Y esta playa, ¿de quién es?: Almería y Murcia se disputan Cala Cerrada

Cala Cerrada, también conocida como Cala de los Cocedores/GUILLERMO CARRIÓN
Cala Cerrada, también conocida como Cala de los Cocedores / GUILLERMO CARRIÓN

Cala Cerrada -o de Los Cocedores, como también se le conoce- es oficialmente mitad almeriense mitad murciana. Sin embargo, Pulpí quiere un deslinde porque cree que es históricamente suya

MIGUEL CÁRCELESALMERÍA

A Cala Cerrada -es como se llama realmente la playa que los vecinos de Águilas y de Terreros, en Pulpí, llaman como Los Cocedores- se accede por un camino de tierra que parte, justamente, de donde dos enormes letreros marcan el límite jurisdiccional de Andalucía y de la Región de Murcia. El cambio de municipio, de provincia y de comunidad autónoma se nota sólo en el asfalto: la Junta remozó hace poco la zona sur de la linde con una rotonda en la que se cruzan la antigua carretera de Cuevas del Almanzora a Águilas con la actual variante de Terreros. El firme murciano, por contra, es algo más añejo. El serpenteante camino pasa frente a la Casa del Inglés, un chalé que antaño tuvo que albergar todo tipo de lujos y que a día de hoy, en ruina, estaría en manos de un buen puñado de herederos -dicen los vecinos-. Y tras el escueto serpentear, de menos de 200 metros, dos macizos, la Punta Parda y el Cabezo Negro, delimitan lo que es casi una piscina natural: una ensenada de aguas calientes en la que sumergir el cuerpo cuesta una larga caminata mar adentro.

Allí, justamente en el medio de la ensenada, ubica el Instituto Geográfico Nacional la marca histórica: el límite entre el término municipal de Pulpí y el de Águilas, entre la demarcación provincial de Almería y la de Murcia, entre la comunidad autónoma andaluza y la murciana. Un espacio sentido como propio por todos, pero administrativamente partido en dos.

Sin embargo, esta línea imaginaria que separa lo que nadie ve como troceado está ahora en cuestión. El Ayuntamiento de Pulpí disiente del límite administrativo y ha iniciado los trámites para que el Gobierno central marque la territorialidad con un deslinde. Lo aprobó en su último pleno municipal. Y lo ha hecho reavivando una polémica que perdura desde hace décadas. Al menos desde el siglo XVI, fecha en la que los ayuntamientos de Vera y Lorca (entonces Pulpí y Águilas no existían como términos municipales) acudieron al Real y Supremo Consejo de Castilla para «partir», en terminología de la época, sus correspondientes jurisdicciones.

El pleito de entonces -que se resolvió 237 años después de que ambos ayuntamientos acudieran a los tribunales, nada que envidiar a la situación actual de la Justicia- marcó los límites en un mojón que denomina como «Mahoma Santiago en la lengua de mar». Y ahí está el disenso. Porque 'Mahoma y Santiago' -un nombre que bien pudiera hacer referencia a la división entre territorios cristianos y musulmanes en la Edad Media- es otro nombre por el que se conoce a la Punta Parda (el macizo norte de la playa). Pero la lengua de mar sería la propia ensenada. Son apenas unos metros, pero permiten considerar Los Cocedores íntegramente almeriense o, por contra, compartida en hermandad con Murcia.

El disenso entre ambas partes es, desde entonces, desde el siglo XVI, un tema recurrente. Oficialmente la frontera que se mantiene es la que se dictaminó en el Acta de Líneas Límite firmada por ambos ayuntamientos, ya sí Pulpí y Águilas, en 1889. Pero ni siquiera entonces hubo acuerdo. Águilas recogió en dicha acta sus diferencias de criterio ya que, según el decreto real por el que se creaba su municipio (de 1834) se le cedía a su Consistorio una jurisdicción de dos leguas a la redonda de la creciente población costera murciana. Eso incluiría en su jurisdicción incluso Terreros, el Pozo del Esparto o la pedanía de El Pilar de Jaravía.

