Luis Cañadas deja huella de su maestría en la Galería Jover

La exposición de este miembro de Movimiento Indaliano tiene un cierto carácter antológico y estará hasta el 15 de diciembre

I-F. AALMERÍA.
Reproducción de uno de los paisajes castellanos captados por el pincel de Luis Cañadas. :: IDEAL/
Reproducción de uno de los paisajes castellanos captados por el pincel de Luis Cañadas. :: IDEAL

Considerado como el pintor indaliano más imitada por los paisaje almerienses de los últimos tiempos, pese a que sean otros nombres los que figuran con una mayor fama, Luis Cañadas (Almería, 1928) demuestra su maestría en la Galería Jover con una exposición que posee un cierto aire de antológica, aunque tal vez ese aire provenga más de la organización que del propio pintor, quien, según todos los indicios, fue el que corroboró las muestras del Castillo de Santa Ana, de Roquetas de Mar, en la primavera de 2008 y de Granada un año después.

Sea como sea, siempre resulta un momento oportuno para contemplar la creación artística de Luis Cañadas, uno de aquellos jóvenes que se pusieron el mundo por montera cuando aún sonaban las bombas de la Guerra Civil y, con la pintura como bandera, crearon uno de los movimientos artísticos de mayor empuje colorista en aquellos años grises y que, sin duda, con mayor o menor aceptación, con mayor o menor rigor, con mayor o menor 'merchandaising' en una época en la que España desconocí tal palabro, ha quedado impreso en la historia de Almería, y no solamente pictórica, en particular, e incluso artística, en general.

De nacimiento

De las numerosas que se han dicho de Luis Cañadas, y se puede añadir que también de las que se dirán a lo largo del tiempo, tal vez una de las más significativas, si es que no es la más significativa, es que «nació pintando» porque, desde sus años de colegio, acaso mejor escuela, y en tales edades eso quería decir unos 5 años, no ha habido muchas personas que le ganas y le haya ganado en dibujar caballos o elefantes, por ejemplo, o cualquier otro tema que le pasara por su imaginación infantil. «Era muy divertido porque pintábamos rodeados de la gente del barrio, de los niños, de los gitanillos. A los niños les llevábamos caramelos porque, cuando se enfadaban, nos tiraban piedras y teníamos que salir de allí volando con los caballetes. Pero eran unos ratos estupendos en un lugar que, actualmente y por desgracia, ha perdido el encanto tan grandísimo que tenía», ha comentado Luis Cañadas sobre sus pinturas de y en La Chanca.

Tema éste como los paisajes mediterráneos y luminosos que afloraron también durante sus años en Madrid, porque «lo que se vive en la niñez marca para toda la vida. Uno siempre se asoma a ellos con nostalgia, como si fueran un paraíso perdido. Cuando uno ha corrido bajo las parras de Almería y se ha subido a las higueras para coger la fruta, todavía verde, y ha jugado a la orilla del mar. Son sensaciones que obligatoriamente afloran en tu obra. Yo he pintado los desiertos donde luego se rodaron películas del oeste y lugares con una belleza tan peculiar como el valle del río Andarax, donde junto a un vergel aparece un desierto en un paisaje completamente maravilloso. Es un lugar al que nadie se acerca, a pesar de que está a 30 kilómetros de Almería».

Pero también lo nuevo con otras vivencias no puede dejar de inspirar a un artistas y más si se trata de otro paisaje que recibe una similar luminosidad, más que por la potencia del sol, por la amplitud de sus llanuras como es el caso de Castilla, a la que Luis Cañada, que firma los murales rehabilitados hace unos años de la Estación de Autobuses, hoy Mercadona, considera su tierra adoptiva y que posee, según sus propias palabras, «otro paisaje que me llena mucho».

Fotos

Vídeos