Se redescubren las canteras califales de la Alcazaba de Almería tras diez siglos de su abandono

Cultura inicia 'Visitas singulares' con un recorrido por el vivero que dio piedra a todo el mundo

I-F. AALMERÍA.
Los participantes en la ruta escuchan las explicaciones del arqueólogo de la Alcazaba. :: M. MANZANO/
Los participantes en la ruta escuchan las explicaciones del arqueólogo de la Alcazaba. :: M. MANZANO

Es un elemento que forma parte del alejamiento a pasos agigantados que ha vivido -o padecido- Almería en relación con su historia y con sus entornos, pese a que una pieza de ese elemento se denomine 'Tesoro' y que ese elemento constituya la faceta de uno de los esplendores mayores que ha tenido la ciudad. Las canteras califales de la Alcazaba -e indirectamente toda la historia de este sector hasta la época de nuestros abuelos- fueron redescubiertas ayer, diez siglos más tarde de su cierre por agotamiento, al ser el contenido de 'Visitas singulares', el programa puesto en marcha por la Delegación Provincial de Cultura, como continuación del anterior 'El espacio del mes', para promocionar y acrecentar el conocimiento -tal vez inagotable- del Conjunto Monumental de la Alcazaba.

Y, como si de los propios canteros se tratase, las treinta personas participantes protagonizaron una aventura al desarrollarse en unos terrenos dejados de la mano de Dios y al mismo tiempo desconocidos por la práctica totalidad de los almerienses. Vayamos por partes. Ubíquense ustedes, si logran situarse, en las estribaciones del Cerro de las Mellizas, con el Barranco Caballar como fondo, el recién Jardín Público La Chanca de sótano y frente a las Cuevas de San Joaquín. Tras la fatiga de la subida que ha precedido, dulcificada, eso sí, por unas vistas de la Alcazaba impagables y desconocidas porque inéditas no pueden calificarse al estar ahí, aunque no sean contempladas, y con el añadido de una ladera verde gracias a las lluvias, se inicia -con el casco correspondiente, salvando todos los vértigos habidos y por haber y haciendo sendero al 'senderar', eso sí, entre el tapiz vegetal generado por esas lluvias con unas florecientes 'varitas de San José', se inicia, repito -porque ¡vaya parrafada!-, un remonte hasta la cantera denominada, como se adelantaba en la primera frase, 'Tesoro', la más alta de las registradas y que en realidad son dos intercomunicadas de 19,50 y 16,50 metros de profundidad, de 6,5 y 5,5 de ancho y de 15 y 8 metros de altura, respectivamente.

Humedad

No se extrae piedra de ella -o de ellas- desde el año 1147 después de haber suministrado ese elemento durante algo más de un siglo y, pese al tiempo transcurrido, su estado de conservación es tal que permite conocer, sobre todo a ojos de investigador, técnicas de extracción debido a las huellas dejadas, y nunca mejor expresado, esculpidas en piedra. Y el guía del recorrido, Lorenzo Cara Barrionuevo, arqeólogo de la Alcazaba y que dispone de ese ojo investigador, señaló, entre otros ejemplos, la extracción de sillares enteros de 40 por 60 como si fueran ladrillos u otros más pequeño al estilo de bordillos de las aceras.

Del Terciario, geológicamente hablando, este yacimiento, que se considera adosado a la Sierra de Gádor, presenta una piedra de color amarillento frente al grisáceo o violáceo de las piedras de esa sierra. De una primera y externa apariencia de dureza, se trata en realidad de piedra húmeda. Se extraía sobre todo durante los meses del verano y de ese modo lograr un secado más rápido y poder apreciar en consecuencia su utilidad porque la ductilidad aparejada a la solidez era uno de los requisitos para las excavaciones de una cantera junto la disponibilidad de su apertura y la flexibilidad para su transporte. «Son elementos históricos de primer orden porque se asocian a la construcción de la Alcazaba y de las murallas de Hairán, porque no fueron modificadas y por su estado de conservación en estos momentos», sostuvo Lorenzo Cara Barrionuevo. Un torreón conservado en la calle Fernández, próximo a las viviendas 'azules', destacó el arquitecto para explicar el uso de esta piedra y precisó que, más que solidez, que es aportada por el tapial y especialmente por la cal empleada en el mismo, arrojaba prestigio.

El valor histórico-artístico de estas piedras, y por tanto de las canteras, proviene, en primer lugar, de su carácter fundacional. Con ellas se creó Almería por Abderramán III y por ellas fue conocida como 'la ciudad de piedra'. Puede reivindicar su primicía como primer reino de taifas y celebrar antes que Granada su 'Millenium'. En segundo lugar, y con el siglo XIX de fin tanto del carácter histórico como de las extracciones al quedarse en tajos de subsistencia, con ellas como referente y por las que continuaron en explotación desde el siglo XII Almería fue conocida en todo el mundo. Su importancia fue tal que relegó al mármol de Macael a un segundo plano y fue la piedra el elemento, por ejemplo, con el que Almería acudía a exposiciones universales. La celebrada en Filadelfia en el año 1870 constituye una de las ocasiones más recordadas.

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