«La línea límite actual, la oficial, es la que se establece en las actas de 1889», insistieron a IDEAL fuentes del Instituto Geográfico Nacional. Un decreto del Ministerio de Hacienda de la época conminó a todos los ayuntamientos de España a delimitar fehacientemente sus jurisdicciones y amojonarlas en acuerdo con sus vecinos. A día de hoy, el Instituto Geográfico Nacional tiene digitalizadas todas las actas. Y entre sus departamentos mantiene uno curiosísimo encargado, precisamente, de velar por el estudio, documentación y propuesta de dictamen para el establecimiento de las jurisdicciones oficiales. «Las líneas se pueden cambiar si se demuestra de forma fehaciente que antes había unos límites distintos reconocidos. Nosotros tendríamos que estudiar el caso, hacer una resolución preceptiva pero no vinculante, y el Gobierno sería el que decidiría», abundaron. La línea válida sería, en caso de disenso, la más antigua de las trazadas como indudablemente válida. Y aquí hay un matiz importante, porque -es obvio- la cartografía de los siglos XII o XV, por poner alguna fecha, no es lo fiable que lo son las fotografías cartográficas aéreas de la actualidad. Además, los topónimos también han cambiado.

Pulpí ha desempolvado un plano de la época de Isabel II (1855) que, por contra a todo lo anterior, situaría el límite de Almería en la zona de Matalentisco, 2,27 kilómetros más al norte. Otros planos más antiguos llegan a situar Cabo de Cope, 14 kilómetros más al norte del actual límite, dentro del Reino de Granada.

La cuestión no es baladí en el siglo XXI, ya que los servicios administrativos vienen determinados por estas líneas imaginarias. Hace algunos meses, la Región de Murcia instaló una señalización turística en la zona -conocida como Las Cuatro Calas y con protección natural en la Región de Murcia-. A los pocos días, algunos carteles desaparecieron. Eran los que estaban situados en la zona que Pulpí considera en disputa. «No entendemos la polémica. Esa playa ha sido siempre compartida, de los dos términos municipales. Hasta tal punto que Los Cocedores está vigilada por los socorristas de La Higuerica [la cala situada al norte, aguileña, sobre la que no habría disputa]. Hasta tal punto es de los dos municipios y se comparte sin que haya ninguna disensión», indicaron a este periódico fuentes del Ayuntamiento de Águilas, el otro bando de esta contienda cíclica. Los contenedores de basura, sin embargo, son del consorcio del Levante almeriense.

En todo esto, Andrés es uno de los más asombrados. «No entiendo nada de esta polémica», advierte. Es el propietario de un centro de interpretación situado en la cala y en el que se sirven refrigerios. «Yo tengo licencia por la Demarcación de Costas de la Región de Murcia. Y obtuve el permiso después de muchos meses yendo al Ayuntamiento de Pulpí. El propio Ayuntamiento fue el que me dijo que ahí no podían hacer nada y que tenía que irme a Costas de Murcia», remarca. Desde su atalaya, la vista sobre Cala Cerrada es absolutamente privilegiada. «Esto ha sido siempre de mi familia. De hecho, se le llama Cocedores porque mi abuelo delimitó las piscinas en las que cocía el esparto con agua de mar. Su nombre real es Cala Cerrada». En algunos mapas históricos se le llama también Cala Reona (contracción de Cala Redonda por su forma casi circular). «Es una pena que estemos así, porque lo que hay que hacer es comarca. El que viene a Terreros o a Águilas a veranear no entiende de límites. Entiende que todo esto es una comarca, una tierra de frontera con unos paisajes bellísimos».

La extrema aridez del paraje, absolutamente salvaje, es precisamente lo que ha llevado a que tanto la marca turística Costa de Almería como la de Costa Cálida incluyan la playa como reclamo. Es más, en la mayor parte de las fotos que utiliza el Servicio Provincial de Turismo de Almería, el foco se pone sobre el punto en el que la Punta Parda -el macizo norte- cae sobre el mar. A día de hoy, oficialmente, eso es aún Murcia. «Hay que entender que esto es tierra de frontera histórica y eso es una de las herencias más bonitas de la comarca. Que es una y a la vez está partida por líneas que han ido fluctuando con el paso del tiempo», rememora Andrés.

Y ciertamente es uno de sus atractivos. No es nada raro ver cómo algún turista nada a banda y banda de la cala haciendo la broma de «ahora estoy en Murcia, ahora en Andalucía». Mientras tanto, los pulpileños se entremezclan en la arena con los aguileños. Y ni siquiera el acento es identificable. Todos abren las vocales. Todos recogen su «sombrillica» antes de abandonar Cala Cerrada y, ya en la rotonda -la nueva, la que hizo la Junta en suelo andaluz- girar hacia Terreros o hacia Águilas.

 

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