Una veintena de pueblos, sin oficina del banco en la que actualizar la cartilla

Vista del casco urbano de Alhabia. /
Vista del casco urbano de Alhabia.

Los habitantes de municipios como Suflí, Velefique o Armuña de Almanzora tienen que vivir sin tener a mano una sucursal financiera

M. C.almería

Alhabia, 700 habitantes empadronados, se ha quedado sin sucursal bancaria. La única oficina de un banco que tuvo este pequeño municipio de la Alpujarra Almeriense cerró en el año 2014. Desde entonces, quienes residen allí tienen que manejar sus finanzas después de montarse en coche y conducir unos minutos hasta Terque o Bentarique. Allí tienen la suerte de mantener su pequeña sucursal abierta.

La realidad de Alhabia es la de 22 municipios de la provincia de Almería, pueblos sin banco. Alcóntar, Alcudia de Monteagud, Alicún, Almócita, Alsodux, Armuña de Almanzora, Bacares... Un puñado de municipios en los que, si no tienes coche lo que tienes es un verdadero problema.

La realidad de esta situación no es nueva, es de sobra conocida en pequeñas localidades abocadas a los servicios puntuales de algún asesor financiero externo o del trayecto del bus, una vez al mes, para cobrar la nómina. Pero se ha hecho especialmente dura tras la crisis financiera, en la que muchas entidades han cerrado oficinas por doquier para cuadrar las cuentas finales de la compañía.

Internet suple gran parte de estos problemas (transferencias, pago de recibos) pero aún no imprime papel moneda. Y el uso de la tarjeta de crédito está menos extendido en estas localidades, pequeñas y envejecidas. Esta situación es especialmente dolorosa para este sector de población, los más ancianos del lugar, que no suelen disponer de medios de locomoción, y que deben manejar su pensión como pueden.

La mayor parte de estos municipios llevan más de una década sin presencia física de ninguna entidad financiera en sus calles, por lo que están acostumbrados a ello. Otros tantos almerienses han tenido más suerte y han conseguido que alguna financiera les llevara a su pueblo a un empleado de banca que les preste el servicio. Ocurre, por ejemplo, en Partaloa o en Chercos, donde desde 2010 tienen una sucursal a la que dirigirse.