hacer es quedarse y cumplir con la tarea que lleva entre manos, que no es menos que mejorar la situación de la comunidad con más paro de España. Los datos económicos, casualmente (?) conocidos ayer, le acompañan y refuerzan tanto su convicción como su propia trayectoria. Además, en este cuadro una nueva investidura en Andalucía sería injustificable.

Con su negativa, Susana Díaz se hace fuerte. Primero, frente a «los viejos», los dinosaurios del partido que la impulsaban a dar el paso. Les ha dejado con dos palmos de narices y ha revelado que es autónoma en sus decisiones, que no necesita su tutela. Gracias, pero no. No es de «la casta», ha dicho, «mi casta es la de fontaneros, como mi abuelo y mi padre», declaró, ocurrente.

Quizá sí ha escuchado a José Antonio Griñán, que ya se sabe que no da consejos a nadie, pero cuyo criterio está muy presente en su sucesora. Por el contrario, habrá que ver cómo han recibido Rubalcaba y los suyos el recado que la presidenta andaluza les ha enviado, en modo «hay mucho que cambiar». El malestar andaluz con la dirección ha sido evidente.

Si se mira bien, la de Susana Díaz es una decisión a contracorriente. Lo normal en la política, y en la vida, es escalar cuando la ocasión se presenta. Su desaparición de la escena del PSOE federal puede facilitar la renovación de prácticas internas, qué otra cosa les queda al PSOE, pero no la va a dejar fuera de juego. Seguirá mandando, por vía interpuesta, con la fuerza de los votos, y se mantendrá como referente, quieran o no sus rivales. El famoso tren que ha dejado pasar ya le llegará.

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