Se cumplen cinco siglos del seísmo que destruyó la antigua Vera

Recreación de una escena en la antigua ciudad de Vera./IDEAL
Recreación de una escena en la antigua ciudad de Vera. / IDEAL

El 9 de noviembre de 1518, un trágico terremoto asoló el Levante almeriense, siendo esta localidad la más dañada, con más de 150 fallecidos

VÍCTOR HERNÁNDEZ BRU ALMERÍA.

Que Almería está ubicada en una zona de importante riesgo de terremotos no es ningún secreto. Varios han sido los seísmos importantes que han asolado esta tierra a lo largo de los siglos y diversos los momentos en que esa actividad ha sido más acusada.

El siglo XVI fue, sin duda, uno de los de mayores movimientos y peores repercusiones de los mismos para la provincia, sobre todo con dos seísmos que asolaron la geografía provincial y prácticamente supusieron un antes y un después para Almería.

El primero de ellos fue en el año 1518, del que justo ahora se han cumplido 500 años. En concreto, fue en la noche del 9 de noviembre, cuando se aproximaban las once, cuando la tierra tembló de manera espectacular, con efectos sobre todo en la zona del Levante.

Otros municipios también fueron severamente afectados, sobre todo Mojácar, con 20 muertos

En concreto, las poblaciones de Mojácar y sobre todo Vera quedaron destruidas en muy alto porcentaje, aunque no fueron los únicos municipios que fueron afectados por el temblor, puesto que otros muchos del Levante sufrieron daños importantes y la práctica totalidad notó los temblores.

En algunos de ellos, dichas secuelas fueron menos conocidas por tratarse de núcleos de población morisca, lo cual hizo que las autoridades de la época, cristianas, no dejaran gran constancia de lo sucedido en ellos.

Municipios como Cuevas del Almanzora, Antas, Bédar, Zurgena, Turre, Cabrera, Teresa o Sorbas están entre los de este último caso, sin duda severamente afectados, pero con menos testimonio sobre lo sucedido en ellos.

Mucha más constancia quedó de las consecuencias que tuvieron para Vera, con unos 150 fallecidos y un destrozo generalizado de la fisionomía de la ciudad.

Urbanísticamente, el terremoto destrozó completamente la ciudad de Vera, ubicada en el cerro del Espíritu Santo, de tal manera que las autoridades desistieron siquiera de reconstruir dicha urbe, levantándose posteriormente otra en paralelo para albergar a los supervivientes y futuras generaciones, en el espacio que ocupa este municipio actualmente.

No hay duda de que la localidad veratense fue la más dañada por esta catástrofe natural, aunque Mojácar también resultó muy afectada en cuanto a su estructura urbana, aunque los fallecidos no pasaron de los veinte y los daños materiales no fueron tan definitivos como en el caso de sus vecinos de Vera.

Reacción unánime

Las reacciones no se hicieron esperar. Todas las autoridades de la época se pusieron manos a la obra para ayudar a las familias afectadas a organizar el día después de la tragedia.

De hecho, las diferentes autoridades, como el que posteriormente sería emperador Carlos I, así como el mismísimo Papa León X; el capitán general del Reino de Granada, Luis Hurtado de Mendoza; y el corregidor de Vera y Guadix, Francisco de Castilla pusieron manos a la obra y se implicaron a la hora de que sus instituciones trabajaran en atender a los damnificados.

No había duda de que todos debían colaborar en socorrer tanto a los supervivientes como también a las familias de los fallecidos, en muchos casos absolutamente destrozadas al haber sucumbido sus encargados de procurar el sustento.

Otras consecuencias del terremoto fueron históricas y también demográficas. Por ejemplo, en pleno momento de repoblación cristiana de los pueblos de la zona, empezaron a multiplicarse los ataques berberiscos, aprovechando que el terremoto había destruido las fortalezas construidas para defenderse de todos ellos.

Preámbulo del de 1522

No fue el único terremoto devastador del siglo XVI, puesto que nada más que cuatro años después, el 22 septiembre de 1522, se sufrió el que también dejaría prácticamente destrozada la ciudad de Almería. Fue, sin duda, un lustro fatídico de terremotos en la provincia.

 

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