Darrícal, la despoblación acabó convirtiéndola en una pedanía

Darrícal, la despoblación acabó convirtiéndola en una pedanía

Desde 1997 pertenece a Alcolea debido a la emigración de muchos de sus vecinos hasta municipios catalanes y del Poniente almeriense

J. L. PASCUAL

Darrícal fue un municipio independiente hasta que en el año 1997 paso a ser una pedanía perteneciente a Alcolea. Como otros muchos de la provincia de Almería, fue sacudido en diferentes periodos del siglo pasado por la emigración y el despoblamiento, lo que redujo su población a unas 20 personas en el ciclo invernal, una cantidad que, eso sí, se multiplica por 10 durante el verano. Su ubicación, no obstante, es privilegiada y ha marcado su historia y desarrollo, en plenas Alpujarras Almerienses, con Sierra Nevada, a sus pies y en un enclave cercano a municipios de mayor dimensión, como Berja y Ugíjar. Su clima mediterráneo ha sido otra de sus señas características.

Por Darrícal discurre el río Grande de Adra, el único que mantiene un caudal en la provincia durante la época estival, justo unos 100 metros después de la unión de sus afluentes río Ugíjar, el principal con un 55 % de aporte de su agua, y el río Alcolea con aportaciones del 45 %. El río dejó, precisamente, una de las imágenes para el recuerdo de todos sus vecinos, cuando en 1973 se alcanzó el caudal máximo conocido de este río y se provocaron graves inundaciones con pérdida de vidas humanas en la desembocadura del mismo, unos 20 kilómetros más abajo. Desde 1981 se consiguieron controlar estas crecidas con la construcción del Pantano de Benínar que posibilitó que el río Grande de Adra no desembocará en el mar.

La escasa población de Darrícal se debe al proceso de emigración que se llevó a cabo en los años 70 y 80. Se pueden distinguir con claridad dos grandes grupos de emigrantes, los que se marcharon hacia diferentes localidades de Cataluña a trabajar en la industria y los que se instalaron en municipios del Poniente en los que la agricultura comenzaba a demandar mucha mano de obra y ofrecía esas posibilidades laborales de las que carecían este tipo de pueblos. El descenso de la población fue progresivo y sólo hicieron falta 50 años para que el número de habitantes quedara reducido en un tercio. La relación, no obstante, entre los emigrantes y la población que se quedó en el municipio es estrecho y es por ello que en la época estival la pedanía muestra una cara muy diferente, con muchos antiguos vecinos que hacen las maletas para volver al que fue su municipio y también con nuevas generaciones que no han nacido en Darrícal, pero que quieren conocer sus raíces. En este sentido, el gran punto de encuentro son sus fiestas patronales que se celebran siempre el segundo fin de semana de agosto y que se unen con la fiesta del socio se celebra el tercer fin de semana del mismo mes. Es el momento de que vecinos y visitantes rememoren las tradiciones y también la cultura gastronómica, ya que son habituales las degustaciones gastronómicas.

También se viven con intensidad las procesiones en honor al Santo Ángel Custodio, San Isidro y la Virgen María destacan sobremanera. La costumbre dicta que el sábado de fiestas salen en procesión el Santo Ángel Custodio en hombros de los hombres, y la Virgen María en hombros de las mujeres. Las cuestas muy pronunciadas de las calles no evitan que se lleve en volandas a ambos tronos. El domingo de fiesta los pasos que salen son el de San Isidro Labrador y el de La Virgen María. Durante las procesiones, destaca el momento cumbre cuando desde el mirador de la era se elevan los tronos y desde el río se lanzan centenares de cohetes a los acordes del Himno Nacional de España, una tradición que se ha ido manteniendo imperturbable con el paso de los años. Dicho espectáculo, dice la gente del lugar, solo es comparable con el de las fiestas patronales de la vecina localidad granadina de Ugíjar, en la Alpujarra de Granada.

Darrícal conserva como principal elemento histórico una iglesia del siglo XVI, en la que destaca el alfarje de la sacristía y su magnífica torre, separada del templo para servir de refugio a los vecinos. A punto de ceder en toda su estructura por el abandono que sufrió desde la despoblación del pueblo en la década de los 70 y 80, en 2003 fue totalmente restaurada gracias a las gestiones realizadas por el párroco encargado de la diócesis de Berja, logrando un resultado que fue valorado de forma muy positiva por los vecinos.