El pulmón de la Sierra que aúna naturaleza y rica gastronomía

El pulmón de la Sierra que aúna naturaleza y rica gastronomía

Abrucena, al abrigo de la montaña, ofrece bellos espacios naturales y una variada y riquísima tradición gastronómica

JAVIER NAVARRO

La población de Abrucena, situada en las proximidades de la provincia de Granada, ha sido lugar de diversos asentamientos a lo largo de la historia, según dan cuenta sus restos arqueológicos.

El primero de los asentamientos tuvo lugar en el Neolítico, dado que se han hallado restos de cerámica de esa época en El Castillejo.

En la ocupación romana han quedado restos de vidrios y un aljibe, así como la vía de acceso al Castillejo, que se supone fue una fortificación excavada en la roca.

El pueblo actual queda presidido por su elegante iglesia y destacan sus calles, con casas que deslumbran por su blancura, muy soleadas al mediodía y sombrías al atardecer.

Naturaleza

Abrucena es un pueblo de sierra y, como tal, alberga en sus alrededores preciosos parajes que llaman al paseo y a la excursión para encontrarse con la naturaleza -son frecuentes las rutas de senderismo allí-.

Uno de ellos, el del área recreativa de La Roza es, con toda justicia, uno de los más visitados de la provincia, y, junto al resto de la oferta que nos presenta Abrucena (El Serbal, el Aula de Naturaleza) uno de los más convincentes apoyos para el desarrollo en Almería de ese turismo rural tan lleno de futuro.

Después de largos recorridos por Abrucena, nada mejor que encomendarse a una gastronomía tradicional y muy variada, basada en la dieta mediterránea. Las comidas típicas de la localidad son las migas, la fritá de conejo, la conserva de pimiento y tomate, los gurullos y los dulces como los roscos fritos y los de vino o aguardiente u otros más típicos aún de la zona, como los hornazos (bollos coronados con un huevo). La carne de membrillo, la mistela, tortillas de habas, embutidos como el chorizo, la longaniza, el blanquillo o el salchichón y las conservas, realizadas con los productos de su propia huerta, como la de pimiento y la de tomate, son otras de las exquisiteces que se pueden degustar en Abrucena.

Durante la época de la invasión árabe la localidad de Abrucena registra un período de convivencia de la cultura islámica con los autóctonos cristianos, que comparten la zona, hasta el siglo X en que las revueltas ocasionan la huida de los poblados cristianos. Situación que se agrava durante los reinos de Taifas y Nazarí, en los que Abrucena se encuentra en una línea fronteriza entre Peyyna y Elvira, así como lugar de tránsito entre éstas, ya que la vía árabe que unía Granada con Almería pasaba por ellas.

La reconquista de Abrucena, entre los siglos XV y XVI, se efectuó a la par que se recuperaban zonas de alrededor de Guadix con La Calahorra. Además se reconquistaron Abla, Fiñana y Gérgal, que se encuentran en la misma comarca almeriense y en un perímetro próximo.

Tras la reconquista, en un primer momento, la situación apenas varió, la mayoría de los moriscos siguieron en las mismas tierras, con sus leyes, costumbres, lenguas, organización política y religiosa.

Ocupación

Simultáneamente los cristianos venidos de otras regiones van ocupando tierras. Poco a poco introducirán un nuevo sistema de vida que degenerará en enfrentamientos durante casi 100 años: levantamientos moriscos en toda la Alpujarra de Almería y Granada que se saldaron con la dominación cristiana.

En Abrucena la sofocación de los moriscos fue dirigida por el Marqués de los Vélez, al igual que en varias comarcas de la provincia. Tras la Reconquista aparecen los nuevos pobladores, a partir de 1570, en el nuevo término de Abrucena, entre los de Abla y Fiñana. El 70% de pobladores procedía de Andalucía, seguida de un 23% de La Mancha y el resto de Extremadura y Castilla y León.

Durante el siglo XIX la población sigue su evolución económica, sustentada en la agricultura, lo que propiciará un importante movimiento de emigración. El proceso de asentamiento e incremento de habitantes, le lleva a tener sobre los 1.500.