Continúa el peligro en el río Antas

Continúa el peligro en el río Antas

El cauce discurre cargado de vegetación y en su desembocadura se observa el 'peligro' para las casas que no han respetado su 'terreno'

JENNIFER SIMÓNVERA

La imagen de Vera Playa este verano es de total normalidad. Coches, comercios y terrazas con afluencia de personas, tiendas, urbanizaciones y apartamentos ocupados, toallas en los balcones, aparcamientos llenos de vehículos, ir y venir en la carretera de la costa. Cualquiera diría que hace tan solo dos años, lo único que se veía era barro, coches destrozados, casas y árboles por todas partes hechos añicos, personas asustadas, tristes, abatidas, desesperadas... Cualquiera lo diría si no fuera porque de la primera urbanización pegada al cauce del río Antas, en su desembocadura, cuelgan varios carteles que dicen: 'No más riadas en Vera. Soluciones Río Antas ya', que colgaron tras la concentración organizada el pasado 7 de agosto para reclamar actuaciones que mitiguen el efecto de una nueva gota fría, la asociación Veraplayazul y la Plataforma que surgió tras las riadas de septiembre de 2012, Reconstruyamos Vera Playa.

Y, es que, hoy por hoy, la imagen que ofrece la costa veratense es la de cualquier otro periodo estival de antes de las riadas, sin embargo, no todo podrá volver a la normalidad, por dos motivos principales, porque tras aquel fatídico día hay cuatro personas que ya no están y que desaparecieron a causa de las desgraciadas inundaciones y que dejaron un hueco en los corazones de sus familiares y amigos, y que además no volverán.

El otro motivo por lo que no podrá ser igual es por el miedo. Así lo manifestaron los turistas, vecinos y personas que se reunieron para reclamar soluciones, hablaron del miedo de pensar en que volverá a ocurrir. Nadie descarta que pase, no se ha hecho nada de lo que hay proyectado desde hace muchos años, ni encauzamiento del río, ni plan de laminación para evitar avenidas, ni siquiera, se observa una limpieza periódica del cauce que pudiera ayudar a la evacuación de aguas, en caso de lluvias torrenciales.

Darse un paseo por el curso del río es algo más que curioso, un 'bosque' verde es lo que se puede observar durante casi todo su recorrido por el Levante almeriense. No hay agua, ha sido un año más que seco, pero está cargado de vegetación. A vista de pájaro sorprende la gran cantidad de maleza, incluso, a la altura del puente de Los Coloraos, se observan pivotes de hierro y hormigón de alguna obra inacabada, que consiguen entorpecer aún más el posible paso del agua, junto a todo el matorral que llega ya a la altura del puente. Un agua, que seguro el día que llegue no lo hará con calma y sosiego, lo hará como lo hizo en el 73 y en el 89, y en el 2014. El puente más pegado a la desembocadura del río Antas también tiene una situación similar, el que une Puerto Rey y Pueblo Laguna, y que el 28 de septiembre también sucumbió dejando la costa de Vera partida en dos, como sucedió entre Antas y Cuevas, entre Vera y Garrucha, entre los propios vecinos de la pedanía cuevana de Los Lobos, que así siguen, por cierto.

Y miedo, todavía se huele el miedo. Más cuando, además de ver cómo está el río, se analiza a través de las imágenes, desde suelo y desde el aire, y se leen algunos estudios de profesionales, dónde están metidas las viviendas. Un caminillo de apenas cuatro metros, que se podría considerar que está fuera del cauce, aunque, seguramente también pertenezca al mismo, es lo que separa el río de las primeras casas. Y en los estudios, los análisis, las líneas marcadas por el tiempo y los sucesos, dejan ver que el río, cada cierto tiempo, coge 'sus escrituras' y recupera 'su terreno', como suelen decir por la zona. Y su terreno, 'invadido' por la especulación y la avaricia de unos cuantos que, seguramente, haga tiempo que ya no están ni figuran en ninguna parte, es mucho más de lo que quiso marcar el hombre. Por ello, el peligro está siempre también pegado a ese lugar, y el miedo, de quienes solo pretenden disfrutar de un paraíso que pudo haberse hecho mejor, pero que ahora, cada cierto tiempo, puede ser el mismo infierno.