Mirada poética contra la guerra

La libanesa Dalia Khamissy presenta 'Espacios abandonados' en el CAF

I-F. AALMERÍA.
Dalia Khamissy ante una de las fotografías de la exposición mostrada en el CAF. :: J. J. MULLOR/
Dalia Khamissy ante una de las fotografías de la exposición mostrada en el CAF. :: J. J. MULLOR

Es difícil conocer el origen de la guerra en general e incluso las verdaderas causas de cada una en concreto, tal como sostuvo la fotógrafa libanesa Dalia Khamissy, una de las personas que durante años, y además de su adolescencia y de su juventud, vivió y sufrió ese invento humano casi a diario y con un hito desgarrador en extremo en el año 2006. Tal vez resulten necesarias esas vivencias para dejar el trabajo de editora fotográfica en una agencia internacional, tomar una cámara y, un año después de la llegada de la paz, o al menos del cese de los bombardeos, salir a la calle y captar las imágenes dejadas en algunos espacios abandonados, pero con huellas inanimadas de la presencia humana.

Y ésas son precisamente las imágenes, con tal título 'Espacios abandonados', que la fotógrafa libanesa presenta hasta el 22 de noviembre en el Centro Andaluz de la Imagen - Centro Andaluz de la Fotografía (CAI -CAF) y con las que inicia su nuevo curso expositivo. La muestra, que se ha podido contemplar ya en otras ciudades andaluzas, fue presentada oficialmente ayer por la directora general de Museos y Promoción del Arte, Inmaculada López Calahorro, junto a la autora, especialmente trasladada para la ocasión, la delegada provincial de Cultura Yolanda Callejón, y el director del CAF, Pablo Juliá.

Estética

Fue éste, tal vez debido al bagaje que sustenta su trayectoria, el que destacó la especie de contradicción que conllevan las imágenes de Dalia Khamissy, «con una mirada alternativa absolutamente distinta y al mismo tiempo muy eficaz», al no recoger una guerra a tiempo real, sino un año después, y captar la soledad de tal manera que obliga al espectador a preguntarse por dónde están las personas que habitaron esas casas, que se sentaban en esos sofás o que utilizaban esos teléfonos.

«La estética de las fotografías contradice una dura realidad. Presentan una visión tremendemante poética que habla de un drama y tal vez esa pasión sea un medio importante para entrar en ese drama», sostuvo Pablo Juliá. «Son fotografías de una extraña belleza con una saturación cromática generada por el sol y la luz que entran por los boquetes producidos por las bombas y acarician muebles sin vida. La increíble y triste belleza de lo destruido. No podemos escapar a esa disyuntiva que plantea la autora».

Dalia Khamissy calificó la exposición, que comprende 16 fotografías de gran tamaño- como «algo muy personal», tan personal que aseguró no haber tenido en cuenta a la hora de captar las imágenes ni el fotoperiodismo en general -en estos momentos se habla ya de antifotoperiodismo- ni la fotografía de guerra más en concreto. Añadió que se trata de un proyecto totalmente terminado -de hecho trabajo ya en otros y ha vuelto a sus tareas de editora fotográfica- y precisó que no sería mala idea tratar de llevar la cámara en estos momentos a esos mismos espacios, aunque matizó que algunos ya no existen al haber sido demolidas las edificaciones o al haberse levantado otras construcciones. Dalia Khamyssy, que ha pasado temporadas en Barcelona, señaló que en la vida actual del Líbano existen violación de los derechos humanos, violencia de género o cortes de agua y de luz.

«No voy a reivindicar estas fotos como un documento periodístico, pero creo que lo son, están perfectamente documentados con lugar, fecha y hora», opinó Pablo Juliá al considerar que la amplitud del concepto de periodismo también permite la alternativa de un información que no resulte a tiempo real. La consideración encaja con el criterio de la fotógrafa libanesa utilizó para su 'trabajo de campo': «El mundo perdió paulatinamente el interés en las noticias del Líbano y se olvidó de su población, cuya vida había dado un giro para siempre. Había conocido el conflicto a través de la mirada de mis compañeros, pero esta vez era testigo directo.en silencio. Los muebles que quedaron atrás daban testimonio de miles de historias y recuerdos de familias que había compartido una vida entre paredes hoy decoradas con grietas y humedad».

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